LAS JOYAS IMPERIALES DE JAPÓN II


YATA NO KAGAMI, EL ESPEJO SAGRADO

Yata no Kagami, el Espejo sagrado es otro de los tres objetos míticos que forman parte del tesoro imperial japonés. Si la espada kusanagi representaba la valentía, el espejo será el símbolo de la sabiduría. Si la espada estaba asociada a un dios, Susanaoo, el espejo irá relacionado con una diosa, Amaterasu.

Amaterasu era la diosa del sol, y antepasada de la familia imperial japonesa. Su hermano, el dios Susanaoo, descontento con el reparto hecho por su padre, coge una rabieta de niño consentido, y comienza a comportarse como un idiota: se emborracha, arrasa los campos de arroz y llena sus canales de irrigación, tira excrementos en los templos y el palacio; y para acabar de hacer la gracia, mata al caballo celestial y tira su cadáver sobre los telares donde trabajan unas doncellas a las que causa daños irreparables con las astillas de los telares rotos (o mueren o según otras versiones daña...¡sus órganos reproductores! Mejor no preguntar por el tamaño de las astillas.) 

La diosa Amaterasu se hartó de la conducta de su hermanito, y enfadada se encerró en una cueva de la que se negaba a salir. Como consecuencia el sol no salía, y el mundo se sumió en la oscuridad y el frío, las cosechas se helaban, y la tierra y sus habitantes se iban muriendo. Los otros dioses se asustaron. Si la Tierra moría quién quedaría para adorarlos. Así que se trazó un plan para hacer salir a la diosa de la gruta en la que se había refugiado.

La diosa Amaterasu saliendo de la cueva. 1857
Los dioses montaron una ruidosa fiesta en el exterior de la cueva, algo así como un botellón divino. Ama no Uzume, la diosa de la danza, la fertilidad y la felicidad, volcó una tina llena de agua, y se puso a bailar a su alrededor mientras se arrancaba la ropa, enseñaba los pechos, y se contoneaba, claro está que la fiestera diosa aumentó aún más el escándalo y ruido que ya de por sí era considerable. Con semejante algarabía era de esperar que la eremita asomara la cara para ver que estaba pasando (entonces no había el recurso de llamar a la poli o ponerse unos tapones para los oídos). El dios de la inteligencia había colgado un espejo enfocado hacia la entrada de la gruta. Cuando Amaterasu preguntó que ocurría, se le contestó que había una nueva Megami (diosa), y le señalaron el espejo. En el espejo vio un ser brillante y luminoso, que resultó ser su propio reflejo. Mientras se distraía con su propio reflejo que nunca antes contemplara, los otros dioses sellaron la caverna tras la diosa. Luego convencen a la enfadada divinidad de retornar a sus divinas tareas.

Ya tenemos de nuevo a la diosa dedicada a ejercer de tal y al espejo sagrado asociado permanentemente con ella. Amaterasu encargó a su nieto que pacificara la tierra de Japón, algo que su descendiente fue incapaz de realizar. La diosa se vuelve entonces hacia su bisnieto, Jinmu, que sí completa la tarea asignada por la diosa, y se convierte en el primer emperador del Japón.

Emperador Jinmu.. G. Adachi. 1891
Jinmu que, según las crónicas, reinó desde el 11 de febrero del 630 a.C. hasta el 585 a.C., recibió de su divina antecesora tres regalos que desde entonces irían asociados a la familia imperial japonesa: la espada Kusanagi, de la que ya hemos hablado; el collar Yasakani, del que hablaremos en una próxima entrega, y por supuesto, el espejo Yata no kagami, del que estamos hablando. La diosa al entregar a su bisnieto el espejo le dijo: "Piensa que este espejo sagrado no es más que yo misma, cuídalo y adóralo por siempre".

El espejo, cuyo nombre significa espejo de las ocho manos por el dibujo octogonal interno, según algunos contenía en su reverso una serie de inscripciones con las instrucciones para el regreso de la divinidad. El tipo de espejo circular de bronce se originó en China, pero con la difusión de la técnica del trabajo en bronce saltó a Japón, donde se han encontrado algunos en varias tumbas. El espejo sagrado sin embargo estuvo asociado siempre a la familia real, y el emperador lo mandó colocar en lugar seguro. El sintoismo creía que el espejo no reflejaba sólo nuestra imagen sino también nuestra alma, por ello los santuarios sintoistas tenían espejos, y el Yata no kagami se encontraba en el interior de uno de estos templos, el de Ise, en cuyo santuario interior, el Naiku se cree se guarda el espejo sagrado.

Sin embargo el espejo no siempre estuvo a salvo. En el año 1040 la reliquia se quemó en un incendio. No se sabe si se perdió totalmente o no. A veces se afirma que el actual espejo se realizó a partir de los restos del original. También existe confusión en torno al lugar en que se guardan los objetos sagrados, pues se afirma que se repartieron en diferentes santuarios, y otras veces que están en el mismo. Pero es que el emperador Sujin (97 a.C.- 30 a.C.) mandó realizar copias de las reliquias, lo que contribuye a aumentar aún más la confusión y el secretismo sobre el destino final de los objetos.

MacArthur y Hiro Hito en 1945.
Poseer los objetos sagrados dotaba a la casa imperial reinante de la necesaria legitimidad. Así desde el año 690 la presentación de los objetos al emperador por parte de los sacerdotes del Shinto formaba parte de la ceremonia de coronación. Tan importantes fueron que en el siglo XIV durante el período de las dinastías del norte y el sur, cuando la Dinastía del Sur se apoderó de los objetos sagrados, los utilizó para confirmarse como los legítimos herederos del trono imperial.

El propio emperador Hirohito después de la conferencia de Postdam en julio de 1945, estaba más preocupado por reubicar los objetos sagrados que por el destino de su país, así ordenó al Guardián Imperial del Tesoro, "protegerlo a toda costa".

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