LA REINA FEA

BARBARA DE BRAGANZA

La Princesa
Felipe V es rey de España, pero desde la muerte de su primera mujer se ha ido poco a poco sumiendo en la depresión y la locura. Su segunda mujer Isabel de Farnesio es la gobernanta de hecho. Cuando en 1724 abdica en favor de su hijo Luis I, nadie sospechaba que tendría que volver al trono ocho meses después por la muerte del joven rey. Y aquí es donde entra en escena el primero de los personajes de nuestra historia, el príncipe Fernando.
El Príncipe

Fernando, hijo de la primera mujer del rey María Luisa, no era ni de lejos el heredero de la corona, puesto que era el cuarto y último hijo de Felipe y su primera mujer. Pero, sorpresas de la vida, en 1724 sus tres hermanos mayores han muerto, y su padre está en el retiro, tiene once años, y está a punto de convertirse en rey; claro está, si no fuera como en los cuentos por su madrastra. La reina Isabel no está dispuesta a que un hijo de la anterior se imponga por delante de los suyos. Hace volver al trono al cada vez más lelo Felipe, con la oposición de su confesor, del Reino, consejeros, Iglesia, y cualquiera con dos dedos de frente. Suponemos que la reina esperaría que el muchacho muriera o desapareciera discretamente, dejando el sitio a sus hermanastros (¡Vamos que ni la Cenicienta!) .

Y es que el joven príncipe es un auténtico Ceniciento, con cuarto aparte desde los siete años, educado por rígidos preceptores masculinos, con un protocolo que impedía el contacto con los reyes: Ni comía , ni asistía a actos con ellos, se tenía que dirigir a ellos por carta y en francés. Así que amor paterno poco, materno ninguno pues su madre moriría a los cinco meses de nacer él, y el de la madrastra mejor no hablar. En tal tesitura, se plantea lo elemental: "Hay que casar al heredero". 

Aquí es donde entra la auténtica protagonista de este post. La mala de esta historia, la reina Isabel. La madrastra decide casar al muchacho, tiene 15 años, con una princesa de segunda, Bárbara de Braganza. Bárbara es dos años mayor que él, e hija del rey de Portugal que había apoyado al enemigo de Felipe en sus pretensiones al trono durante la Guerra de Sucesión. El matrimonio conviene a Portugal, y poco o nada a España.

Se envía al marqués de los Balbases, hombre de confianza de los reyes, como embajador extraordinario a Portugal con el fin de arreglar las nupcias. Mientras tanto se les ha ido pidiendo a los portugueses que envían retratos de la princesa, a lo que éstos dan largas, y ponen excusas. Imaginad algo como "Es que la niña no ha salido favorecida", "es que los pintores están de huelga" "¿ah, pero es qué no os ha llegado aún? ¡Como está el correo!". Cuando al marqués le entregan el retrato y luego ve el original se queda de una pieza. Digamos que los portugueses han hecho "photoshop", para entendernos que le han dado unos "retoquitos". La niña es un auténtico adefesio, nada que ver con el retrato que veis arriba. 
La Madrastra

El embajador se asusta. Desde Madrid le reclaman el retrato, y teme que cuando se encuentren cara a cara con el original la tomen con él. Al fin envía, faltando poco para celebrarse las bodas,  la pintura, pero adjunta una nota: "No está nada semejante: porque en el retrato además de encubrir las señales de viruela se han favorecido considerablemente los ojos, la nariz y la boca, facciones harto defectuosas." Si es que la aclaratoria tiene narices: Con cicatrices de viruela,  los ojos ni se sabe (¿sería bizca?), advierte sobre la nariz (¿sería de boxeador? o de ¿borrachín con venitas?), y no salva ni la boca (¿le faltarían dientes?); el remate es demoledor "facciones harto defectuosas". ¿Cómo no huyó Fernando a refugiarse a Francia? 

Conclusión: Al pobre Fernando le encasquetan la princesa más fea de Europa. Cuando acuden a la frontera a recoger a la "agraciada", según el embajador inglés: "el príncipe pese a sus prevenciones la miraba no dando credito a lo que veía" (¿Tan horrorosa era?). Sin embargo el triste príncipe encuentra en ella un alma gemela. Educada por Scarlatti es una auténtica melómana, es culta, habla 6 idiomas, y tiene un carácter dulce y agradable. Y sucede lo inesperado, Fernando se enamora totalmente de la fea. Bárbara apoyará siempre a su marido frente a los desplantes y malas jugadas de su madrastra,(prácticamente los mantuvo recluidos hasta la muerte de Felipe V). Compartirán la afición por la música, y le enseñará a amar la literatura. El príncipe había encontrado al fin a alguien que le quiso y a quien querer.

Y aunque nunca tuvieron hijos, no fue porque no le pusieron empeño, pues como dijo el médico de la corte: " En el príncipe había muchos resplandores pero sin llamas para la generación" Bonito eufemismo para decir que tenía erecciones pero no eyaculaba. En cualquier caso, fueron felices tan pronto accedieron al reinado y se deshicieron de la madrastra mala alejándola de la corte, y comieron perdices. Si comparamos a Barbara dedicada a pasear en barca con su marido, mientras escuchaban a Farinelli, con el destino de reinas bellas como Sissi, se hace bueno ese refrán que dice: La suerte de la reina fea, la reina guapa la desea" o algo así.        

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