UN EMPERADOR CONTRA EL DESTINO



CARACALLA, EL EMPERADOR MALENCARADO

Lucio Séptimo Basiano fue el nombre de nacimiento de este auténtico impresentable que nació allá por el 188. Hijo del emperador Septímio Severo subió al trono imperial a su muerte con el título de Marco Aurelio Severo Antonino Augusto, nombres que se puso como declaración de intenciones, todos eran emperadores de buena fama, pero nada más lejos de lo que vendría con su reinado. De cualquier forma hoy se le conoce por su apodo "Caracalla", nombre de un tipo de capa con capucha de uso frecuente en la Galia, osea que el mozo sería llamado-imagino que no a la cara- "el caperuzas", "el capitas","Caperucito" o algo así.

De niño era un santito, uno de esos niños monos, y buenecitos, que se enternecía con las desgracias ajenas, y pedía clemencia para los condenados a su papaíto con lagrimas en los ojos. Pero cuando el padre murió y tuvo que compartir el Imperio con su hermano Geta, la cosa cambió. Geta a pesar de su nombre no era mal tipo, era el menor de los hermanos, y Caracalla no parecía tener muchas ganas de compartir nada con él. Nada nuevo bajo el sol, los líos por la herencia entre hermanos como veis no son cosa sólo de hoy en día. El caso es que las discusiones y amenazas entre hermanos iban creciendo, y si bien inicialmente iban a repartirse el Imperio (febrero del 211), luego decidieron que mejor uno que dos (diciembre del mismo año), y en una confusa pelea en palacio, con gritos amenazas, y puñales, Geta se refugia en la habitación de su madre, y allí en sus brazos es asesinado, bien por sicarios, bien por el propio Caracalla (hay quien cuenta que salió gritando lleno de la sangre de su hermano diciendo que había sido el otro quien lo había querido matar) .

La carrera del nuevo emperador en solitario no podía empezar peor, pues acto seguido comenzó una limpieza de partidarios y amigos de su hermano, por si a alguno se le ocurría rechistar. ¿A quién creéis que eliminó primero? Pues al que le recomendó cargarse a su hermano. Como era todo un bromista cuando le quisieron otorgar los títulos propios de un conquistador después de varias campañas: Germánico(vencedor de los germanos), Pártico (eliminador de los Partos), les dijo: "Añadid el de "Gético Máximo"¡Simpático el muchacho! 

Mandó asesinar a los que abuchearon en el circo a un auriga favorito de él, y como no podían distinguirlos, a todo el que pillaron antes de que se dieran a la fuga. En el 215 hizo una visitita a Alejandría, ordenó que todos los jóvenes de la ciudad se reunieran en un espacio abierto para decirles unas palabras, luego los masacró. Quien fue pillado orinando en sus estatuas o quitándoles las coronas de flores fueron condenados a muerte. Era peligroso tomarse una copita de más, la juerga nocturna te podía costar cara ( remedio de santo para el botellón).

Pero veamos su final que es de lo más curioso. Sospechando que algunos descontentos estuvieran conspirando contra él, le encargó a uno de sus hombres de confianza que consultara a un adivino para que le dijera cuál era su destino. La contestación le auguraba que su prefecto del pretorio Macrino conspiraba contra él, y se iba a hacer con el Imperio. El vaticinio le llegó al emperador por carta, pero como iba a participar en una carrera de carros y le pillaron ya montado, le dejo las cartas a alguien para que las leyera y seleccionara las importantes, y quien fue el encargado de revisar las cartas: ¡Macrino!

Es fácil imaginar la cara del prefecto. Por supuesto la carta no llegó al emperador. Macrino se buscó un aliado entre los hombres de la guardia imperial. Convenció a un centurión, ya de por sí rebotado y candidato a la eliminación.Cuando Caracalla estaba en Mesopotamia, en Carras decidió hacer una excursión en litera hasta un templo en las afueras de la ciudad. A medio camino le dio un apretón de vientre, y mandó parar la marcha, acompañado de un sirviente que le ayudara (no sabemos si con la ropa o a limpiar su imperial trasero)  se retiró entre los arboles. A una señal de Macrino, el centurión fingió acudir a una llamada del "cagón", y pillándole con los pantalones bajados le asestó una puñalada que le cortó en seco la deposición y la vida. ( ¡Otro más! Si es que no escarmientan. Véase Con los pantalones bajados: La muerte de Sancho II).  Luego montó a caballo y emprendió la huida, pero Macrino no quería cabos sueltos y envió en su persecución a soldados que lógicamente le dieron muerte. Mientras el prefecto lloraba desconsolado sobre el cadaver "enfangado" del difunto emperador. A estas alturas no quedará nadie que no haya supuesto quien iba a heredar el trono imperial.

Macrino sucedió a Caracalla, y el vaticinio por una vez se cumplió. El adivino que suponemos pagado para perder al prefecto, precipitó el final que el mismo había pronosticado. El emperador que intentó luchar contra el destino, acabó forzando sin querer lo mismo que intentaba evitar.     

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