EL SANSÓN DE EXTREMADURA


Diego García de Paredes.  Grabado de 1791

DIEGO GARCÍA DE PAREDES

Diego García de Paredes nace en Trujillo en 1486 y morirá en Bolonía, Italia en 1533. Entre esas dos fechas el extremeño se convertirá en un personaje de leyenda, en un militar como ha habido pocos en la Historia, y que sin embargo permanece en el olvido para muchos de sus compatriotas.  Don Diego, nacido en familia noble, se crió y creció practicando el oficio de las armas en el que desde pequeño destacó por encima de todos. Pelea en la que Dieguito se metía, pelea que ganaba. Además, cosa rara, aprendió a leer y escribir. Al crecer el belicoso joven, creció también en cuerpo, y se volvió un hercúleo gigante del que se contaban hazañas imposibles: que si paraba con las manos una carreta de bueyes y hasta una rueda de molino, que si arrancaba las rejas para galantear a las damas, que si trasladaba enormes bloques de granito como quien lleva una ramo de rosas, vamos lo que hoy llamaríamos una auténtica "bestia parda".

Don Diego se embarca buscando dar salida a sus ansías guerreras hacia Italia, donde cree que encontrará oficio como soldado. Pero en Roma no consigue empleo, y se dedica a duelos nocturnos, en los cuales dejaba sin capa a los perdedores, que luego vendía en los mercados. Gracias a un pariente mejora algo su posición, pero el impulso le viene cuando el papa Alejandro VI, el Papa Borgia, le contempla en una de sus habituales hazañas. Un grupo de italianos de la guardia papal busca pelea con el extremeño, y para su desgracia la encuentra. Diego armado sólo con una barra de hierro se enfrenta a los italianos con sus espadas: mata a 5, hiere a 10, y deja al resto maltrechos o fuera de combate. Pero ¿a cuántos se enfrentó el animalote éste? El papa asombrado le nombra guardaespaldas, y así el español ligó su destino temporalmente al servicio de los Borgia. En una campaña durante la cual se tenía que entrar en Montefioscone, el mercenario arrancó con las manos desnudas las argollas de hierro del portón de la fortaleza, y así dejó paso libre a las tropas pontificias Para qué usar un ariete teniendo a Diego. Después de un duelo con un personaje principal al que vence y luego decapita sin piedad, es encarcelado, pero se fuga, dejando atrás su período al servicio del Papado.
Fortaleza  de Cefalonia. Grecia
Diego García va vendiendo sus servicios al mejor postor hasta que en 1500 se encuentra a las ordenes del Gran Capitán en el asedio a Cefalonia en Grecia, ciudad arrebatada a los venecianos por los turcos. El enemigo tenía una maquina llamada "lobos" que provista de ganchos atrapaba a los caballeros por la armadura los alzaba en alto y luego los estrellaba contra los muros, o los izaba a las almenas para darles muerte. García de Paredes fue uno de los soldados capturados de esa manera. Los turcos viendo al grandullón se apresuraron a izarlo para darle muerte sobre la muralla. Pero no sabían con quien habían topado. En el momento en que Diego se vio libre de los garfios, él sólo, armado de espada y escudo la emprendió contra los que venían a ultimarlo, se deshizo de todos ellos, enviaron refuerzos, y también se deshizo de ellos. Los turcos no se lo podían creer, no eran capaces de acabar con un sólo hombres, seguían enviándole tropas, y él solo las escabechaba. Tres días después el hambre y el cansancio le obligaron a rendirse. Los turcos pensaron que semejante pieza valdría un magnífico rescate, y le respetaron la vida. Encerrado en las mazmorras únicamente tuvo que esperar al asalto final de los españoles, entonces recobradas las fuerzas, arrancó las cadenas, tiró abajo las puertas, acabó con los guardias que lo custodiaban, y se incorporó de nuevo a la batalla en la cual "hizo tal estrago en los turcos que despedazó tantos como el ejército había acabado". Es decir que él solito despachó el mismo número de enemigos que el ejército entero. Ese día se ganó el sobrenombre de "El Sansón de Extremadura".

Volvió al servicio del Papa al que sirvió una temporada para de nuevo volver a los ejércitos de Fernando el Católico que en 1501 luchaba contra Francia por Nápoles. Durante la Guerra de Nápoles el gigantón cobró nueva fama de imparable. Armado con una gigantesca alabarda se metía en medio de los ejércitos franceses, sus compañeros le dejaban libre el camino, porque arremetía como un loco y partía por la mitad a todo el que se le pusiera por medio. En 1503 el Gran Capitán le hace un reproche al mercenario, éste lo lleva bastante mal, y con la rabieta que pilla se dirige él sólo a un puente sobre el Garellano, y armado con una enorme espada desafía a todo un regimiento francés (se decía que unos 2000 hombres) Ante el asombro de enemigos y amigos fue llenando el puente de cadáveres. Los franceses se amontonaban para derribar al gigante que blandiendo su espada con las dos manos no dejaba títere con cabeza. Le enviaron refuerzos, pero la artillería francesa obligó a los españoles a retirarse, menos Diego que insistía en pasar el puente (éste por tozudo debía de tener algo de sangre maña). Sólo los gritos y reconvenciones de sus compatriotas le hicieron abandonar la posición. Lo más insólito no fue el número de cadáveres que dejó tras de sí, sino que a pesar de los golpes recibidos él salió sin lesión alguna. Las "crónicas del Gran Capitán" informaron que había acabado con al menos 500 enemigos entre los que arrojó al río y los que mató con la espada. García de Paredes se estaba convirtiendo en un arma de destrucción masiva. (Ríete tú del Van Damme ese).
Grabado de duelo con montantes (espadas de 2 manos)
Cuando cesaban los combates Diego García se batía en duelo. Más de 300 celebró, y no perdió jamás ni uno, es más, algunos famosos personajes rehusaron enfrentarse a él, o huyeron de la lucha para no perecer a sus manos como el Mariscal de Francia, Coligny. Pero el mayor desafío fue el famoso duelo colectivo conocido como el "desafío de Barletta". Septiembre de 1502 franceses y españoles deciden realizar un torneo entre 11 caballeros de cada bando para defender el honor patrio. Diego está convaleciente de unas heridas, pero el Gran Capitán no puede prescindir de su mejor baza, y le conmina a aceptar el reto. El extremeño, por supuesto, acepta. Cinco horas después el resultado es el siguiente: Una especie de empate. Un español había caído prisionero, un francés muerto, otro prisionero por el propio Diego, y 7 más desmontados pero atrincherados tras los caballos muertos. Los españoles incapaces de desalojarlos de su posición defensiva, acceden a la petición francesa de dejarlo en tablas. Bueno, todos no, Don Diego no está nada de acuerdo. Herido, sin caballo y sin armas, decide que o acaba con los franceses o ellos con él. Opta por un método expeditivo, agarra las gigantescas piedras que marcaban el límite del campo y comienza a arrojárselas a los atrincherados franceses, ante el asombro de propios y ajenos. Los franceses ponen pies en polvorosa, y los generosos jueces deciden mantener a pesar de todo el empate. Por cierto,  en febrero del año siguiente se volvió a repetir el desafío, pero esta vez entre italianos y franceses, y de nuevo los franceses salieron mal parados.

Recompensado por el Gran Capitán con un marquesado volvió a España, donde defendió ante el rey a su jefe a quien habían calumniado. Luego el rey le retiró el marquesado, y decepcionado el gigantesco militar dejó España para dedicarse a la piratería. 

Con los años vuelve al servicio del rey Fernando, y luego al de su nieto Carlos. Participa en numerosas campañas, y asciende en el escalafón militar. En 1533 Diego García de Paredes se encuentra en Bolonia con las tropas del Emperador, ve a unos niños jugar a tirar una paja en una pared, e intenta hacerlo desde el caballo, pero con tan mala fortuna que se cae de la montura. La caída es fatal, y el guerrero imbatible moriría a resultas de la misma, "parece que le place a Dios que por una liviana ocasión se acaben mis días". Al lavar el cadáver del guerrero su cuerpo estaba cubierto de cicatrices. Durante su funeral todos los soldados se turnaron para llevarlo a hombros. Hoy está enterrado en la iglesia de Santa María en Trujillo. 
Tumba de Don Diego en Sta. María. Trujillo. España.

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