SER EMPERADOR Y MORIR

MORIR EN ROMA
La muerte de Tiberio.J.P. Laurens. 1864
La imagen que en general se tiene de la Antigua Roma, sobre todo del período imperial, suele ser muy estereotipada, orgías y bacanales sin fin, emperadores rodeados de sumisas esclavas ligeras de ropa y pantagruélicos e interminables banquetes donde todo estaba permitido. Los emperadores romanos se nos aparecen como déspotas acostumbrados a gozar de todos los placeres sin dar cuentas a nadie en una vida cómoda que llevó a su nación al declive y la ruina, es decir como nuestros gobernantes actuales pero vistiendo túnica. Sin entrar en complejas desmitificaciones, si vamos a hacer un repaso al final del reinado de unos cuantos de estos "reyes" que no pudieron o supieron abdicar a tiempo, para demostrar que al revés que en nuestros días, podía no ser tanto chollo mandar en Roma. Sabiendo que sin pruebas y con la lejania y disparidad de criterios entre las fuentes y los historiadores, vamos a repasar algunas imperiales muertes.

Desde el principio del Imperio acabar un reinado solía ser una labor ardua, complicada, y generalmente poco agradable para el emperador saliente: envenenamientos, suicidios forzados, apuñalamientos, descuartizamientos, ahorcamientos, ahogamientos solían ser las formas habituales de abandonar el poder (Hoy sales en la televisión, dices que te vas, y arreando. Algo hemos mejorado)

Asesinato de Domiciano. Lazzaro Baldi.S. XVII
Ya hubo dudas sobre la muerte del que se considera el primer emperador de Roma, Augusto (27 a.C.-14 d.C.), supuestamente envenenado tras comer unos higos que el mismo recogía del árbol, pero que previamente habían sido hábilmente pintados con la sustancia letal. Seguramente Octavio Augusto murió en su cama tranquilamente, pero su sucesor Tiberio (14-37) posiblemente no tuvo tanta suerte, aunque enfermó, parece ser que sanó para disgusto de quienes lo rodeaban que decidieron ahogarlo antes de que se recuperase. De la que no cabe la menor duda es de la muerte de Calígula (37-41), apuñalado con ensañamiento por su propia guardia pretoriana harta de sus locuras y tonterías. Al tío del anterior, Claudio (41-54) le perdió su afición a las setas, que su amable esposa le preparó con una receta mortal. Nerón (54-68) viéndose acorralado y temiendo lo que le iban a hacer se suicidó, o mejor le suicidaron. A la muerte del emperador Nerón comienza una lucha por el poder en el que se suceden distintos emperadores que gobiernan unos pocos meses y que terminan sus días bastante mal: Galba, degollado por un soldado; Otón, se suicidó apuñalándose en el corazón; Vitelio, acuchillado por la turba. La nueva dinastía iniciada por Vespasiano comienza bien pero termina mal, así su segundo hijo Domiciano, retoma la costumbre de dejar el poder por las malas, es decir, después de dejar morir a su hermano Tito de unas fiebres exponiéndolo desnudo a la intemperie (eso dijeron las malas lenguas), el mismo fue apuñalado en un complot palatino.

Narciso ahogando al emperador Comodo.
El final del primer siglo de Historia de Roma se salda con unos cuantos asesinatos, pero inaugura una época de paz, donde los emperadores mueren de muerte natural, y que supondrá un paréntesis entre tanta liquidación extrema. Será Cómodo (180-192), último de los Antoninos quien retome las viejas costumbres, primero intentan envenenarlo y luego lo ahogan en el baño. Y de nuevo se desata la lucha por el poder con una sucesión de pretendientes al trono y a una muerte desagradable: Pertinax, asesinado por los pretorianos; Didio Juliano, asesinado por orden del Senado; Piscenio Niger, decapitado por los soldados; Clodio Albino, muerto en combate. Entre todos ellos se alza Septimio Severo, que inaugura dinastía y muerte pacífica, no así su hijo Caracalla (211-217), muerto con una jabalina en la espalda en situación harto complicada (Ver mi artículo sobre la muerte del emperador), a su asesino y sucesor Macrino (217-218) no le fue mejor, y los soldados le decapitaron, para poner en su lugar a Heliogábalo (218-222), un auténtico pájaro cuyas locuras merecen un lugar aparte, y que adivinen como terminó: pillado en las letrinas en brazos de su mama, desnudado, arrastrado y decapitado. Al primo del anterior Alejando Severo (222-235) no le fue mejor y sus soldados amotinados lo apuñalaron y decapitaron.
El emperador Valeriano ante Sapor I. Relieve persa. Iran
Con el fin de la dinastía de los Severos comienza lo que se ha dado en llamar el período de la Anarquía Militar o de los emperadores soldados, y como era de esperar si su vida no iba a ser tranquila imaginad sus muertes. Para resumir 50 años con 26 emperadores, 24 acaban de muerte violenta, y dos de muerte natural, claro está eso sin contar los usurpadores.Vamos con la macabra lista: Maximino el Tracio (235-238), asesinado por sus soldados, junto con su hijo Maximo (238); Gordiano I y Gordiano II (abril 238) padre e hijo, el hijo muerto en combate, el padre se ahorcó al saber la muerte de su hijo; Pupieno y Balbino (abril-julio 238), emperadores senatoriales nombrados para enfrentarse al tracio, asesinados por sus pretorianos; Gordiano III (238-244), nieto y sobrino de los otros Gordianos, asesinado por orden del jefe de los pretorianos, y sucesor suyo, Filipo el Arabe (244-249) muerto en batalla contra su sucesor, y a su hijo Filipo II (249), con solo 12 años le dieron muerte los pretorianos. Decio (249-251), quien a su vez fue traicionado y abandonado por los suyos cuando combatía contra los godos, que poco antes habían matado a su hijo y coemperador Etrusco (251). Treboniano Galo (251-253) asesinado por sus propias tropas, junto con su hijo y coemperador Volusiano (251-253). Emiliano (253), aunque suene repetitivo, sí, asesinado por sus propias tropas. Valeriano (253-260), capturado por los persas tras una traición de los suyos (¡Qué raro!), fue utilizado por el rey persa Sapor I como diversión, lo usaba como taburete para subirse al caballo, hasta que se cansó y le hizo tragar oro fundido. Galieno (260-268) degollado en un complot, urdido entre otros, como no, por el prefecto del pretorio y por su sucesor. Quintilo (270), se suicidó cortándose las venas para evitar males mayores. Aureliano (270-275) decidido a luchar contra la corrupción, una alianza de cortesanos corruptos que incluían a su secretario personal y a su guardia le dieron pasaporte en forma de cuchilladas.
Muerte de Aureliano.
Tácito (275-276), asesinado; Floriano (276), asesinado por sus tropas; Probo (276-282), lo mismo que el anterior, asesinado por sus legionarios (¡Se ve que eran de cuchillo rápido!). Caro (282-283), fulminado por un rayo, o eso dijeron porque fue una muerte sin aclarar. Numeriano (283-284) asesinado por su suegro (si cuando no son los que te tienen que defender es tu propia familia). Carino (283-285) asesinado por un tribuno celoso y cornudo (éste al menos tiene el dudoso honor de morir por crimen pasional).

Batalla del Puente Milvio. P. Lastman. 1613
Con semejantes antecedentes los emperadores de Roma tenían que aprender unas cuantas lecciones: No fiarse mucho del ejército, fiarse aún menos de la guardia pretoriana, tener mucho cuidado con la familia, y encargarse de eliminar o al menos tener controlados a los sucesores. Con esa última idea en mente, el nuevo emperador Diocleciano (284-305), se inventa un nuevo sistema la Tetrarquía, que implica compartir el poder. Como era de esperar el sistema no contentó a ninguno, y todos acabaron enfrentándose entre sí, y por supuesto falleciendo de forma violenta, dicen que el propio Diocleciano ya retirado, se suicidó al ver el fracaso de su invento. Mientras tanto la sucesión de emperadores, augustos, cesares, y demás zarandajas es continua: Maximiano, ejecutado; Severo II, ejecutado; Maximino Daya, torturado y envenenado; Majencio, ahogado en el río al huir tras ser derrotado en la batalla del puente Milvio; Licinio y su coemperador Martiniano, ejecutados. Para finalmente alzarse con el poder Constantino el Grande (306-337). Por supuesto los sucesores de Constantino se tomaron muy en serio lo de no fiarse de la familia: Constantino II murió en combate contra su hermano; Constante, asesinado por los partidarios de un ursupador, y el tercer hijo de Constantino, Constancio II se dedicó a limpiar a todo posible familiar con posibilidades de heredar el trono, menos a uno que se rebeló contra él, Juliano II (361-363), quien murió en combate contra los persas.

Y la muertes lejos de cesar continuaron hasta el fin del Imperio Romano de Occidente. Joviano (363-364) murió asfixiado mientras dormía por unos vapores tóxicos en un desafortunado¿accidente? Graciano (367-383), fue asesinado por rebeldes. Valentiniano II (375-392), fue ahorcado simulando un suicidio por su ayuda de cámara, el mismo encargado de protegerlo, que puso en su lugar a un emperador títere, Eugenio (392-394) un profe de gramática, que más le valía haber seguido con sus clases, porque acabó ejecutado. Proclamado en Roma un tal Juan (423-425), pues sí hubo un emperador romano con dicho nombre, su final: le cortaron una mano, lo pasearon desnudo, lo exhibieron en el hipódromo, y luego tras unas cuantas perrerías más, lo decapitaron. Valentiniano III(424-25) morirá victima de un complot urdido por su sucesor Petronio Máximo (455), aunque a éste  la dicha no le duró más de un mes, muriendo a manos del pueblo. A Avito (455-456) le hicieron abdicar para hacerse monje, claro que no le valió de mucho, pues hay quien dice que le sometieron a una cura de adelgazamiento extremo, vamos que le mataron de hambre (Sospechoso: Ricimero). Mayoriano (457-461) también fue forzado a abdicar por sus soldados, para cinco días después morir posiblemente envenenado por Ricimero (¡JuanCa cuidado que las abdicaciones son muy malas para la salud!). En lugar de el anterior, Ricimero colocó a Libio Severo (461-465) que murió también presuntamente envenenado, ¿por quién? Sí, por ese mismo...¡Ricimero! Antemio (467-472) tuvo la audacia de enfrentarse al jefe militar más importante de Occidente y hacedor de reyes, y claro acabó ejecutado por orden de...¡Ricimero! (No era muy aconsejable tenerlo como amigo). Julio Nepote (474-480) para muchos el último emperador murió asesinado por sus soldados, y Rómulo Augústulo (475-476) nunca reconocido por el Imperio de Oriente, fue obligado a abdicar (está de moda la abdicación) y a un retiro forzoso donde se le pasaba una pensión y nunca más se supo de él.

Muertos apuñalados, acuchillados, envenenados, intoxicados, asfixiados, quemados vivos, decapitados, ahogados, despedazados, tragando oro fundido, asaetados, alancelados, de hambre, desmembrados, fueron algunas de los agradables tránsitos al otro mundo de los todopoderosos emperadores romanos. Esposas, hermanos, amantes, criados, ayudantes, secretarios, jefes del pretorio, hombres de confianza, soldados, tíos, sobrinos, suegros y demás familia, hasta un marido cornudo, fueron también el grupo de selectos asesinos de los que se rodearon los gobernantes de la Antigua Roma. De todo ello deducimos que gobernar en Roma no era muy beneficioso para la salud, e incluso el abdicar, podía no ser una solución.

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