EL EMPERADOR CARLOS A LAS VIÑETAS

CARLOS V


Título Original: Carlos V

Guionista: Antonio Hernández Palacios

Dibujante: Antonio Hernández Palacios

Año de Publicación: 1999

País: España

Marco Temporal: 1521-1558

Marco Espacial: España





1521 La revuelta de los comuneros ha terminado en desastre. Tras la derrota en Villalar los principales líderes han sido decapitados. Hernán de Toledo, hijo de uno de los comuneros derrotados, huye de la catástrofe, y se refugia buscando amparo en la caravana de cómicos del Capitán Trapaza. La trupe viaja evitando las guerras y los conflictos, pero estos parecen perseguirlos: algaradas en Valencia, entrada de tropas francesas en Navarra...Decididos a abandonar España entran en territorio francés con intención de llegar a la tranquila Italia, pero descubren que la decisión no ha sido la más acertada.

Combinando las aventuras de un grupo de cómicos ambulantes con las campañas de Carlos V contra Francisco I de Francia, el cómic de Palacios hace un recorrido por la historia del emperador alemán y rey de España. El cómic se convierte casi en un documental en viñetas que sigue casi año por año las batallas del rey español. Los personajes que comienzan la historia se diluyen para dejar paso a la crónica histórica, aunque vuelven a hacer su aparición en momentos concretos, como durante el saqueo de Roma. A los personajes de ficción se suman personajes históricos que cruzan sus caminos con los cómicos y que sirven para contar otro punto de vista, y acontecimientos no presenciados por éstos, como es el caso de su encuentro con Cellini.

La idea era realizar un par de cómics conmemorativos celebrando los centenarios de Carlos V y Felipe II, para ello se le encargan al maestro Hérnandez Palacios, y éste desarrolla unas historietas que con tanto asesoramiento histórico pierden frescura. El guión del Carlos V está bastante deslabazado, sigue muy detalladamente los acontecimientos más importantes del reinado del emperador, pero los personajes ficticios que tenían que cumplir la función de hilo conductor, desaparecen, aparecen, y vuelven a desaparecer, a veces con explicaciones un tanto peregrinas, que más parece que estemos ante un libro de Historia ilustrado en el que se han colado unos invitados sorpresa.

El dibujo de Palacios es como siempre personalísimo, abigarrado, colorista, cubriendo hasta la última esquina, con unos trazos casi barrocos, lleno de redondeces, y con escenas que rozan el surrealismo. No voy a realizar comentarios sobre el final del cómic para no desvelar nada. El resultado es un cómic extraño, inclasificable, admirable a ratos, incomprensible a veces, lleno de datos incluso en ocasiones innecesarios, y que demuestra, a mi entender, que la historieta española como mejor funciona es cuando no la subvenciona ningún gobierno.

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