EL PRIMER INGLES


EL HOMBRE DE PILTDOWN

En 1912 en el pueblo inglés de Pîltdown un obrero encontró trozos de un cráneo, y fósiles de animales, por si acaso se las envió a Charles Dawson, arqueólogo aficionado, y se comenzó su estudio. La cosa no hubiera pasado a más si no mediara el orgullo patrio británico, y un cierto sentido del humor más bien desafortunado.

Entonces Dawson y su amiguete Teilhard de Chardin,  jesuita y paleontólogo, deciden gastarle una bromita al paleontólogo oficial del British  Museum, Smith Woodward. Dawson dice haber encontrado mas restos, una mandíbula con dos molares, y le entrega los restos de Piltdown previamente manipulados para que se coma un poco la cabeza, y echarse unas risitas a su costa. Hasta aquí bien, una broma entre amiguetes, y ya está, pero entonces la cosa se desmadró.

Ese mismo año Woodward y Dawson presentan los restos en la Sociedad Geológica de Londres. Y se aceptan como válidos basándose poco más que en la palabra de los caballeros británicos ¡Of Course! 
   
Y es que en 1924 Raymond Dart  encontró en Sudafrica en un lugar llamado Taung un pequeño cráneo. Primero pensó que era el fósil de un simio parecido al hombre, un eslabón perdido, y le llamó Australopithecus africanus. ¡Y hasta ahí podíamos llegar! Que en Europa se hubieran encontrado diversos fósiles de homínidos vale, pero que un colonial y además en África osará afirmar haber encontrado el fósil de un ancestro, era ya el colmo, sobre todo porque en Inglaterra no había ni un cochino fósil con un mínimo de interés. ¿Cómo iba a osar el ser humano haber aparecido antes que en la digna Gran Bretaña? ¿Cómo alguien osaba afirmar que el centro del Imperio Británico (¡Dios salve a Su Majestad!) había sido ignorado por australopitecus, neandertales, y toda la peña prehistórica? ¡Impossible!(¡Imposibol! para los que no sabemos idiomas) Para más recochineo el llamado niño de Taung era muy similar al hombre en sus dientes y mandíbula, aunque el cráneo era más simiesco.

Woodward hincha pecho,  se acuerda de los restos de Piltdown, y...¡zas! la lía. Se presentan los restos de Piltdown como "El primer inglés". Dawson que durante años se había beneficiado de la fama de su descubrimiento ha muerto en 1916, y no está para decirle al  otro que se calle, y el jesuita o no lo  sabe o se hace el sueco (aunque era francés).

La comunidad científica inglesa se cachondea vilmente de Dart, acusándole de intentar presentar a un mono como el eslabón perdido, y comparan éste con el mejor desarrollado cráneo del perfecto caballero británico prehistórico. A Dart se le toma poco menos que por un imbécil cuando no por un impostor, y los "britis" tan contentos. Woodward llega a escribir sobre los restos encontrados por Dart diciendo que no tienen nada que ver con la evolución humana.

En 1953 se deciden a examinar al "Primer inglés", y... ¡Oh, my God!, los resultados fueron catastróficos: El cráneo no era antiguo, la mandíbula era de un orangután, los huesos habían sido coloreados, y los dientes limados para que parecieran humanos. ¡Dammit! ( sustituir por ¡Maldición! o algún reniego peor en castizo )¿Dónde ha quedado el orgullo británico?  ¡El primer británico, un orangután! No Problem. Nos reímos un rato, entonamos el "yonoesio" ( Teilhard defendió su inocencia y la de su amigo), y por suscripción popular levantamos un monumento en el lugar del falso hallazgo (sí, parece ser que también habían hecho un falso enterramiento de los restos para que fueran encontrados).

Hasta 12 años después del descubrimiento de Niño de Taung no se reivindicó su autenticidad, pero la carrera del investigador de origen australiano Richard Dart se había visto arruinada. Por el otro lado, nunca se demostró la implicación en el fraude de Dawson o de Teilhard, y ambos gozaron en vida de una inmejorable fama. 
  

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