EL REY DE LOS CERDOS


LUIS XI Y SUS AFICIONES MUSICALES

Luis XI (1423-1483) rey de Francia apodado "El Prudente", aunque en verdad no creo que ese sea el sobrenombre que mejor le cuadre, tenía unas aficiones un tanto peculiares. El rey francés era feo con avaricia, si no que se lo digan a su joven esposa que con 8 años al ver con quien la habían prometido se echo a llorar, y creo que ya no paró, pero es que además era tacaño, y supersticioso. Si no cobrabas una deuda o una recompensa por él prometida en el momento, te podías ir despidiendo de recibirla, salvo que fueras un adivino, astrólogo o algo parecido y le vaticinaras malas nuevas sin fin si no te pagaba. 

Pero del rey Luis, hoy nos interesa otro aspecto, sus aficiones musicales. Como era habitual en la época , el rey y los cortesanos, que se debían de aburrir mucho, organizaban sesiones musicales donde maestros del canto y la música se reunían y tocaban diversas piezas para el deleite de los congregados en los regios salones. Para el organizador de los saraos reales debía de ser todo un problema preparar una velada que superara a la anterior por su originalidad o diversión, jugar al escondite entre las faldas de las damas, planificar cacerías, o preparar una operación de cálculos renales en vivo con un condenado para diversión  del rey, ya estaba muy visto, de manera que el chambelán ideó una nueva diversión: un concierto porcino.

Se llenó el salón con una piara de cerdos a los que previamente se les había vestido con ropas de mujer. Los cortesanos encantados comenzaron a aplaudir. Luego el director del improvisado coro armado con punzones se dedicó a ir pinchando a los gorrinos en sus sonrosados traseros, el coro de chillidos, gruñidos y berridos le pareció al público asistente música celestial y aplaudieron la ocurrencia. No me puedo ni imaginar como quedó el salón luego de la insigne actuación, ni como se las apañaron para mantener los vestiditos en su sitio,  para que estuvieran quietos o emitieran el sonido deseado por el director. Pero la gracia no acabó ahí.

El rey  Luis XI encantado con los gorrinos retó al abad Baigne, su músico predilecto, a que sacara algo de armonía de semejante coro porcino. El músico aceptó a  cambio de una suculenta cantidad de dinero y un adelanto para gastos que se apresuró a cobrar (conocía la morosidad del monarca). Le pidió dirigir él mismo el concierto y que le dieran un plazo de un mes.

Baigne compró 32 cerdos, separó 8 marranas para las voces de tenor, 8 jabalís paras voces bajas, 8 cerdos para contraaltos, y 8 cerdos jabatos a los que capó para hacer de sopranos. Con semejante coro se dispuso a organizar el evento. Para acabar de rematar la jugada mandó construir un órgano con tres teclados que se conectaban a las jaulas donde estaban inmovilizados los gorrinos, y que al presionar las teclas recibían un pinchazo que les ponía a cantar "ipso facto". Ensayó unos cuantas veces, y finalmente organizó el concierto al aire libre.

Se instaló una tribuna, una carpa donde se ocultaron las jaulas, y se planificó todo adecuadamente. Luis XI y sus amigotes asistieron a la llegada del abad que se sentó a tocar un enorme órgano. Cuando tocaba una tecla, el puerco pinchado cantaba su nota, al tocar dos, o varias, se le incorporaban los respectivos, y si presionaba todas, el conjunto polifónico era espectacular. El abad tocó hasta tres piezas diferentes, y tanto fue el éxito que tuvo que repetirlas. Al acabar por supuesto el rey comprobó que no hubiera truco y mando abrir los toldos para ver a los aplicados cantantes.

La respuesta del Baigne que sólo era abad de nombre fue antológica: "Alteza, en 24 días he enseñado a cerdos a decir AB, pero en 34 años no se lo he enseñado a reyes". El rey entendió que le pedía el nombramiento real de abad con sus prebendas, y se lo concedió, divertido por la osadía del músico. 

Luis XI debía de sentirse muy identificado con los improvisados cantantes puesto que el mismo no se había bañado en su vida más que una sola vez, y eso había ocurrido por prescripción de su médico. Nadie cuenta cuál fue la carrera musical  posterior del conjunto porcino o si acabaron como embutidos. Tampoco que yo sepa se ha vuelto a oír el concierto para marrano y órgano, ni siquiera en los 40 principales. Y lo que es más importante quién se encargó de limpiar el desaguisado, aunque claro con semejante rey cuyo sentido auditivo no debía de ser muy bueno, el olfativo tampoco le debía funcionar correctamente y dejara las cosas tal cual; al fin y al cabo sus cortesanos ya debían de estar acostumbrados al olor a cerdo...real.

Mis últimas investigaciones históricas muestran, como se puede apreciar en la foto de arriba, como dos de los cerdos supervivientes decidieron montar un dúo, aunque no sabemos si alguno de ellos era o tenía que ver con el monarca, si sabemos que no triunfaron pues la historia no dejó constancia de ello.


    

No hay comentarios:

Publicar un comentario