LA PRINCESA VASCA

AMAYA

Título Original: Amaya

Año: 1952

Duración: 110 min.

País: España

Dirección: Luis Marquina

Reparto: Julio Peña, Susana Canales, José Bódalo, Rafael Luis Calvo, Félix Dafauce, Ramón Elías, Armando Moreno, Manolo Morán, Pedro Porcel.

Marco Temporal: 711-712

Marco Espacial: España


Son los meses previos a la invasión musulmana de la Península Ibérica, es el año 711, y vascos y godos se encuentran en una situación de preguerra a punto de enfrentarse entre sí en las montañas vascas. Radimiro, el líder godo local, discute con su hija Amaya la necesidad de prepararse para la amenaza árabe, cuando un mensajero les comunica la derrota de Don Rodrigo en Guadalete. También se pone en conocimiento de Ranimiro la intención del rey de casar a Amaya con Pelayo, que acaba de convertirse en el líder de los resistentes a la invasión musulmana. Pero Amaya no es quien parece ser, y su verdadero origen la relaciona con el patriarca mítico de todos los vascos, Aitor.

El film de Marquina recrea los primeros momentos de lo que venimos denominando "La Reconquista". Basada en una novela de Navarro Villoslada, "Amaya o los vascos del siglo VIII", que dio lugar también a una ópera, la película se enmarca en lo que se llamó el cine de "fazañas", un cine al servicio del Estado, destinado a engrandecer los mitos, héroes y valores nacionales. Al igual que en la Alemania nazi, o la Italia fascista, el cine franquista busca en las películas un vehículo para difundir aspectos de su ideología. "Amaya" no se escapa de esto, pero no por ello deja de ser una película digna de contemplar, y analizar pues son muchas las lecturas que nos ofrece.

En primer lugar la temática de los comienzos de la formación de los reinos cristianos en España, en este caso Asturias y Navarra, no han sido tratados en el cine español con la atención que se merecen. Que nuestros escolares aprendan que Pelayo no es un jugador de fútbol, o que Don Rodrigo no es el nombre de una discoteca de moda, debería ser sino una prioridad al menos un objetivo de la enseñanza de la Historia, y para ello el cine es un auxiliar cada vez más imprescindible. Desgraciadamente "Amaya" a pesar de los tintes hollywodienses que se le intentó dar, rezuma discursos trasnochados, decorados de cartón-piedra, y unas interpretaciones, sobre todo las femeninas dignas de un redoblaje inmediato. Si España fuera los U.S.A. y Almería, Hollywood, ya hubiéramos tenido un reboot, remake, o re-leches del film con una actualización, magníficos efectos, y espectaculares interpretaciones y decorados; pero como no es así, a conformarse con ver el original ubicándolo adecuadamente en la época en que fue concebido.

En segundo lugar para los estudiosos del cine franquista y de la propaganda ideológica de las películas en los años posteriores a la guerra civil, "Amaya" presenta algunos elementos que la hacen digna de un visionado más allá de la superficie narrativa. Sin explayarme mucho, recomiendo cualquiera de los estudios que sobre el caso circulan por los diversos medios como el de Alberto Prieto, "El fascismo en el cine: Amaya",  o el de Luis Mariano González, "Fascismo, kitsch y cine histórico español (1939-1953)".

Mientras críticos como Méndez Leite defienden la fotografía, el guión, los actores, y en general  la calidad del film, otros como López Echevarría afirmaban sentir "vergüenza ajena". Yo me quedaría con la idea del también crítico Joan Lorente de que pudo ser un "Excalibur" a la española si se hubiera usado más el sustrato mágico mitológico de la historia. Yo más bien afirmaría, que prescindiendo de los discursos aleccionadores y algunas interpretaciones exageradas, y entendiendo en qué época fue filmada y con qué intención, "Amaya", es un film más que digno, de obligatorio visionado por los amantes del cine histórico, y de merecida revisión por nuestros faltos de ideas cineastas patrios, demasiado acomodados a la subvención estatal o a los engendros televisivos de consumo masivo al más puro estilo "fast food" o lo que es lo mismo "sitcom" americana. (¡Señores ante una buena tortilla que se quiten las burguer!¡Queremos ver una producción épica pero con nuestra propia Historia!).

Claro que pedir una producción épica española es tanto como ser tachado de fascista por los mismos que sin embargo acuden como borregos a llenar las salas de cine para ver los films americanos de igual contenido y discursos parecidos. Los mismos críticos que aplauden las excelencias del cine épico americano no dudarían en crucificar al cineasta que osará hacer lo propio en España. A ver si perdemos el complejo, y de una vez nos atrevemos a glorificar lo nuestro, pues el éxito de películas como "Braveheart", por poner un ejemplo, demuestran que se puede hacer un cine histórico épico digno. Y porque no, el remake de "Amaya" no sería mal comienzo, aunque se resienta "la alianza de civilizaciones".       

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