LAS AVENTURAS DEL JOVEN DON RODRIGO


EL CID


Título Original: El Cid

Guionista: A.Hernández Palacios

Dibujante: A. Hernández Palacios

Año de Publicación: 1971-1984

País: España

Marco Temporal: 1063-1065

Marco Espacial: España




En 1063 el Infante Don Sancho, hijo del rey Fernado de Castilla, y su fiel amigo Don Rodrigo se han visto envueltos en la batalla de Graus donde perdió la vida Ramiro I de Aragón. Las malas lenguas achacan a los castellanos la muerte del rey de Aragón, y Don Sancho reclamado por su padre se ve obligado a regresar a Castilla. En el camino el infante y su inseparable compañero Don Rodrigo Díaz de Vivar se ven envueltos en una extraña aventura con una aún más extraña castellana, Doña Usua. En un tenebroso castillo se ven asediados por la traición y la maldad, y conocen al que será ya para siempre su peor enemigo Adolfo Vellido.

Las aventuras del que más tarde sería conocido como el Cid son relatadas a lo largo de 4 volúmenes: Sancho de Castilla, Las Cortes de León, La toma de Coimbra y La cruzada de Barbastro. En estas historias conocemos al trío protagonista Don Rodrigo, el Infante Don Sancho, y el gigantón Basurde, pero sobre todo recorremos la España medieval a través de sus personajes, hechos y costumbres. Las batallas, las intrigas cortesanas, las cacerías, etc, son magníficamente reflejadas. Los protagonistas de la historia: Fernando I de Castilla y sus hijos, Moctadir, el conde Ermengol III, Santo Domingo de Silos, y muchos más desfilan por las páginas del Cid, haciendo que su lectura sea un auténtico descubrimiento y una delicia. El ciclo finalizada en diciembre de 1065 con la muerte del emperador, y dejando abierta la sucesión y el reparto de los reinos peninsulares.

No estamos ante una típica historia sobre el Cid, de hecho en ocasiones no es ni el protagonista, y los hechos históricos o sus compañeros de aventuras tienen más peso que él. La lectura es amena y huye de una reconstrucción documental de los acontecimientos para mostrarnos un poco de todo: Historia sí, pero también costumbres y aventuras. Al encontrarnos con un joven Rodrigo, un Cid antes de ser el Cid, sus aventuras resultan nuevas, desconocidas, y así el autor nos sorprende y entretiene a la vez que sútilmente nos introduce en la España medieval.

El dibujo es personalisimo como todo lo que salía de las manos de este guionista dibujante salido del mundo de la publicidad. Antonio Hernández Palacios parece querer evitar las lineas rectas. Las redondeces, la rotundidad domina sus figuras, con trazos gruesos y un color espeso, los paisajes se convierten en espacios amenazadores donde cualquier cosa puede suceder. Con un estilo que casi podríamos denominar barroco sus dibujos adquieren una dimensión extraordinaria, los castillos parecen a punto de desmoronarse encima del lector, y la luminosidad brilla por su ausencia, como si el autor se hubiera esforzado en demostrarnos que la Edad Media es una época oscura, peligrosa, de decadencia.

Los cuatro volúmenes que integran "El Cid", a pesar de que no llegan a mostrarnos al Cid en todo su esplendor, conforman un fresco histórico más que interesante, y creo poder afirmar que nadie se va a sentir decepcionado con su lectura.


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