UNA RUSA DE CUIDADO


Una soirée chez La Païva. Monticelli

LA PAÏVA
En 1819 en Moscu nacía Esther Pauline Therese Blanche Lachmann, pero el mundo la conocería como la La Païva. Hija de un matrimonio de judíos de ascendencia Polaca, Esther se casó con sólo 17 años por imposición de sus padres con un humilde sastre, Antoine Villoing, a quien en 1837, le dio un hijo. Pero eso no era vida para alguien con la ambición de Esther, que plantó a padres, marido, e hijo y se fugó a París.

En la capital de Francia la joven decidió empezar una nueva vida. Primero se cambió el nombre por el de Therese, En segundo lugar necesitaba buscarse un medio de vida, o en su defecto un protector. El comienzo no pudo ser menos prometedor, acabó ejerciendo la prostitución en los barrios más sórdidos de la ciudad.

Esther Lachmann en 1850
Con 19 años Therese es una joven prostituta que duerme en los bancos porque no tiene donde caerse muerta, y vende sus favores por pocas monedas. Cuando unos guardias la desalojan de un banco donde dormita, les replica enfurecida que, un día ella tendrá un palacio en ese mismo lugar, y los guardias la saludarán: Es la Avenida de los Campos Elíseos, nº 25.

La joven sabe lo que quiere, y poco a poco asciende desde los barrios bajos a cortesana de lujo. Ricos negociantes, banqueros y aristócratas forman parte de los escalones que la muchacha va subiendo. Caros restaurantes, y fastuosos teatros empiezan a ser ya los lugares donde se la puede ver habitualmente. Viaja al extranjero con ricos amantes, y en uno de estos viajes conoce a Henri Herz, compositor, músico, y fabricante de pianos, que en 1840 decide retirar a la joven y convertirla en su amante con exclusividad. Herz la presenta a todos como "Madam Herz", su esposa, aunque ella seguía casada, y no le era demasiado fiel.

Cuando acuden a una recepción en el palacio de las Tullerías, ofrecida por el rey Luis Felipe y la reina María Amalia, se les hace el vacío. Therese no se deja amilanar, si no la aceptan en sociedad, ella traerá la sociedad a su casa. Comenzó a organizar fiestas y reuniones en las cuales invitaba a lo más selecto de la intelectualidad de la época: Richard Wagner, Theophile Gautier, Hans Von Bulow, Emile de Girardin. Tuvo una hija con Herz que envió con la familia de él, mientras ella seguía con una vida de lujo y disipación, y como es lógico, las finanzas de su compañero se resintieron.

Retrato de La Païva, 1860
El compositor inició un viaje por el extranjero para recuperarse económicamente. Ella aprovechó para buscarse nuevos amantes. La familia de Herz se hartó de la muchacha, y la pusieron de patitas en la calle. Refugiada en un hotel le presentaron a una modista que le recomendó probar fortuna en Inglaterra. En Londres conoció y conquistó a Lord Stanley, que la mantuvo como su amante durante un tiempo, y la presentó a otros importantes hombres del país.

Uno de sus nuevos amantes, el banquero A. Gaiffe, pretende acostarse gratis con ella. Therese se niega. Pero le propone un trato: Le pagará una suma por acostarse con ella, y luego juntos quemarán el dinero. Así lo hacen. Pero antes de partir el banquero apostilla: "¡Ah, se me olvidaba!, los billetes eran falsos" (Como vemos lo de los banqueros viene de lejos).

Muerto su marido en 1848, la cortesana ha quedado libre para volver a casarse. En Baden-Baden tomando los baños conoce lo que parece la pieza adecuada: Albino Francesco Araujo de Paiva. El portugués tarda un mes en pedirle matrimonio. Se casan en 1851. Al día siguiente, Therese transformada ya para siempre en la Paíva, se encaró con su marido en los siguientes términos:

"Has querido acostarte conmigo y sólo lo has conseguido haciéndome tu esposa. Estamos en paz. Me he conducido como una mujer honesta. Te dije que quería una posición social, pero ya sabes que yo no soy más que una puta. No podrás llevarme a ningún sitio ni podrás presentarme ante nadie. Así pues, debemos separarnos. Vuelve a Portugal. Yo continuaré aquí llevando tu nombre y haciendo de puta".

Hotel La Païva. Avd. Campos Elíseos, nº 25 
Poco después una nueva presa se cruza en su camino. Theresa, que ahora se hace llamar marquesa de Paiva, conoce a un conde prusiano, Henckel de Donnersmarck, uno de los hombres más ricos de Europa. La ambiciosa cortesana no se separa de él, y en su compañía recorre Constantinopla, San Petesburgo, Napoles... Después de corretear por las cortes de media Europa, regresan a París, donde La Paiva se hace construir un lujoso palacete. ¿En dónde? Pues sí. En la Avenida de los Campos Eliseos, nº 25.

El "pisito" costó la nada desdeñable cifra de 2 millones de francos de oro. Fue diseñado por Pierre Mauguin. Los salones estaban tapizados en seda tejida expresamente en Lyon, las paredes y las escaleras eran de mármol y ónice, los cuartos de baño - una rareza para la época - eran de mármol con los grifos incrustados de piedras preciosas. Los muebles, desde la mesa de comedor hasta las camas, estaban fabricados con maderas exóticas y marfil. Los banquetes que se celebraban en el modesto apartamento eran casi tan suntuosos como el propio local. Cuando la "sencilla" marquesa salía a pasear, lucía joyas como perlas, diamantes, y otras gemas por valor de al menos dos millones (Eran famosos los diamantes amarillos regalo del conde). En la Ópera tenía un palco frente al del emperador Napoleón III. Sin embargo seguía sin ser aceptada en ciertos círculos. La misma emperatriz rechazó el ofrecimiento de su abanico, un día muy caluroso en la ópera; imagino que tendría mucho que ver el hecho de que la Païva luciera el collar de diamantes que la emperatriz Eugenia había tenido que vender.

Chateau de Pontchartrain.
En 1871 la Païva consigue anular su matrimonio con Albino, quien se suicida un año después, y se casa con el conde millonario, que además del famosos collar de diamantes amarillos, y del hotelito con encanto, le regala el Chateau de Pontchartrain en Seine-et-Oise. Las fiestas y cenas de la famosa cortesana vuelven a ponerse de moda, Flaubert, Zola, Delacroix, son algunos de los habituales.

En 1878 la Païva y su marido tuvieron que abandonar París, pues las autoridades les acusaron de espionaje en contra de Francia. Tranquilamente la pareja se marchó a vivir a uno de sus castillos , el de Neudeck en Silesia. En este mismo castillo en enero del año de 1884 con 64 años, moriría Esther Laachmann, Theresa, Madame Herz, Marquesa de Paiva, condesa consorte de Henckel de Donnersmarck, o como todos la conocían La Païva. ¡Qué personaje se perdieron los reality shows!

Henckel von Donnersmarck
Sin embargo alguien como La Païva no se iba a marchar sin armar revuelo. Así su muerte no fue la última vez que el mundo iba a oír hablar de ella. Dos años después de su deceso, la nueva condesa, y segunda esposa del conde Henckel, sintió curiosidad por entrar en una habitación a la que su marido le tenía prohibido el acceso. Se hizo con un duplicado de la llave del cuarto, y aprovechando la ausencia del conde, abrió la puerta, y se desmayó de la impresión. ¿Con qué creéis que la buena de la mujer se encontró? Sí pensasteis en un inmenso tesoro de joyas y cuadros, os habéis colado. Se topó de narices con su antecesora, la mismísima Païva .

Un enorme deposito de alcohol ocupaba el centro del cuarto, y dentro de él flotaba el cadáver de la antigua cortesana. El morboso de Henckel no soportaba separarse de su amada esposa, y la tenía como la mojama a remojo. Suponemos que le hacía frecuentes visitas nocturnas para contarle como le había ido el día, que tal se llevaba con su nueva mujer, vamos esas cosas que se le cuentan a un fiambre en conserva.
Los Diamantes Donnersmarck sobre el retrato de la segunda esposa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario