LA INVENCIBLE ARMADA RUSA

Almirante Zinovi Petrovich Rozhestvensky

EL PERIPLO DEL ALMIRANTE ROZHESTVENSKY


El 8 de febrero de 1904 estalló la guerra entre la Rusia zarista y el Japón imperial. La guerra ruso japonesa durará hasta el 5 de septiembre de 1905, y se saldará con la aplastante derrota del Imperio ruso. Pero antes de llegar a la derrota, Rusia recurre a su as en la manga, "Perro Loco" Rozhestvensky, el duro almirante que comandaba la flota rusa en el Báltico. 

En Octubre de 1904 el almirante recibe la orden de incorporarse a la flota rusa que combate a los japoneses. El primer problema es que Rozhestvesky tiene que bajar desde el Báltico, y circunvalar África, pues Suéz estaba en manos ingleses, y no le permitían el paso. El Almirante tendrá que salir del Báltico, rodear África por el Cabo de Buena Esperanza, pasar al Índico, y luego dirigirse hacia el Japón, unas 18.000 millas. Mientras tanto los japoneses deberían esta haciendo encaje de bolillos, aburriéndose de lo lindo, esperando la impresionante flota rusa.

Flota rusa en Vigo. 1904
"Perro Loco", así apodado por la dureza con que trataba a sus subordinados, tenía bajo su mando una tripulación novata y poco preparada, los barcos eran auténticas carracas a carbón, y los códigos de señales eran anticuados. Pero esos no eran sus únicos problemas. Durante todo el trayecto no tenía donde abastecerse de carbón y suministros, por lo que tenían que enviarles buques de suministro al encuentro. Además desde el alto mando se decidió enviarle unos barcos de refuerzo al puerto de salida, que según el propio almirante, eran peor que los que tenía. Según sus propias palabras "viejas bañeras", y "una colección arqueológica de arquitectura naval". Antes de que llegaran los magníficos refuerzos, el almirante decidió darse a la fuga para no tener que cargar con semejantes reliquias, y partió sin esperar la llegada de los "nuevos" barcos.

Los barcos de la flota eran del tipo Suvaroff, pero con unas "acertadísimas" modificaciones de los espabilados ingenieros rusos, que los hacían extremadamente pesados. Además las reformas habían dejado casi inutilizada la artillería inferior de los buques. Rozhestvesky debió de empezar el viaje pensando aquello de "Señor, ¿qué he hecho yo para merecer esto?". Y eso que todavía no sabía lo que se le venía encima.

El 21 de octubre la flota recibió un aviso del almirantazgo de que cuatro torpederas japoneses se dirigían hacia ellos. A la altura del puerto ingles de Hull, uno de los buques de suministros comunica que ha visto una de las torpederas. En realidad era un barco sueco. La niebla de la mañana deja ver unas amenazantes siluetas, los rusos entran en pánico y comienzan a disparar a lo loco. Son 48 barcos pesqueros ingleses. ¡Eureka! En su primer combate habían conseguido un enorme éxito: Habían hundido un buque de arrastre inglés, y en los demás barcos habían hecho 6 heridos. Además uno de sus buques, el "Aurora", también había sido confundido, fue bombardeado y seriamente dañado, muriendo uno de sus tripulantes, y quedando herido otro. Afortunadamente la puntería de los rusos era tan penosa que no hubo que lamentar más perdidas. El buque "Oryol" disparó más de 500 tiros, y no hizo ni un sólo blanco. Los japoneses conocedores de la noticia deberían estar empezando a temblar. El suceso pasó a denominarse "El incidente del banco Dogger", y provocó los lógicos problemas diplomáticos con los británicos. Por supuesto los rusos tuvieron que pagar una indemnización. Aún no habían llegado al Japón, y ya habían  estado a punto de entrar en guerra con Inglaterra, habían sufrido bajas, y dañado seriamente uno de sus barcos, además de convertirse en el hazmerreír de media Europa.  

El almirante decide tomar cartas en el asunto: "Esto no puede ser", debió de pensar el pobre hombre. Una de sus primeras ordenes fue no enarbolar ningún banderín o estandarte no esencial, porque su peso podría desestabilizar las ya poco estables y pesadas naves. Vamos que a los gordos los debieron de tirar a todos por la borda. Luego,  como era de cajón,  decidió hacer ejercicios de entrenamiento. 

Viñeta cómica sobre la guerra ruso japones.
Vamos a practicar eso de poner todos los barquitos en linea, que queda muy mono y es fundamental para entrar en batalla. Pero claro, cada cual tenía un libro de códigos diferente, unos el moderno, otros el antiguo. Resultado: la flota quedó dispersa en todas las direcciones. (Japón estaría en esos momentos buscando con urgencia aliados que los protegieran del poderío ruso). Bueno, no nos desesperemos, y practiquemos otra cosa, el tiro, que se ha visto que no somos muy buenos.  Se mandó a uno de los barcos de la flota que remolcara el objetivo a abatir: un buque de desguace comprado en un puerto africano. Después de inflarse a pegar tiros, la bandera de señales marcó por fin un único blanco: ¡En el barco ruso de remolque! Siempre nos quedaran los torpedos, pensó el cada vez más desesperado almirante ruso. Se probaron los torpedos, y por supuesto el ejercicio fue un autentico fiasco: sólo dos siguieron su rumbo, eso sí sin acertarle a nada (y menos mal), algunos se atascaron, y el último que salió del barco empezó a dar vueltas en torno a los barcos alzándose y sumergiéndose, mientras los marineros caían presos de terror sin saber en donde iba a impactar. A Rozhestvensky empezó a dolerle la cabeza.

Fondean en Vigo y rías aledañas para poder aprovisionarse de carbón, pero al ser España neutral se les niega. Y eso que habían recurrido al subterfugio de fondear dispersos para evitar la calificación de flota de guerra.

Una gran victoria. Ukiyo-e (estampa) de  M. Toshihide.
"Vamos a lo que vamos", debió de decidir el almirante. Sin perder más el tiempo en poco productivos ejercicios, la flota continuó rauda su largo viaje hacia la batalla con Japón. Frente a las costas de África, uno de los buques se enredó en un cable que le impedía avanzar. Solución salomónica, cortarlo. Se cortó el cable, y con él la comunicación entre África y Europa durante cuatro días, creando un nuevo incidente diplomático. Los japoneses debieron de dejar de buscar aliados, a esas alturas seguro que se les sumaba medio mundo.  

Poco después se embarcaron en una nueva batalla contra las misteriosas torpederas japonesas a las que se dispararon más de 300 obuses, y que resultaron ser: un mercante sueco, un pesquero alemán, y una goleta francesa. El cachondeo internacional era ya épico. Los periódicos siguen el avance de la flota a la espera de una nueva metedura de pata.

Las enfermedades empiezan a hacer estragos entre la tripulación. El propio almirante padece frecuentes migrañas, y una permanente crisis nerviosa. Algunos tripulantes fallecen y son arrojados al mar, en homenaje a ellos se ordena lanzar disparos, y, como no, uno de los tiros impacta en un buque ruso. En Japón debieron pensar entonces que mejor era quedarse en casa a esperar que se hundieran ellos solos.

Barco ruso tras la batalla
Cuando finalmente la flota llega a su objetivo, las ordenes del almirantazgo son claras, debe ceder el mando al almirante Biriloff, un militar de salón con menos experiencia que él. El 27 de mayo comienza la batalla de Tushsima. Según dicen, "Perro loco", enfermo y desmoralizado, sólo dio dos ordenes, la primera "creó perplejidad y consternación"; la segunda, provocó un "estado de caos". Luego un trozo de cascote procedente de una explosión, o bien una esquirla de metralla le impactó en la cabeza dejándole inconsciente el resto de la batalla. (Para mí que éste se hizo el muerto) 

La flota rusa fue casi totalmente destruida, y los japoneses apenas sufrieron daños. ¿Y qué fue de nuestro afortunado almirante?  Fue capturado por los japoneses, luego liberado, y juzgado en Rusia. En el juicio pidió la clemencia del zar, alegando que él no había rendido la armada por estar inconsciente. El zar le perdonó, pero el almirante Nevogatov que sí había rendido la flota, pagó con 10 años de prisión.       
        

No hay comentarios:

Publicar un comentario