LOS MEJORES AMIGOS DEL HOMBRE

LAS MASCOTAS EN LA PREHISTORIA

Pintura rupestre. Tassili. Argelia

Algunas personas les encantan los animales, se apasionan por sus costumbres, devoran los documentales que los estudian, e incluso se convierten en asiduos de los zoológicos. Otros muchos llevan más allá esa pasión, y se buscan un animal de compañía, un ser sintiente aunque no hablante, que les haga compañía en sus horas de soledad, escuche mudo sus confidencias, o a quien sacar a pasear. Esa afición del ser humano por relacionarse con los otros inquilinos animados del Planeta Tierra le viene de lejos, aunque en un primer momento parece que era más bien con fines alimenticios o en dura competencia por el territorio y la supervivencia. Pero ¿desde cúando empezamos a ver a los animales como posibles compañeros de vivencias? ¿cuándo el hombre pensó en tener animales de compañía no sólo para la alimentación, el transporte o el trabajo?  

Durante mucho tiempo se pensó que el hecho de tener mascotas era propio de civilizaciones muy avanzadas, que tenían tiempo para el ocio; y por ello las clases sociales más altas podían permitirse el lujo de gastar días en amaestrar animales antes salvajes y hacerse acompañar por alguno. El Antiguo Egipto y los gatos parecía el ejemplo más claro de esto. Pero poco a poco esta idea ha ido cambiando, y las pruebas aparecidas en distintos yacimientos arqueológicos del mundo confirmaron que ya en la lejana Prehistoria el hombre se hacía acompañar por compañeros de cuatro patas.

Hombre y ¿perro? Wadi Tashwinet Sahara libio. Hace 7000 años
No hay novela de la Prehistoria que se precie que no presente al protagonista acompañado por el consiguiente lobo reconvertido en fiel compañero de fatigas e inseparable defensor de su amo y amigo. Pero realmente ¿hay constancia de que esto fuera así?, y si el lobo luego convertido en perro fue el primero, ¿cuando pasamos a considerar a otros animales como posibles compañeros?  

Según parece el perro acompaña al hombre desde los primeros tiempos del vagar de éste por nuestro planeta, aunque el Neolítico, la época de la domesticación de los animales, es el período donde las pruebas de esta asociación son indiscutibles, parece que ya en el Paleolítico, al menos en algunas zonas, un tipo de cánido acompañaba en sus correrías al hombre. Las pinturas rupestres como las de Tassili ya nos presentan a cazadores prehistóricos acompañados por un perro que les ayuda en el rastreo y captura de las piezas. Pero es que además se han encontrado enterramientos de estos animales en Rusia o en las cercanías de Lisboa, demostrándose así que para algún racional el irracional también merecía una tumba, contando con que los portugueses dataron la tumba en unos 8000 años de antigüedad, pues ya tenemos al animalito en plena prehistoria.

Tumba de un perro cerca del lago Baikal. Hace 7000 años. 
En las montañas de Altai Siberia se encontraron los restos de un enterramiento perruno datado en nada menos que unos 33.000 años. Esto sin embargo no parece probar que el hombre y el perro fueran algo más que compañeros de cacería. Si analizamos otros descubrimientos la cosa se vuelve sorprendente. Cerca del lago Baikal se encontró otra tumba, esta datada hace 7000 años, con el esqueleto de un perro, un husky al que habían enterrado con su cuchara de madera y todo, y que ademas gracias al análisis de sus restos y el de sus vecinos humanos, sabemos que comía lo mismo que sus dueños. En la misma necrópolis un hombre fue enterrado en compañía de un lobo.

Tumba de la mujer y el cachorro. Israel.
En otros lugares del mundo se han descubierto distintas tumbas de cánidos asociados al hombre, incluso uno con un hueso de mamut en la boca. Pero sin duda la tumba de Ein Mallaha en Israel es la que despierta mayor ternura: una mujer de hace 12000 años yace en su última morada acompañada por un cachorro de perro sobre el que descansa su mano.

Ya tenemos a hombre y chucho asociados desde la temprana prehistoria, e incluso con algunos antepasados del perro como el lobo; pero ¿fue el perro el único compañero del hombre prehistórico? Pues no. A pesar de lo que pensaban los investigadores, el gato acompañó en algunos lugares también al ser humano. Aunque la conversión de felino salvaje a jugador de ovillos fue un poco más tardía que la del perro, sí se produjo en la Prehistoria y no en el Antiguo Egipto como se había pensado. Posiblemente fue en el Neolítico como protectores del grano recolectado por sus amos evitando que osados roedores se comieran lo que el hombre recogía. En Chipre una tumba neolítica de 9500 años de antigüedad guardaba los restos de un hombre enterrado con su gato de 8 meses.  Por si alguien podía pensar que esto era una casualidad, en Quanhucun, China también se encontraron tumbas de gatos con una antigüedad cercana a los 5300 años, y que demostraba que los felinos convivían en armonía con los pobladores de la aldea prehistórica.

Claro está que gatos y perros eran y son los animales de compañía por excelencia, pues cabras, caballos, cerdos, y demás cumplían una función diferente, y es difícil imaginar al hombre prehistórico con una pecera o paseando a un hammster. Pero hubo un animal que momentáneamente les disputó el dudoso honor de convertirse en compañero fiel, uno que se resistió a la domesticación plena o al menos no fue lo dócil que se esperaba de él: el zorro. En Uyun-al-Hammam al norte de Jordania se descubrió una tumba de nada menos que 16.500 años en donde el hombre había sido enterrado con su animalito favorito, nada menos que un zorro.

Manul o gato de Pallas. Un fósil viviente
En la interesante novela de Torcuato Luca de Tena "Los hijos de la lluvia (a.C.)", en uno de sus relatos breves, una mujer de la prehistoria explica su especial relación con un grupo de perros a los que ella ha domesticado, y que ejemplifica muy bien la especial relación que desde siempre el hombre tuvo con los animales de compañía:

"Nunca fui feliz entre los humanos, mas sí entre los perros. No fui amada por los de mi especie, pero sí por ellos, que no repararon en mi fealdad, sino en mi bondad; que no hicieron ascos de mis úlceras, sino que las lamían. Gracias a ellos, que con tanto afán procuraron nuestra amistad, tuve la gloria de establecer el primer vínculo perpetuo entre distintas especies de vivientes."

Y para finaliza una última reflexión que parece contestarse sola: ¿somos la única especie interesada en tener mascotas?¡Sólo faltaría! pensaran algunos. El hecho de tener animales de compañía sólo puede ser asunto de seres racionales...¿o tal vez no?


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