ESPÍAS MEDIEVALES EN ORIENTE

ESPIONAJE  INDUSTRIAL EN LA ALTA EDAD MEDIA

Justiniano I recibe de los monjes los gusanos de seda. Grabado de P. Galle (1537-1612)

Estamos tan acostumbrados a pensar en el termino "espía" asociado a alguien como James Bond, que nos parece casi inconcebible que existieran espías antes del siglo XX. Espías sin modernos aparatos, rayos láseres en los gemelos, u ocultos "gadgets"( los artilugios de toda la vida). Desde que el hombre es hombre, alguien más espabilado que sus vecinos ha inventado algo novedoso y útil, y también ha existido quien haciendo gala de otro tipo de "espabilamiento", se lo ha copiado para beneficiarse él. Hoy en día los chinos se han hecho con la fama de verdaderos artistas en eso del espionaje industrial, y el "copieteo" más descarado de todo lo vendible. Pero ¿existen referencias a estas prácticas antes de la llegada de Bond, James, Bond?

En el año 550 los chinos eran los fabricantes en exclusiva de uno de los productos más reclamados por los ricachones occidentales, la seda. Pero Justiniano I quiere hacerse con el secreto de la seda, pues traerla desde Oriente la encarece enormemente, y su producción reportaría unos considerables beneficios a su Imperio. Para hacerse con el secreto se envía a dos agentes, quienes disfrazados de monjes recorren el territorio de China, supuestamente como predicadores de origen persa, pero más preocupados por conocer como se fabrica la seda que por convertir a nadie. Una vez que los dos monjes averiguaron el secreto de la seda y de la crianza del famosos gusano, se decidieron a volver a Bizancio. Pero la exportación de semillas de morera o huevecillos de gusano estaba firmemente prohibida en China, así que nuestros fracasados predicadores (creo que no consiguieron convertir ni a sus camellos), se hicieron con semillas y huevos, y los escondieron dentro de sus bastones de bambú. En el año 552 Justiniano se había hecho con el codiciado secreto de la seda, y podía empezar su propia producción del caro material.

Escultura de Tsi Lun en su Memorial Hall en China.
El caso del papel es un curioso ejemplo de espionaje industrial, o más bien de ruptura de lo que hoy llamaríamos clausula de confidencialidad. Inicialmente la escritura se realizaba en diversos soportes: piedra como en la prehistoria,  arcilla cocida como las tablillas sumerias, papiro en Egipto, metales como el plomo, corteza de árbol, tablillas de madera, etc. En China se utilizaban básicamente dos tipos de soportes: la seda, y el bambú,  ambos no eran de lo más adecuado, el uno por caro, y el otro por pesado. De forma que se trataba de buscar un material barato y ligero que permitiera una escritura rápida y eficaz. Y aquí llega nuestro primer "espabilado", un oficial de la corte imperial china llamado Tsi Lun.

Emperatriz Suiko (554-628)
Tsi Lun que había sido funcionario de la corte imperial china allá por el año 106, fue ascendido rápidamente por su ingenio a consejero privado del emperador, y luego a Inspector de obras. Observando a las avispas que arrancaban fibras de bambú que luego ablandaban con saliva creando una pasta con la que construir su nido; el "avispado" (¿vendrá de ahí el adjetivo?) cortesano hizo lo mismo: mojó el bambú con agua, obtuvo una pasta líquida, la tamizó, y luego la dejó secar al sol...¡y ya tenemos el papel!  Por listo se le asignó el trabajo de supervisar las crónicas históricas, cuando se descubrió que habían introducido por orden de la emperatriz calumnias contra un miembro de la familia imperial, el emperador le ordenó que se preparara para ser juzgado. Tsi Lun se bañó, se vistió con sus mejores galas, y luego se suicidó. Su invento le costó caro.

Desde ese momento la fabricación del papel se convirtió en un secreto celosamente guardado por los chinos. Ya en el siglo VII se producía papel en el reino de Corea, que había sido feudatario del chino. Y aquí es donde aparece, nuestro segundo "espabilado", el monje Damjing.

Templo Horyu-yi. Japón
Damjing era un monje budista coreano. El rey Yeonyang de Goguryeo (reino de Corea), decidió enviarlo como tributo a la emperatriz de Japón, Suiko. Damjing, a quienes los japoneses llamaban Doncho, era un auténtico experto en las doctrinas de Confucio, y supuestamente encargado de difundir la sabiduría budista por Japón. Pero el príncipe Shotoku vio en el coreano una magnifica oportunidad, y en la primavera del año 610 lo invitó al palacio. Damjing o Doncho reveló los secretos de la fabricación del papel, de la tinta, de los colores, y hasta les hizo un molino de agua, y no les enseñó a hacer microchips porque no era la época; a cambio Doncho recibió nada menos que uno de las más grandes templos de Japón, el de Horyu-yi . Los japoneses rompieron así el monopolio chino de la fabricación de papel, mejorando el producto consiguieron invadir los mercados antes dominados por los chinos. A Occidente el papel llegaría gracias a los árabes, quienes tras capturar cerca de Samarcanda a unos artesanos chinos, les sacaron el secreto por las bravas.

Extracción del material para la porcelana. Grabado chino
Pero no pasarían muchos años sin que de nuevo a los chinos les volvieran a robar un secreto industrial. En esta ocasión se trató de la fabricación de "la cerámica que resuena al menor roce", o lo que es lo mismo, la porcelana. Si ya los bizantinos se la habían jugado a los chinos con la seda, algo parecido iban a intentar con la porcelana. El producto comercializado y promovido por la dinastía Tang estaba haciendo furor en Occidente, y los comerciantes bizantinos no quieren dejar la ocasión de aprovecharse. En el año 630 consiguen hacerse con el secreto, suponemos que tras desembolsar una suculenta cantidad a sus informantes: Hay que cocer al rojo blanco una pasta compuesta de tres partes de caolín, una parte de cuarzo y una de feldespato, esos componente se muelen, se mezclan, se lavan y se maceran, hasta obtener la papilla, que dividida en pequeñas porciones, se bate y se amasa; después  van a los moldes y tornos, y antes de cocer, las piezas se cubren de barniz. Pero esta vez los chinos no se dejaron engañar como tales, y mantuvieron parte del proceso en riguroso secreto: las temperaturas de cocción, y el componente secreto (el petuntse, un feldespato especial, no valía cualquiera) no fueron revelados. Se fracasó en fabricar una porcelana como la china, pero de los intentos de recrearla, surgió una de menor calidad, conocida como porcelana blanda o suave.      

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