EL FANTÁSTICO VIAJERO

                                             LOS VIAJES DE JEAN DE MANDEVILLE


Cuando Marco Polo publico sus viajes por Oriente, el libro se convirtió en un auténtico "best seller" de la época. "El libro de las Maravillas" del veneciano mezclaba sus viajes reales por el Lejano Oriente con algunas apreciaciones, digamos que algo fantasiosas. Había que enriquecer la narración con hechos insólitos y espectaculares para captar la ávida atención del lector dispuesto a creerse lo que fuera. ¡Y funcionó!

Era inevitable que espabilados y espabiladillos, como siempre, quisieran también beneficiarse de la inventiva e iniciativa de otros. Pero entre éstos destacó, sin duda, Jean de Mandeville. Pero ¿Quién era este buen señor?  Pues ni más ni menos que un "gentleman" inglés que en 1322 se marchó de viaje hacia a Egipto donde comenzó un largo periplo al servicio del sultán que le condujo a Palestina, la India, varios lugares de Asia, y finalmente siguiendo los pasos de Polo hasta China donde se puso al servicio del "jan". Treinta años después regresó tranquilamente a Europa, y se decidió a contarnos sus viajes en su libro llamado también "El libro de las maravillas" (¡Original el muchacho!) El libro por supuesto se convirtió en un superventas del siglo XIV.  

En primer lugar hay que decir que el viajero medieval sazonaba sus relatos con exageraciones fantásticas, y Mandeville no iba a ser una excepción. Aún no ha comenzado apenas su viaje cuando el caballero se encuentra en Turquía con una señora que tiene a bien convertirse en dragón de dos a tres veces al año, y que si le das un beso se le pasa el encantamiento (¡Cualquiera se atreve con la moza!) Eso sí él no la ha visto que se lo han contado.( ¿Será la de Juego de Tronos?)

En Chipre el curioso viajero cuenta una absurda historia sobre una cabeza voladora que sale de una tumba, que mejor dejamos correr, y lo seguimos hasta Egipto, a sus altas montañas donde vive...¡un cabrón! Ya, ya, como si eso fuera una novedad. No, no ¡qué éste es de verdad! "Tiene cuernos grandes y tajantes en la frente" (algunos también pero no lo saben)" Tenía el cuerpo hasta la cintura como hombre y de alli a baxo cuerpo como de cabra". Siguiendo en Egipto nos describe su particular fauna, el Fenix ave que renace de sus cenizas, aunque no afirma haberla visto en persona ( suponemos que estaría con el cabrón). 

Ya en Cilicia hay unas serpientes que hacen la prueba del ADN ¡Qué modernas! Que el niño es legítimo se marchan tranquilamente; que es un bastardo...mordisco que te crió. Prosigue su viaje por Tierra Santa donde tras relatarnos milagros varios, y encuentros con damas encantadas y demás, se dirige alegremente a Oriente.

En la India ya llegado al rio Indo poblado de anguilas de 30 pies de largo y aún más, afirma que los habitantes de sus orillas son todos de color...¡verde y amarillos! ¿Eh? Pero ¿con qué clase de indios se ha encontrado este tío? ¿No estará hablando de los indios americanos con sus pinturas de guerra? Continua su periplo y llega a beber de una milagrosa fuente cuyas aguas cambian de color, olor, sabor cada hora, y lo curan todo: "y yo he bevido tres o quatro vezes de aquella agua y paresceme que yo valgo más por aquella ahora" afirma todo convencido nuestro viajero (Hoy hay sitios así, pero es por la contaminación y no hay valiente que beba de esas aguas. Vaya usted a saber las guarradas que le hacían a la dichosa agua). Sin abandonar la zona nos dice que hay una isla donde los peces van una vez al año a la orilla a hacerle reverencias al rey.

El colmo llega cuando el viajero nos habla de Bacemeran, una isla en la mar Oceana, donde todos sus habitantes tienen cabeza de perro, son los "canefales", son razonables y de buen entendimiento, pero si te pillan prisionero te comen.¡ Menos mal que son razonables!

En las islas cercanas a la India Mandeville se sigue encontrando con gente de lo más peculiar. En una isla están los que no tienen cabeza, pero si dos ojos en la espalda y la cara en el pecho con una boca en forma de herradura, y según él son pequeños y malvados (Con esa pinta, como para estar cabreado todo el día). En otra vecina a la anterior tienen cabeza, pero la cara es lisa sin boca ni nariz, y en lugar de la boca dos agujeritos muy pequeños y comen con pajita. No muy lejos, como no en otra isla, viven unos con los labios tan grandes que cuando duermen al sol se tapan la cara con ellos (¡Qué vayan esos a besar a la mujer dragón!) Y sigue, y sigue con su listado de gente sin boca, con cuernos y pezuñas, peludos como osos, con cuatro ojos en la frente, mujeres calvas pero con barba, cíclopes, hombres corredores con los pies del revés, hasta llegar a una donde...hay hombres y mujeres pegados en uno y no tienen mas que una teta y tienen miembros de hombre y mujer cada uno de ellos y usan de aquel que quieren, e incluso de autopreñan y paren...¡Eso es autosuficiencia!    


Los comentarios y extraños países con su gentes y riquezas son impagables, pero cuando el viajero nos llega al corazón es cuando afirma lleno de razón: "Quiero hos dezir un poco de lo que yo he visto.Ysi me lo quieren creer bien, y, si no, no dexare de dezir lo que vi, pues soy cierto que los que han estado allá y estarán, creerán más de lo que digo. Y también sé que cualquier discreto no terná por impossible lo que digo, y assí prosiguiré mi intento". Es decir que no se corta un pelo, y si no lo creemos le importa poco y es que somos unos retrasados.¡Con dos narices! Eso para luego seguir hablando de centauros devoradores de hombres, grifos etc.

Pero ¿qué agencia de viajes le organizó el tour a este caballero inglés?  La respuesta es: ¡Ninguna! El escritor no viajó nunca, se limitó a recopilar y copiar otros libros sentadito en el cómodo sofá de su casa. Para colmo este caballero inglés...¡alto ahí! Es que tampoco era inglés sino francés, y seguramente de caballero más bien poco. Jean de Bourgogne o d´Outremeouse (¡Es que ni su nombre real se sabe!) cometió uno de los mayores fraudes literarios de la historia. 





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