¿CANÍBALES PREHISTÓRICOS?

Reconstrucción del hallazgo de la gruta Guattari.

                                                       EL CRÁNEO DEL CIRCEO

En 1939 el señor Guattari dirige un hotelito en el Circeo. La zona es ideal en un promontorio sobre el mar Tirreno a 80 kilometros de Roma, con unas vistas espectaculares, y unos bosques de ensueño. El buen hombre decide hacer una obras para ampliar su establecimiento, al que afortunadamente afluyen los turistas. Si quitamos unas piedras aquí, y explanamos allá, tenemos una nueva terraza, y dicho, y hecho. Los obreros comenzaron a retirar molestos pedruscos cuando ante sus sorpresa descubrieron la entrada a una cueva, más bien una ranura. Además en el entorno descubren huesos.

Entrada a la cueva.
Con muy buen criterio A. Guattari  le enseña al profesor Blanc los huesos encontrados. Blanc los desecha como pertenecientes a cérvidos y équidos actuales, pero advierte al hotelero que en la zona se han encontrado fragmentos líticos del Paleolítico, y que es posible que aparezcan más cosas. El 24 de febrero de ese mismo año, al despejar la ranura, descubren la entrada a un túnel que se pierde en las oscuras profundidades. Guattari entra a cuatro patas por el túnel y desemboca en una caverna llena de huesos. Al día siguiente vuelve a entrar acompañado del electricista que trabaja en la ampliación de Villa Guattari. Desde la caverna principal exploran otras que la rodean. En una de las salas adyacentes descubren un cráneo humano rodado de otros restos. Entonces el empresario recuerda las recomendaciones del profesor Blanc, y deja las cosas en su sitio.

Al paleontólogo Alberto Blanc le faltan piernas para salir corriendo en dirección al Monte Circeo: Un cráneo humano son palabras mayores. La misma tarde del descubrimiento se introduce con nuestro intrépido hotelero en las entrañas de la Tierra. En la sala del descubrimiento, un cráneo de neandertal aparece rodeado de un círculo de piedras.  Como entre tanto la cueva ya empezaba a estar transitada de más, a lo que se añadía que el cráneo podía no estar ya en su posición original, puesto que el hotelero reconocía haberlo cogido, el profesor fotografía el hallazgo, se lleva el cráneo, y le pide al propietario que cierra la gruta.

Cráneo de Ned.
Ya en Roma se comienza el estudio de los restos fósiles. Las conclusiones son espeluznantes: El hombre era efectivamente un neanderthal, pero había sido asesinado de un golpe en la sien, presentaba huellas oscuras similares a quemaduras, los incisivos habían sido limados, y el orificio occipital había sido ensanchado intencionadamente. Las especulaciones se desatan: Rodeando al cráneo han aparecido además huesos de jabalí, ciervo y buey primitivo. ¡Eureka!, exclamaron algunos, hemos encontrado los restos del rito funerario más antiguo de la humanidad, una especie de suovetaurilia (sacrificio de cerdo, oveja y buey)  primitiva. Pero aún se fue más allá: El ensanchamiento del cráneo fue realizado para poder extraer el cerebro y comérselo en un rito claramente caníbal.

Por comparaciones con tribus primitivas en las que se conocía la práctica de canibalismo ritual, durante las cuales se comían los cerebros de los sacrificados para obtener sus virtudes, su nombre, o su poder; se llegó a sospechar que al Neandertal del Circeo le había pasado lo mismo, o algo parecido.

En años posteriores los estudios confirmaron que la cueva había sido habitada hacia unos 75.000 años por Neandertales, pero que hace 55.000 años empezaron a abandonarla. Hace 50.000 años la cueva cambia de propietarios, ahora son las hienas quienes se apropian de la gruta. Esto provoca una nueva teoría. 

Hace 50.000 años una hiena se encontró los restos de un neandertal, se llevó la cabeza a su cueva, y después con sus afilados dientes perforó el cráneo para comerse su suculento contenido. La historia del canibalismo fue descartada, y por supuesto la del ritual también.

Hiena riéndose del engaño. 
Pero todavía quedaba una duda. Parecía claro que la hiena había ensanchado el agujero occipital del cráneo, pero según los zoólogos que estudian el comportamiento de las hienas en África, éstas nunca perforan los cráneos, aun cuando sí es cierto que se los llevan a sus madrigueras para roer la carne que tienen adherida. Entonces la incognita volvió a quedar en el aire. ¿Pudo ser el hombre sacrificado en un ritual, y luego la hiena se llevó los restos, o simplemente el pobre tipo se destrozó el cráneo, y después sirvió de festín a la fiera?

Sea como fuera, el canibalismo parece estar atestiguado en otros lugares del planeta en diversos yacimientos prehistóricos. Algunos manuales siguen mencionando el fósil del Circeo como un ejemplo de ese tipo de ritos. Ahora bautizado como Ned, el hombre de Circeo, es toda una celebridad en su país, sus restos se exponen en el Museo Pigorini, y se publican libros sobre el mismo, sin embargo nunca sabremos como terminó sus días el pobre Ned. 

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