LA LENGUA MORDAZ

Bufón.. P.Veronese. Detalle Fiesta en casa de Levi. 1573. Venecia

FRANCESILLO DE ZUÑIGA, UN BUFÓN AL SERVICIO DEL EMPERADOR


Francés de Zúñiga, más conocido en su tiempo como Francesillo, nació en Bejar, provincia de Salamanca, allá por el 1480. Destacó en la corte de Carlos I como escritor, historiador, pero sobre todo como chistoso, o bufón que era como se solía conocer entonces a los graciosillos. Muy jovencito entró al servicio del Duque de Béjar, Álvaro de Zúñiga, de quien adopta el apellido. En un principio su vida no destaca sobre la de cualquier otro en su época. Se casa, tiene hijos, sigue al servicio del Duque, participa en diversas campañas militares, hasta que en 1522 entra al servicio del rey de España y emperador de Alemanía, Carlos I. Tampoco es que esto sea muy relevante, pues en una nación como la española que entonces dominaba medio mundo, estar al servicio del emperador te equiparaba otro sinfin de burócratas que luego llenarían las oficinas o covachuelas de los Austrias. Pero es que Francés, ya reconvertido en Francesillo, entra al servicio del emperador como bufón.

Bufón. W.M. Chase.1875. Pensilvania
El bufón, que parece una figura asociada al mundo medieval, evolucionó con el tiempo, y en la Europa de la Edad Moderna su papel ya no es sólo el de un payaso de escasa estatura vestido con alegres colores. Las cortes europeas tienen en sus bufones todo tipo de personajes, algunos de ellos de mordaz lengua, afilado humor, y peligrosa influencia sobre sus señores. Sus servicios solían convertirlos en privilegiados cortesanos, así el mismo Francesillo obtuvo para su hijo el privilegio de fundar mayorazgo (bienes vinculados al heredero). Algunos de estos bufones eran auténticos correveidiles, o espías, que tenían sus orejas prestas a escuchar cualquier maledicencia para ir a contárselas al monarca, algo así como los periodistas amarillistas del momento en versión regia. 

En 1525 Francés comienza a escribir una Crónica Histórica sobre el reinado de su protector. A diferencia de otras crónicas, los escritos del lenguaraz son mordaces, no le interesa tanto relatar hechos reales como mofarse de los protagonistas. Cuando las primeras paginas empiezan a circular por la Corte, las risas y el alboroto las convierten en un éxito. Francesillo se ha ganado sus primeros enemigos. En 1527 con la obra finalizada y circulando para desdicha de unos y regocijo de otros, se le recomienda al audaz escritor que se tome unas discretas vacaciones en Bejar. Algunos se la tienen jurada. 

Escrito de Francesillo
"La crónica burlesca del emperador Carlos V" de Francesillo de Zuñiga no pretendía sólo relatar los acontecimientos ocurridos durante los primeros años de éste presenciados por el autor, sino también contar indiscreciones reales o inventadas de los principales personajes del reino.

"Y el duque de Najera...decía en sus Thimologías que cosa vergonzosa será a los hombres hacer cosas torpes; y aún a él se le recordaba que jugando con el Emperador don Carlos a la pelota, se le había salido por la martingala (tira de tela de adorno por debajo de la camisa) un compañón (testículo) que parecía cabeza de labrador con cabellera." Vamos que el duque de Najera recomendaba en uno de sus escritos no hacer el ridículo, mientras él iba luciendo huevete frondoso ante el emperador. De este tipo solían ser los chistecitos del indiscreto. Lo peor es que al aludido no le quedaba más remedio que poner buena cara y aguantar las chuflas. Por ejemplo del papel de don Pedro de Bazan en la batalla de Villalar relata:

"...como Juan de Padilla le viese enristrar la lanza fuese para el dicho don Pedro y diole tal golpe que le echó fuera de la silla y no le pudieron conocer según el talle que don Pedro traía cuál estaba arriba si el culo o la cara. Y desde algunos años el dicho don Pedro murió como buen cristiano y caballero, y mandóse enterrar en una rodela, y ni de largo ni de ancho no sobraba nada ni le faltaba." Es decir que el papel del tal don Pedro no fue muy lucido además de ser desmontado por Padilla, le quedó la cara como el culo, o tan achaparrado del mamporrazo con la cara incrustada en el trasero que al enterrarse cabía en un escudo redondo.

También Francesillo fue el autor del famoso juego de palabras aplicado a un conde muy avaro. "Este conde sí que es-conde". Así mismo abundan las anécdotas de sus consejos al emperador, como cuando un caballero poseedor de escasas tierras lindando con Portugal, pide audiencia a don Carlos y, sabiendo Francesillo de la ambición y malas pulgas del solicitante, recomienda al rey que le conceda rápida audiencia porque "porque si se enoja es capaz de tomar toda su tierra en una espuerta (recipiente de esparto con dos asas, lo que llamamos también capazo o cesta) y pasarse a Portugal".

Las bromas a costa de los nobles no respetaban a nadie, y en su crónica comparaba por medio de metáforas a algunos Grandes de España con animales caracterizados en sus peores defectos. Mal llevan los nobles que un antiguo sastre de Bejar se permita compararlos con garzas, jabalís, y demás fauna autóctona, motejándoles de avaros, ambiciosos, lujuriosos, y demás. ¿Hay alguien que escape a sus bromas? Pues no, hasta la misma emperatriz cuando lo invita en ausencia del emperador recibe una audaz contestación: "No voy, porque cuando mis amigos no están en su casa no me atrevo a visitar  a sus mujeres".

Poco aficionado al combate, de los cuales debió de quedar bastante harto luego de participar en la batalla de Villalar (1521), el cerco de Logroño (1521), y la rendición de Toledo (1522), Francesillo intenta escaquearse de cualquier cosa que huela a armas. Eso no parece sentarle demasiado bien al emperador, que embarcado en sus campañas contra los turcos y contra los franceses, no soporta algunos chistes excesivos que el bufón hace sobre sus leales. Carlos V se lamenta de tener que rechazar a muchos que se le ofrecían mientras tiene que reclamar a los que prefieren quedarse en casa. En 1529 pierde el favor de Carlos V que parte para Italia, y el antiguo bufón escritor se exilia a Bejar: "Quiere a los que no le quieren y no quiere a los que le desean servir." Es la amarga despedida de Francés.

En 1531 muere el protector de Francesillo, Don Álvaro de Zuñiga. Francés ha alcanzado un soñado cargo público en su pueblo, es Alguacil Mayor. Después de enviarle una carta a la emperatriz Isabel ofreciéndole castañas y arrope de su tierra, y diciéndole cuanto añoraba la Corte, pero sin conseguir el pretendido retorno al favor imperial, el antiguo bufón está sólo. Ha llegado la hora de la venganza. Sin el favor imperial, sin la protección del fallecido Duque, su nuevo cargo no le va a servir de mucho. En febrero de 1532 unos desconocidos le salen al encuentro en una calle de Béjar. Cuchilladas en la cabeza, brazos, y manos, y una estocada mortal que le penetra por el lado izquierdo entre las costillas. Cuando su mujer oye los gritos y ruidos y acude a recibir a los que trae al herido, y pregunta por lo ocurrido, Francesillo aún tiene humor para responder: "No es nada señora, sino que han muerto a vuestro marido."    

Francesillo de Zúñiga hizo testamento esa misma noche, pero aún sobrevivió unos días a sus heridas. El último día de su vida recibió la visita de un antiguo compañero, Perico de Ayala, bufón del marqués de Villena, el cual viendo a su amigo en sus últimas horas le ruega:

"Hermano, por Jesucristo te pido que cuando estés en el cielo, como debes, ruegues a Dios para que tenga piedad de mi alma."

 La respuesta del bufón serán sus últimas palabras en la Tierra antes de expirar:

"Mira para que no se me olvide, átame un hilo en este dedo meñique."

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