¿PERO HUBO ALGUNA VEZ AUTÉNTICAS AMAZONAS?

LAS AMAZONAS HISTÓRICAS 
Amazonas. Adolf von Hildebrad.1887-1888. Pinacoteca de Munich

La mitología griega hablaba de un pueblo de mujeres guerreras, que vivían sin hombres y que combatían con autentica fiereza. Los antiguos griegos afirmaban haber entrado en contacto con ellas, e incluso haber tenido que rechazar su asedio en Atenas. Numerosos mitos mencionan nombres de supuestas amazonas, de sus reinas, de su manera de vivir, e incluso de donde residían (ver Mujeres Guerreras). Pero los mitos no reflejan la realidad aunque en ocasiones enmascaren un acontecimiento real, y si no que se lo pregunten a Schliemann.

Ajuar femenino de una tumba en Prokovka
Francisco de Orellana en 1542 explorando un largo río en América del sur fue atacado por un grupo de feroces mujeres guerreras que pusieron en serios aprietos la expedición. En su honor el explorador español llamó al río, Amazonas. Pero estas mujeres están muy lejos de nuestras legendarias amazonas, a un continente de distancia con un océano por medio, y con un par de milenios por medio. Así que la pregunta de si existieron amazonas en la antigüedad sigue estando en el aire, a pesar de que historiadores clásicos afirmaban que en su época se podían aún contemplar tumbas de amazonas en las afueras de Atenas.  

Pero entonces allá por los años noventa del pasado siglo una historiadora americana Jeannine Davis-Kimball empezó a interesarse por la realidad de la historia contada por Herodoto. Según éste, los griegos derrotaran a un grupo de amazonas en la batalla de Termodón en el siglo V a.C., capturadas y embarcadas como esclavas, éstas se rebelaron mataron a sus captores y se hicieron con el barco, pero un naufragio las arrojó a la tierra de los Escitas, donde se unieron a ellos y formaron un pueblo nuevo. Con esta base la americana decidió explorar una región en la frontera entre Rusia y Kazakhstán, y se emprendió una misión arqueológica conjunta entre rusos y americanos en Prokovka.

Esqueleto femenino. Tumbas Prokovka
Entre 1990 y 1992 los arqueólogos descubrieron diversas tumbas con esqueletos femeninos. Eso en sí, no es que sea muy extraño, pero cuando asociadas a las tumbas femeninas aparecen puntas de flecha y lanzas, a la americana se le iluminaron los ojos. De ahí a empezar a creerse que había encontrado un pueblo de amazonas, sólo había un paso. En seguida salieron detractores, afirmando que eso no probaba nada, y que podían ser elementos ornamentales, rituales, o de posición social. Entonces se publicaron los resultados de unas cuantas tumbas la mar de interesantes: En una de ellas el esqueleto femenino presentaba unas piernas totalmente arqueadas de montar a caballo, otras mostraban golpes y fracturas en el esqueleto producto de los combates, e incluso había alguna con una flecha clavada, además de completar su coqueto ajuar de conchas y collares con elementos tan femeninos como: un carcaj con cuarenta flechas de bronce, dagas de hierro, escudos, y una hasta portaba un curioso amuleto, una afiladísima punta de flecha.

Evidentemente estas tumbas sármatas del siglo VI a.C no confirmaban la historia de las amazonas mitológicas, pero al menos si nos hablaban de la existencia de un pueblo donde al menos la mujer combatía en igualdad de condiciones que el hombre.

Meiramgul 
Pero la inquieta americana no estaba satisfecha. Tomó muestras de ADN, y emprendió la imposible tarea de rastrear a estas antiguas guerreras entre el acervo genético actual. Si un grupo de amazonas, según las historias, se había negado a sedentarizarse y habían continuado su vida nómada, donde mejor se las podía rastrear que en Mongolia, lugar donde aún se conservaba el nomadismo y donde en algunos pueblos las mujeres son hábiles jinetes. Pues allá se va la doctora Jeannine y se pone a recoger muestras a troche y moche hasta que topa con...Meiramgul, una niña mongola rubia, y excepcional jinete, cuyos padres y familiares la consideraban una rareza, y no acertaban a saber de donde había salido la criaturita (mejor no especular). Fuera casualidad o no las muestras de la niña coincidían con las de las guerreras de los túmulos.

La existencia o no de las amazonas mitológicas tal vez no quede demostrada, pero al menos sí la existencia de pueblos en los que la mujer combatía al igual que el hombre. Tal vez a la vista de los descubrimientos de Prokovka, la historia que contaba Herodoto no era tan fantasiosa.  

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