LAS CONQUISTAS DEL CONQUISTADOR

Jaime I. M. Aguirre y Monsalve.1822-1856. D.P.Zaragoza

                
                                                            JAIME I Y LAS MUJERES
Estatua de Jaime I. Castellón
Jaime I rey de Aragón era hijo del rey Pedro II y María de Montpellier. Nació en el año de 1208. La concepción del futuro rey ya fue de por sí bastante curiosa. Según parece su padre no estaba muy entusiasmado con la mujer que le habían elegido por reina, él que a tantas amaba, y a quién le gustaban las mujeres en demasía, no tenía la más mínima intención de acostarse con la reina. Los nobles y consejeros del reino temiendo que no engendrará un heredero, le tendieron una trampa. Una noche que Pedro II yacía en su cuarto a la espera de la llegada de una de sus amantes, sacerdotes y cortesanos acompañaron a la reina María al cuarto del monarca, ésta se deslizó a oscuras en la alcoba, y mientras fueran se rezaban y cantaban en voz baja jaculatorias y oraciones, la reina y el rey consumaron el matrimonio, sin que el monarca se enterara muy bien de con quien yacía. Hemos de creer que previamente le adormecerían algo con vino, lo suficiente para estar medio atontecido, pero no lo bastante para evitar que cumpliera con el débito conyugal. A la mañana siguiente cuando los rayos de sol descubrieron el engaño, el rey se puso echó una furia, y aunque fue convencido por los mismos que colaboraran en el engaño de no repudiar a la reina, lo cierto es que Pedro II abandonó el castillo, a su esposa, y al fruto de la extraordinaria puntería de una sola noche de amor.  

Leonor de Castilla.
María de Montpellier quedó abandonada, pero dio  a luz a un niño a quien puso nombre después de encender 12 velas con nombres de apóstoles, y esperar a ver cual era la última en apagarse. La vela con el nombre de Santiago fue la que más duró, y el niño acabó llamándose Iago, o lo que es lo mismo Jaime. Jaime se crió sin padre, quien no mostró ningún interés por su vástago, pero del que sin embargo heredó su insaciable gusto por las mujeres: " Desgraciadamente el hijo del inconstante esposo de Maria de Montpelier no había estado exempto del defecto capital de su padre. También él era hom de fembres y cedió frecuentemente con facilidad a culpables inclinaciones." 

En 1220 con sólo 12 años, convertido ya en rey, fue obligado a casarse con Leonor de Castilla, la hija de Alfonso VIII, que tenía algunos años más que él (algunos dicen que sólo tenía dos años más). Pero claro estuvo un año sin consumar, pues como el mismo comentaba: " Y podíamos tener entonces doce años y entrabamos en los trece; así que un año estuvimos con ella que no podíamos hacer aquello que los hombres han de hacer con su mujer, porque no teníamos la edad." Algunas malas lenguas llegaron a decir que tuvieron que enseñarle al rey como actuar, pero debió de cogerle el gusto porque ya no paró hasta su muerte.

El joven Jaime era bien parecido y las mujeres se sentían atraídas por él,  según algunos historiadores:"El no tenía que tomarse más trabajo que el de escoger entre ellas."

De sus primeros y tempranos amores no ha quedado constancia, aunque según se comentaba fueron abundantes y variados. Elo Álvarez, dama de la corte castellana, pariente de la reina, se suele considerar su primera amante conocida. Cuando en su "Crónica", el rey se dirige a una dama como dilecta donna, suele querer decir que se ha acostado con ella, y Elo tiene el dudoso honor de ser la primera a quien le aplica dicho título. La reina Leonor calla y otorga, el distanciamiento entre el matrimonio ha comenzado, y desembocará en un divorcio en 1229. El Papa Gregorio IX anula el matrimonio con la eterna alegación de parentesco cercano, y la reina se retira al castillo de Ariza, que mantendrá mientras no se case. Un año antes del divorcio, el rey había empezado una nueva relación con otra bella dama: Aurembiaix.

Jaime I en Valencia. F. Richart Montesinos.1884. M.B.A. Castellón
Aurembiaix era la hija de Ermengol VIII, conde de Urgel. Habiendo perdido el condado, el padre había intentado conseguir el apoyo del rey Pedro para recuperarlo. Pensaba que un matrimonio con Jaime podría ayudarle  recuperar el condado para su hija. En 1228 es la  propia condesa la que se presenta ante Jaime I. La condesa de Urgel tenía fama de ser mujer de bandera, el año anterior había defendido con ayuda de otras mujeres la localidad de Martos del asalto de las tropas musulmanas. Cuando se presenta ante el rey de Aragón, éste queda prendado de su hermosura, y le promete su ayuda para recuperar el condado, claro está que a la condesita no le va a salir gratis. El 28 de octubre de 1228, el rey redacta un documento de concubinato, por el cual se compromete a dar un feudo al hijo que pudiera resultar de sus encuentros con Aurembiaix. Un año después la condesa se casa con Pedro I de Urgel.

Tras su relación con la belicosa condesa de Urgel, el rey se embarca en otras aventuras amorosas que le comprometen menos, aunque le proporciona algún que otro bastardo. Liado con Berenguela Fernández, ésta le da un hijo a Jaime I, Pere Ferrandis por quien el rey siempre tendrá debilidad. Nacido en torno a 1245, el bastardo real llegará a barón de Ixar, y almirante de la armada de Aragón con el encargo de proteger la costa de los ataques de los sarracenos.

Violante de Hungría.
Jaime I se casa por segunda vez, y en esta ocasión lo hace con una princesa de Hungría, Violante, hija del rey Andrés II de Hungría. Se pensaba hacer un buen negocio en tierras y dote, pero no fue así. En 1235 Jaime y Violante se casaban en Barcelona. La reina resultó ser de fuerte carácter, algo que parece ser atraía bastante al monarca, al menos en los primeros tiempos. Que no descuidó los deberes conyugales con su esposa lo demuestra la caterva de hijos que engendró la reina, nada menos que nueve, eso a pesar de que el rey mantenía relaciones con otras mujeres.

De 1236 a 1238, posiblemente alternándola con Berenguela y la reina, el insaciable Jaime, se encama con Blanca de Antillo, "Dama de Aragón, que era muy honrada y de alto linaje". Ser amante del rey, en aquel entonces no era una deshonra, sino todo lo contrario, y además de los beneficios de todo tipo, suponía un ascenso en el escalafón social considerable. De estos amores nace Ferrán Sanxes, o Ferrán Sanchez de Castro, quien le saldrá rebelde, y le ocasionará más de un quebradero de cabeza.

La reina Violante no para de tener hijos con el rey, y no parece importarle demasiado los devaneos extra matrimoniales de su marido, quien por otra parte la trata magníficamente, y la deja participar en consejos y decisiones militares, de hecho se afirma que fue la verdadera impulsora de la conquista de Valencia. La reina muere en 1251, pero Jaime ya tenía un doble recambio amatorio, y desde hacía un tiempo se acostaba con  Guillerma de Cabrera y Teresa Gil de Vidaure. ¡Dos mejor que una!

Guillerma de Cabrera era otra mujer de fuerte carácter que cautivó al rey, y le dio un hijo Arnau de Cabrera, a quién el rey mucho tiempo después le quitaría su esposa para convertirla en su última amante.

Últimos momentos de Jaime I.  I. Pinazo y Camarlench
Teresa Gil de Vidaure se convierte desde 1238 en la amante más o menos oficial del rey, y la que más le duró. Teresa mantuvo el interés del rey sin entregarse a él durante bastante tiempo, y sólo a cambio de que se casará con ella y la hiciera reina. Pero el rey incumple la promesa, pues continua con Violante hasta su muerte, y por ello no obtiene mucho de Teresa, aunque siguen manteniendo algún tipo de relación (No le debía de quedar tiempo para mucho entre conquistas militares y amorosas). A la muerte de la reina, la persistente Teresa vuelve a la carga. El rey incapaz de contener mucho más los ardores, le promete el matrimonio: "Ahora habéis de saber que este rey Jaime estando aún muy célibe, tomó secretamente por esposa a una gentil y muy agradable mujer y muy noble, llamada Teresa. Y es muy cierto que la susodicha Teresa Gil puso pleito ante el Padre Santo de Roma en favor de aquel matrimonio secreto que el Rey había hecho con ella, del cual tenía conocimiento el obispo de Gerona, por esto que el rey que estaba fuertemente enamorado de aquella tan bella mujer, que no podía vivir sin ella, le envía un servidor que le dice de su parte que la tomaría por esposa...Y entonces ella dice que...si él la tomaba por esposa, ella había de tomarlo por marido, y así hizo ella la voluntad del rey." Teresa consigue pues su matrimonio, un par de castillos, y a cambio le da dos hijos al rey. Hasta 1260 Teresa goza de privilegios y Jaime de ella. La insistencia de ella en que Jaime la reconozca públicamente, y la haga reina, empieza a "mosquear" al Conquistador Sus amenazas, y peticiones al Papa, no son del agrado del rey, que contraataca solicitándole al Papa le dispense de sus obligaciones maritales con Teresa, pues ésta ha contraído la lepra.

La realidad es que el inquieto Jaimito ya tenía nuevo "entretenimiento", Berenguela Alonso, pariente del rey de Castilla, Alfonso X que además era yerno de Jaime. El Papa se niega a disolver el matrimonio con Teresa, aunque ella se retira a un monasterio, y deja libre al rey para proseguir sus "conquistas". Las amenazas del Papa le importan poco o nada al rey, que le reclama continuamente la anulación, y le promete encabezar una cruzada si se la da. "Si bien hemos sabido con alegría que os proponéis ir en auxilio de Tierra Santa, queremos que sepáis que Jesucristo no acepta el servicio de aquellos que mancillándose en un contubernio incestuoso, lo crucifican otra vez". La respuesta de Clemente IV no hace mella en el monarca que sigue con Berenguela hasta la muerte de ésta en 1272.

Tumba Jaime I. Sta. María de Poblet. Tarragona.
Con más de 64 años los días de retozar alegremente de cama en cama parecen haber llegado a su fin para el rey Don Jaime. La muerte de Berenguela le ha afectado profundamente, y ella que no le dio hijos, sí le dejó heredero de todos sus bienes. El luto y la pena del rey le duran hasta 1275 cuando comienza su relación con Sibila de Sarga, esposa de uno de sus bastardos. Ella tiene entre 25 y 30 años, y él está en los 67. En junio de 1276 fallece el rey Jaime. La relación ha durado poco más del año. Sibila se ha convertido en un personaje influyente en la corte, e incluso mantiene buena relación con el heredero del trono e hijo del rey Pedro III. En su residencia real de Alcira se apaga el Conquistador, quien se ganó el sobrenombre por sus victorias territoriales, no como podríamos pensar por sus aventuras sexuales.

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