EL AUTÓMATA QUE FUMABA EN PIPA

Reconstrucción de El turco
                                                        KEMPELEN Y EL TURCO

Kempelen. Autorretrato al carboncillo.
Wolfgang von Kempelen nació en Presburgo en 1734, estudio derecho, filosofía, matemáticas y física, hablaba con soltura media docena de idiomas. Consiguió un puesto como funcionario en la corte hungara en 1755. Su ascenso dentro de la carrera funcionarial al servicio de los Habsburgo fue meteórico. Wolfgang convertido en Consejero de la corte, se creó fama de buen ajedrecista lo que le llevó a jugar partidas con la mismísima emperatriz María Teresa. Ésta invitó a von Kempelen, que ya tenía fama de sabio, a un espectáculo de magia. Suponemos que el funcionario se hizo el interesante, y fingió descubrir los trucos del ilusionista, o bien no se mostró demasiado impresionado. La emperatriz, algo mosca, debió de pensar que había que bajarle los humos a aquel funcionario "chulito", y le retó a mejorar lo visto ese día. Wolfang debió de ver en el reto la posibilidad de mejorar su posición, e incluso de conseguir que se le reconocieran sus talentos desperdiciados. En otoño de 1769 Kempelen aceptó el reto de la emperatriz. Así nació el Turco.

Mª.Teresa. Meytens.1759. Viena
Meses después del desafío Kempelen se presentó en el palacio de Schönbrunn con su supuesto invento. Era un maniquí vestido a la manera turca y con turbante, sentado frente a  un escritorio con ruedas donde reposaba un tablero de ajedrez. El inventor abrió las puertas del escritorio, las iluminó con velas, y enseñó los engranajes del aparato, que parecían los de un reloj. Ante la concurrencia giró el escritorio y enseñó sus mecanismos. Luego pidió un voluntario para competir contra su autómata ajedrecista. El conde von Cobenz aceptó la partida. Entonces el autómata con un sonido de engranajes metálicos se puso en marcha, alargó el brazo, y realizó su primer movimiento sobre el tablero. En menos de media hora había vencido a su contrincante. El asombro y la admiración rodearon al inventor del artilugio. El turco, como se apodó al autómata, fue un éxito. Kempelen lo hizo jugar una partida más y luego lo retiró de circulación. Había inventado el primer robot.

La realidad sin embargo era otra: El autómata era un fraude. No existía tal robot. Un ajedrecista hábilmente escondido manipulaba el muñeco con resortes, imanes y un tablero secundario. Los falsos mecanismos no ocupaban todo el escritorio, en donde quedaba un oculto compartimento en el que se escondía el cómplice del falso inventor. Debieron de hartarse de reír tras haber embaucado a la emperatriz y sus amigotes. Kempelen desmontó el muñeco, y pensó dedicarse a cosas más productivas. Pero el emperador Jose II, hijo de María Teresa, quiso conocer al maravilloso autómata.

Especulaciones sobre el truco del turco.
Kempelen y su desconocido cómplice ajedrecista debieron de palidecer: Una cosa era engañar a la crédula María Teresa, pero Jose II era bastante más culto, y quería enfrentar al autómata a expertos y sabios de la corte, además quería impresionar a un visitante ilustre, el Duque Pablo de Rusia. El turco tuvo que resucitar, y enfrentarse al escrutinio de curiosos y expertos. El espectáculo fue mejorado, ahora el turco además de enfrentarse a ajedrecistas, resolvía el problema de el caballo (hacer recorrer esta pieza todas las casillas del tablero), respondía las preguntas de los espectadores en varios idiomas gracias a un tablero con letras, tiraba las piezas si alguien le hacia trampas, y entre partida y partida, algunos afirmaron que fumaba una pipa para relajarse. Tan satisfechos quedaron del maravilloso autómata, que sugirieron a su inventor que toda Europa debía conocer su invento. El avispado funcionario quedó así atrapado en su propio fraude. Él, que había comenzado todo como una elaborada broma, se veía forzado a mantener una superchería que no le interesaba, pues quería dedicar su tiempo a inventos de verdad, como su maquina parlante.

En 1773 el Turco comenzará su gira por Europa: Francia, Gran Bretaña, Alemania, recibieron la visita del asombroso autómata. En París perdió contra Philidor, uno de los grandes ajedrecistas del momento, aunque éste afirmó que "había sido la partida más dura que había jugado nunca". Pero derrotó a Benjamín Franklin. La fama del inventor y su autómata creció, y durante años consiguieron engañar a ajedrecistas y expertos científicos. En Viena se instituyó el premio Wolfgang von Kempelen a las Ciencias en honor a alguien que había engañado a medio mundo.

Sello. Napoleón vs. El Turco.
En 1804 Kempelen murió en Viena, pero la vida de el Turco continuó. El ingeniero Maelzel continuó con las giras del Turco y su secreto. Ahora todos sospechaban de una superchería aunque nadie hubiera podido demostrarla. En años sucesivos el turco derrotó a la zarina Catalina II, a Napoleón Bonaparte, o al escritor Edgar Allan Poe. Se especuló con los distintos ajedrecistas que lo manejaban en las diferentes etapas de su vida, dándose hasta 15 nombres. Tras numerosos avatares el autómata fue destruido en un incendio en 1854. Se publicaron libros desvelando el secreto del robot, algunos con peregrinas teorías, como que en su interior se encontraba un enano ajedrecista, un soldado sin piernas, o que el maniquí estaba hueco, y dentro había un hombre. La realidad es que Kempelen se hizo famoso por un truco de ilusionismo, y durante un tiempo su engaño le valió fama y honra como inventor. Aún hoy en día es más famoso el falso autómata llamado el Turco, que la primera maquina de ajedrez, "El ajedrecista" inventada por el español Leonardo Torres Quevedo en 1912, aunque si bien es cierto que sólo jugaba con tres piezas torre y rey contra rey, al menos lo hacía de verdad.

Algunos films recrearon la historia del famoso autómata El turco. A una de ellas de 1927 pertenecen las imágenes del siguiente video.


No hay comentarios:

Publicar un comentario