LAS JOYAS IMPERIALES DE JAPÓN I

KUSANAGI, LA ESPADA SERPIENTE 

Kusanagi-no-tsurugi es uno de los tres objetos que forman parte de las joyas que tradicionalmente han ido pasando al emperador del Japón. La espada real no tiene nada que ver con las katanas a que tan acostumbrados nos tiene los films de samurais japoneses, es por el contrario una espada recta, corta, y de doble filo, más del estilo de las espadas de la Edad del bronce. Su historia se pierde en las nieblas del tiempo, y forma parte del acervo mitológico de Japón.

Susanoo y el dragón. 
Susanaoo, el dios del mar y de las batallas en el sintoísmo, cuando recorría la tierra llegó a Japón y se encontró con un matrimonio que abrazaban llorosos a su única hija. Un dragón o serpiente de ocho cabezas y ocho colas, se había comido a todas sus hijas, y la pareja desesperada intentaba proteger a la menor antes de que la fiera volviera a por ella. El dios apiadado promete encargarse del bicho y proteger a la joven. Primero transformó a la muchacha en una peineta, y se la puso en el pelo, metamorfosis y escondite original donde los haya. Luego preparó una trampa para el gigantesco animal, que debía de tener fama de festero y borrachuzas, pues la trampa estaba formada por ocho colosales puertas detrás de las cuales había colocado ocho vasos de sake, quiero creer que de tamaño gigante. La serpiente dragón se bebió los ocho vasos de sake con cada una de sus respectivas cabezas, y acabó con una cogorza de impresión, y un dolor de "cabezas" descomunal. En el estado de atontamiento, o cuelgue etílico que también se llama, el dios aprovechó para ir cortando cabezas y colas a gusto. En el interior de la cuarta cola se encontró con una espada, la kusanagi. La espada fue entregada como regalo a su hermana, la diosa Amaterasu, a quien Susanaoo había agraviado recientemente. La espada fue depositada en el templo dedicada a la diosa en la provincia de Ise y custodiada por las sacerdotisas durante siglos.

Reinando en Japón el emperador Keiko (60-130), uno de sus hijos, quien luego sería conocido como príncipe Yamatotakeru, comenzó a comportarse de forma violenta (en algunas versiones mata a su propio hermano). El monarca temiendo las acciones del príncipe intentó deshacerse de él en varias ocasiones. Su tía, sacerdotisa del templo de Amaterasu, le entregó la espada allí depositada, pues sabía de los peligros que corría su sobrino. El príncipe en lucha contra un señor local rebelde, cayó en una emboscada. Rodeado de enemigos en una pradera de hierba, con el caballo muerto a flechazos, sus enemigos prenden fuego a la hierba para asar al peligroso guerrero. Es entonces cuando se rebelan las propiedades mágicas de la espada, pues cuando la usa para cortar la vegetación en llamas, ve como se retira el fuego, y como la espada puede, entre otras cosas, controlar los vientos. Yamatotakeru vuelve el fuego contra sus rivales, y sale victorioso. Años después iría a una de sus hazañas sin la famosa espada, a pesar del consejo de su esposa, y pereció. (Moraleja: Hay que hacer caso a esposas y madres, aunque sólo sea para ponerse la bufanda en invierno cuando salimos a la calle)

Yamato Takeru. 1847-1852. U. Hiroshige. M. A. Honolulu
El emperador Sujin, que murió en el 258, pudo haber realizado una réplica de la espada para mantenerla a salvo de robos.

Se afirmaba que en el siglo VI un monje chino la robó del santuario, e intentó huir en barco con ella. Sin embargo el barco se hundió, y la espada apareció en la playa frente al mismo santuario donde había sido robada.

La espada pasó a formar parte del legado de la familia imperial japonesa, y durante años el arma volvió a sumirse en el olvido. Entre los años 672 y 686 reina en Japón el emperador Tenmu, quien para reforzar la autoridad imperial, y conseguir apoyo para sus reformas, usa las creencias y supersticiones del pueblo. Por supuesto la espada Kusanagi vuelve a la luz, y la relación de la casa imperial con el Santuario de Ise se estrecha. Cuando el emperador fallece a los 55 años, algunos insisten en que ha sido a causa de haberse atrevido a empuñar la espada sin ser digno de ella. En cualquier caso la espada se devuelve al santuario en el 688 donde queda en depósito, y habiendo incrementado su fama. Es capaz de otorgar grandes poderes a los dignos, pero también puede maldecir a los indignos.

Santuario de Ise. Japón.
La recurrente espada vuelve a aparecer en la Historia en el siglo XII. Cuando el emperador niño Antoku es derrotado en 1185 en la batalla naval de Dan-no-ura, su abuela se arrojó al mar llevando en brazos al niño, y perdiéndose en el hundimiento de la flota  los tres tesoros imperiales, y con ellos la espada. Para muchos fue la réplica la que se hundió en el mar, y no la verdadera que nunca abandonó su sagrado lugar en el santuario de Ise, pues sacar la espada requería una compleja ceremonia que jamás se realizó.

La espada sufrió numerosos intentos de robo, incluso se llegó a afirmar que la verdadera desapareció en torno a 1472. Para rebatirlo existe quienes hablan del testimonio posterior de un monje que dijo haberla visto en buen estado, dando sus características: 84 centímetros de largo, de color blanco metálico, y en forma de diente de perro.

Para los japoneses la espada Kusanagi es una espada mágica asociada al poder del emperador, y que aún se conserva a salvo en el interior del Santuario de Ise. En la religión sintoista la espada representa el valor, y se guarda en una zona del santuario junto a las otras dos reliquias que es de acceso restringido. La televisión japonesa quiso filmarla, y a pesar de conseguir acceder al lugar, y afirmar que la espada estaba a salvo, no emitieron las imágenes alegando que estaba algo deteriorada, y no quisieron defraudar al pueblo japonés.

La espada sigue apareciendo frecuentemente en la cultura japonesa, sea en  mangas o animes de moda, en canciones, o en todo tipo de referencias. Pero para la mayoría esta Excalibur japonesa fue la espada del gran guerrero Yamatotakeru.

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