DESDE UN HAREN EN TÚNEZ

LA ÚLTIMA ODALISCA


Título Original: La dernière odalisque


Autor: Fayçal Bey


Año de Publicación: 2001


País: Túnez


Marco Temporal: 1918-1957


Marco Espacial: Turquía, Túnez


La princesa Safiyé se encuentra en la prisión civil de Túnez. Es el mes de noviembre del año 1957. No puede evitar reflexionar sobre su vida y los acontecimientos que la llevaron a esa situación. Cuando era apenas una niña, en diciembre de 1918, en su pequeño poblado del Cáucaso, una mujer compró a una de sus amigas para llevarla a los harenes de Turquía. La pequeña Safiyé sueña con comenzar una nueva vida de lujos lejos de su pueblo, y se aleja planeando fugarse con su primo. Esta alocada decisión la salva del ataque cosaco a su aldea, que termina con la muerte de todos sus parientes. La niña acaba por ser recogida en otro poblado cercano, pero los celos de la mujer del hombre que la ha acogido, harán que el periplo de Safiyé no termine ahí.

Desde 1917 hasta 1957 la novela nos va desgranando las peripecias vitales de Safiyé, una joven circasiana que desde su aldea del Caucaso, pasando por la Turquía que ve los últimos momentos de su sultanato, hasta llegar a Túnez donde, ya mujer, se convertirá en odalisca dentro de los palacios del último de los beys. Safiyé será testigo, casi siempre pasivo, del final de todo un modo de vida. A su alrededor caerán los suntuosos imperios islámicos, en los cuales las mujeres, en la mayoría de los casos, se limitaban a ser bellos ornatos de lujosos harenes, propiedad de decadentes gobernantes.

Muhammad VIII. Lamín Bey 
La Primera Guerra Mundial ha terminado, y el mundo nunca volverá a ser el mismo. Pero en los países islámicos, algunos gobernantes se niegan a aceptar el cambio. El Imperio otomano de Mehmed IV será el primero en sufrir la oleada reformadora encabezada por Mustafa Kemal, que la protagonista apenas llega a entrever.  En Tunez los beys se suceden: Muhammad VI, Ahmad II, Muhammad VII, y finalmente Muhammand VIII. Pero realmente la figura que domina la vida de Safiyé es Lella Kmar, que como una sultana gobierna el haren, y a veces a los propios beys.

Las difíciles relaciones con Francia, potencia colonial en Túnez, las ansias independentistas, las consecuencias de la osada política de Mustafa Kemal en Turquía y su reflejo en el propio Túnez, son algunos de los temas que se suceden en las paginas de la novela. Temas más que suficientes para que nos interesemos por la narración, pero es que además está el curioso origen del autor de la misma.

El escritor, Faiçal Bey, nació en el palacio de Cartago, aunque no le dio tiempo a percatarse mucho del ambiente que describe en su libro, pues cuando tenía dos años, el general Burguiba abolió la monarquía. Claro que siempre están los abuelos para contar batallitas, y en su caso, la abuela: Safiyé. De forma que el libro es el producto de sus investigaciones y de los recuerdos transmitidos por su propia abuela. Eso convierte la novela en una lectura muy especial: A veces, los acontecimientos históricos quedan diluidos en beneficio de la experiencia vital de la odalisca, y claro, es como si escucháramos a nuestra abuelita "en mis tiempos..."; pero en otras el autor rellena los huecos que la memoria de su antepasada ha olvidado, o aporta interesantes datos que enriquecen la lectura (El relato de la creación de eunucos, es breve, pero intenso).

"La última odalisca" es una obra primeriza pero hecha con cariño, y eso se nota. Su lectura es amena e interesante, y como mínimo nos hace pensar que debemos escuchar más a nuestros abuelos, al menos los que aún tengan la fortuna de conservarlos. Tienen muchas cosas interesantes que contar.

"Las odaliscas, en un principio camareras al servicio de las mujeres del harén, vieron cómo su condición evolucionaba a lo largo de los siglos. De "mujeres de cámara" habían pasado a ser sobre todo "mujeres para la cámara", lo cual era, por lo demás, el sentido literal del término turco odalik, formado por oda, "habitación, cámara", y el sufijo lik, "para la". Durante siglos fueron, junto con las pellizas, las pieles y los mamelucos - su corolario masculino -, uno de los principales recursos comerciales de Circasia, hasta el punto de que muchas anatolias o kurdas, soñando también para sí un fabuloso destino en los serrallos de Estambul, se hacían pasar a menudo por circasianas para encontrar comprador más fácilmente.

Su suerte, al igual que su destino, quedaba decidido por su belleza y su inteligencia. Aquellas a quienes la naturaleza había concedido pocos dones y a las que se llamaba molada, eran relativamente baratas y se veían empleadas a lo sumo como camareras. Solo las que eran realmente bonitas podían ser compradas como odaliscas y conseguir, a base de atenciones o de intrigas, distinguirse y llegar a ser concubinas. Pero era en aquellas cuya belleza era en todo punto maravillosa e incomparable en las que recaía la suerte y el privilegio de acceder directamente al harén sin pasar por el estadio, intermedio y, hay que decirlo, poco valorizador, de "mujer de cámara". El el harén principal, solamente las que conseguían dar a luz un hijo eran ascendidas al grado de kadina y podían gozar de sus privilegios: apartamentos privados, esclavos personales, suntuosos vestidos, joyas, perfumes, en resumen, todo cuanto cualquier muchacha podía soñar".
     
  

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