UN BANDIDO CONTRA ROMA

Soldado romano y esclavos. Izmir. Turquía. S. III. Ashmolean M. Oxford
BULLA FELIX

En tiempos del emperador Septimio Severo (193-211), coincidiendo con los primeros años del siglo III, el sur de Italia fue asolada por las correrías de una audaz bandido que trajo de cabeza a las autoridades imperiales. El intrépido bandolero era conocido como Bulla Félix.

Septimio Severo. Glyptothek Munich.
Bulla Félix, no era el nombre real del personaje que nos ocupa, sino su apodo. La bulla era una especie de amuleto redondo que se ponía al cuello de los niños varones, y félix, significaba afortunado, título que se solían poner los militares. De forma que Bulla Félix sería algo así como El Amuleto Afortunado. Estaba claro que dedicandose al bandidaje, se necesitaba un nombre sonoro, fácil de recordar, y a ser posible que trajera buena suerte, pues ahí está... Bulla Félix.

¿Quien era en realidad Bulla Félix? De sus orígenes se sabe poco, para algunos pudo ser un colono descontento huido de sus tierras, o un militar retirado. Entre el año 205 y el 207 sus correrías le hicieron famoso en la comarca de Brundisium. Pagaba sobornos a los funcionarios del puerto, compraba voluntades, y mantenía un tupida red de informadores, que le comunicaban que caravanas asaltar entre Brundisium y Roma, a quien desvalijar, y como sortear todos los controles. En poco tiempo había reunido un pequeño ejército de 600 hombres, compuesto en su mayoría de descontentos con la situación de inestabilidad que se había vivido los años anteriores: esclavos, libertos, desertores.

Llegó a ser admirado entre sus paisanos por su habilidad para escabullirse, su lealtad hacia sus seguidores, y su generosidad con los menos favorecidos. Se convirtió en un Pimpinela Escarlata, Robin Hood y el Zorro, todo en uno, pero en la antigua Roma.

"Pues, aunque fue perseguido por muchos hombres y pese a que Severo siguió ansiosamente su rastro, nunca fue realmente visto cuando se le creía ver, nunca se le halló cuando se pensaba haberlo encontrado y nunca se le capturó cuando se creyó haberlo capturado, gracias a sus grandes sobornos e inteligencia."(Historia Romana. Dion Casio.) 

Cuando necesitaba artesanos, eruditos, o gente que trabajara puntualmente para él, los capturaba les ponía a realizar el servicio que de ellos necesitaba, y luego los liberaba con una generosa gratificación.

Bulla de oro. S. I. M. E. Vaticano 
No abandonaba a su suerte a sus compañeros. Así cuando capturaron a dos de sus hombres, se aprestó a liberarlos. Condenados a las fieras, Félix se personó en la cárcel vestido lujosamente, y haciéndose pasar por gobernador imperial. Con toda desfachatez reclamó hombres para que trabajaran para él, y por supuesto, nadie se atrevió a negarle a tan ilustre personaje la entrega de un par de condenados.

Al enterarse de la porfía de un centurión por capturarle, se presentó él mismo ante el perseguidor, y haciéndose pasar por un delator, prometió al incauto llevarlo hasta el refugio del bandolero. Fuera de la ciudad a cubierto de miradas, capturó al ingenuo, lo llevó a su campamento, se visitó de juez, y le sometió a una parodia de juicio, al final del cual le rapó la cabeza - como se hacía con los esclavos -, y lo dejó en libertad con la siguiente píldora de sabiduría: "Lleva este mensaje a tus amos: Alimentad a vuestros esclavos, para que no se entreguen al bandolerismo".

Libertos imperiales mal pagados, o que no cobraban en absoluto, desertaron y pasaron a engrosar sus filas, donde además de cobrar por sus servicios, eran bien considerados. El emperador harto de la creciente fama y popularidad del bandolero, comisionó a uno de sus tribunos militares para que acabase con el impertinente, so pena de pagar caro el fracaso. El tribuno al frente de numerosa tropa y caballería, se aprestó a capturar al bandido, pero se topó con la poca o nula colaboración ciudadana. Al final tuvo que recurrir a la ayuda de un marido descontento, con cuya mujer mantenía relaciones Bulla Félix. La amante presionada por el cornudo, y con la promesa de inmunidad, acabó cantando donde se encontraba el refugio del amante bandido.

Gladiadores vs. fieras. s.I. M.N. Roma
Bulla Félix fue capturado mientras dormía en su cuerva, y conducido ante Emilio Papiano, prefecto del pretorio.

"Papiano, el prefecto del pretorio, le preguntó: "¿Por qué te convertiste en ladrón?". Y él replicó: ¿Por qué eres tú prefecto?" (Historia. Romana. Dión Casio)

El bandido generoso no obtuvo generosidad de sus captores, y fue entregado a las fieras del circo para que pagara sus crímenes, y así acabó la carrera de este Robin Hood romano. Sus tropas privadas del carisma del líder, se disolvieron, y las vías de comunicación entre Roma y el sur volvieron a estar libres de los asaltos de los bandoleros.

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