EL SUFRIDO CAVERNÍCOLA


LA EDAD DE LA RAZÓN


Título Original: L´Age de Raison

Guionista: Matthieu Bonhomme

Dibujante: Matthieu Bonhomme

Año de Publicación: 2002

País: Francia









Hace 30.000 años en un lugar indeterminado un grupo de homínidos, quizás neandertales, compiten con las bestias por la carroña. Uno de ellos, el protagonista, se enfrenta por la comida con el líder del grupo. Como resultado recibe una paliza y es abandonado a las mismas bestias a las que habían disputado el alimento. Pero el troglodita se enfrenta a los buitres y mata a uno. Con su presa se reincorporará al grupo donde no sólo no es bien recibido sino que además de quitarle la pieza recibe una nueva paliza. Las andanzas del sufrido cavernícola acaban de empezar.

Con este hombre de la prehistoria seguimos la evolución de toda la Humanidad, sus pasos hacia lo que hoy somos.  Nuestro troglodita es diferente, por eso es rechazado, pero el rechazo lo hace cambiar, buscando la supervivencia y la integración, es decir evoluciona. De un primer estadio de carroñero, sin demasiado éxito, pasará a cazador solitario, roba presas, se enfrentará a animales más poderosos como los mamuts, y siempre seguirá adelante a pesar de los fracasos y batacazos. La supervivencia es fundamental, pero también lo es la aceptación, la integración en un grupo, encontrar el propio lugar, comunicarse.

Nuestro amigo es un rechazado. Casi podríamos decir que Bonhomme nos relata el primer caso de acoso por matones (lo que ahora se ha dado en llamar "bulling" si es en el cole, y "moving" si es en el trabajo, y que en mi época hacían los cabroncetes de toda la vida). El protagonista, diferenciado de los demás poco más que por una tonalidad diferente de color, es lo que hoy llamaríamos un "pringado", vamos que le dan hasta en el carnet de identidad si lo tuviera, hasta que como es lógico se le hinchan las narices (Impagable la escena final).

Con trazos simples y firmes, con el empleo de pocos colores por viñeta, con un diálogo limitado a escasos sonidos guturales, el historietista nos conduce a través de una búsqueda, de un viaje, y de muchas cosas más que el lector atento puede ir descubriendo. No hay que dejarse engañar por la falta de diálogos, ni por la ausencia casi de color, ni siquiera por la nula individualización de los personajes (prácticamente son todos iguales), la historieta cuenta muchas cosas, pero hay que sumergirse en los detalles, y disfrutar de una lectura que en un primer momento suele ser rápida, así que después de pasar raudo y veloz sobre las viñetas, releer el cómic, seguro que descubriréis nuevos detalles.

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