ELLAS Y EL NUEVO MUNDO

Inés Suárez. MHN de Chile.1897
ESPAÑOLAS EN EL DESCUBRIMIENTO

Estamos tan acostumbrados a estudiar las grandes gestas de los descubridores y conquistadores de América que a menudo olvidamos el papel que tuvieron las mujeres, si es que tuvieron alguno. En alguna ocasión ha ido apareciendo en mis artículos la figura de Catalina de Erauso, la monja alférez, extraordinaria mujer, aunque de mujer tenía más bien poco. Pero ¿había más como ella? ¿fueron sólo prostitutas y mujeres de mal vivir las que acompañaron a los conquistadores? El Inca Garcilaso cuenta una anécdota que no las deja en muy buen lugar.

Cuando un grupo de mujeres solteras llegaron a América se les ofreció una fiesta de bienvenida para que conocieran a los que iban a ser sus maridos. Ellas acudieron vestidas con sus mejores galas, y al ver a los soldados, una de ellas exclamó:  "Doylos al diablo ¡Parece que escaparon del Infierno, según están de estropeados: unos cojos y otros mancos, otros sin orejas, otros con un ojo, otros con media cara, y el mejor librado la tiene cruzada una y dos y más veces!" Su compañera, más astuta, le contestó: "No hemos de casar con ellos por su gentileza, sino por heredar los indios que tienen, que según están de viejos y cansados se han de morir pronto y entonces podremos escoger al mozo que quisiéramos." Un soldado que las escuchó, lo contó a sus compañeros, volvió a su casa, buscó un sacerdote, y se casó con la india con la que ya tenía varios hijos.

Pero evidentemente no todas eran así, y algunas de ellas destacaron en un mundo dominado por los hombres, cometiendo los mismos errores que ellos, pero también sus aciertos y glorias. 

Isabel Barreto. La almiranta. Isabel Barreto (1567-1612) nació en Pontevedra y se casó con Álvaro de Mendaña que comandó varias expediciones por el Pacífico y fue el descubridor de las islas Salomón y las Marquesa. En 1595 acompañó a su marido en la expedición con destino a colonizar las islas por él descubiertas. Pero Mendaña falleció, y de esta forma Isabel pasó a ser su sucesora, y primera Almirante de la flota española, como ya comentamos al tratar la novela de Graves "Las islas de la Imprudencia". Tuvo que hacer frente a una sublevación de los indígenas que la obligó a abandonar las islas, y a la rebelión de varios de sus marinos, que solventó con mano de hierro por medio del ahorcamiento de los rebeldes.

María de Toledo. R. Dominicana
María de Toledo.  La virreina. María Fernández de Toledo (1490-1549) se casó con el mayor de los hijos de Colón, Diego. Llegó acompañando a su marido a Santo Domingo en 1509, donde él iba a ejercer de virrey, aunque en sus numerosas ausencias, era ella quien ostentaba el mando, así que fue la primera virreina consorte del Nuevo Mundo. Cuando murió su marido se convirtió en una verdadera leona en defensa de los intereses de sus herederos, e incluso fue quien tramitó el destino final de los restos de su suegro y de su esposo.  

Francisca Ponce de León. La armadora. Nacida en torno a 1492 fue la hija de Rodrigo Ponce de León, Conde de Arcos. A la muerte de Don Rodrigo su hija hereda una inmensa fortuna y extensas tierras, pero tiene que negociar con los reyes la conservación de los títulos otorgados a su padre, entre ellos el Ducado de Cádiz. En 1509 se convierte en armadora al fletar una nao, la "San Telmo", con destino a Santo Domingo.

Beatríz de la Cueva. La gobernadora. Beatriz de la Cueva (1500-1541) nacida en Úbeda (Jaén) fue la esposa del conquistador Pedro de Alvarado, y con él se marchó a Guatemala, de donde éste había sido nombrado gobernador. El inquieto Don Pedro marchó en busca de aventuras, quedando Beatriz como gobernadora interina, pues a diferencia de su marido, una autentica "bestia parda", la gentil Beatriz se había ganado el cariño de todos por su trato dulce. En 1541 Alvarado muere sofocando una revuelta, y doña Beatriz queda viuda. El cabildo la eligieron como gobernadora hasta la llegada del nombramiento desde España, ella firmó como "La sin fortuna", después de pintar toda su casa de negro. Nombró a su hermano como Regidor como habían propuesto, y se retiró a su hacienda. Dos días después un terremoto, seguido de un alud de agua y lodo, sepultó la ciudad y la hacienda de la breve gobernadora acabando con su vida.
   
Almud.
María Escobar. La emprendedora. Nacida en 1520 en Trujillo, muerta en Cuzco en fecha desconocida, fue de las primeras españolas en Perú. Pero no es conocida por eso. Casada con el conquistador Diego Chaves, se marchó en 1540 a Perú, pero tuvo la inteligente idea de llevarse de España medio almud de trigo (un almud era una especie de cubilete con una capacidad aproximada de 10 u 11 decímetros cúbicos). Cuando María llegó a Lima repartió entre agricultores de Lima y Cañete unos 20 granos por cabeza, y ahí comenzó la implantación del trigo en América. En el año de 1547 quedó viuda y se retiró a Cuzco donde intentó aclimatar el nuevo cultivo en sus tierras.

Mencía Ortiz. La empresaria. Poco se sabe de esta empresaria, salvo que en 1549 se concierta con otros socios, entre los que se cuenta un tal Rodrigo Franquis, para dedicarse al tráfico de mercancías con América. Crea una compañía que registra ante el jurado Francisco Ruíz, y en donde ponen como bien una nao "La Concepción", que ya tiene las bodegas cargadas y está presta para partir hacia su destino. Será una de las pioneras, pero no será la única en intentar explotar el nuevo mercado que suponían las Américas.

Fotograma de  "La Araucana" con Elsa Martinelli como Inés.
Inés Suárez. La guerrera. Inés Suárez (1507-1580) nació en Plasencia, Extremadura, casada con poco más de 19 años, su marido se embarcó hacia América dejándola a ella en España. Años después Inés llegó a América buscando a su esposo sólo para descubrir que había muerto. Se une a Valdivia y con él participa en la conquista de Chile. Se la considera fundadora de la ciudad de Santiago de Chile, en cuya defensa colaboró cuando fue atacada por los indígenas. Se contaba la anécdota de que durante la defensa ordenó decapitar a los caciques cautivos, al preguntársele como tenían que hacerlo, ella misma cogió la espada y los decapitó, arrojando luego sus cabezas entre los atacantes. Isabel Allende publicó una novela sobre el personaje, "Inés del alma mía", y en el cine Elsa Martinelli la interpretó en "La Araucana"(1971).

Francisca Brava. La negocianta. En torno a 1549 una espabilada sevillana, Francisca Brava, vio el negocio en las Américas sin necesidad de embarcarse para ellas. Para viajar al Nuevo Mundo se necesitaban unas licencias que únicamente expedía la Casa de la Contratación, y estos permisos se negaban precisamente a quienes más necesidad tenían de buscar una nueva vida: conversos, descendientes de procesados por herejía, esclavos, extranjeros nacidos en territorios fuera del Imperio. Pues para eso estaba Francisca que emitió unos magníficos pasquines que hizo circular por su ciudad: "Quien quiera comprar una licencia para pasar a las Indias, váyase entre la puerta de San Juan y Santiesteban, al camino que sale a Tudela, cabo de una puente de piedra, y allí pregunte por Francisca Brava, que allí se la venderá." La desfachatez de la individua es espectacular, suponemos que para atreverse a publicitarse así o estaba muy segura de no ser pillada o tenía comprados a los encargados de detenerla.

Ingrid Rubio como Mencia
Mencía Calderón. La exploradora. De origen noble Mencía estaba casada con el adelantado Juan de Sanabria, con quien emprendió la expedición destinada a establecerse en el Río de la Plata en 1550. Se trataba de embarcar mujeres para mejorar la raza y frenar el mestizaje. Pero el adelantado murió sin embarcarse, y heredó el título su hijo de 18 años, hijastro de Mencía. Ésta fue quien comandaba a las damas, y en gran medida también la misión. Naufragios, ataques corsarios, tempestades, fueron algunos de los males a los que se enfrentó la desafortunada expedición. Luego todo un periplo por tierra hasta llegar a los asentamientos, mientras Mencía cuidaba de su rebaño de mozas casaderas, llegando a destino en 1556. La novela de Elvira Menendez " El corazón del océano", y la subsiguiente serie televisiva tienen a Mencía como protagonista encarnada por la bella Ingrid Rubio en este rol de jefa de la caravana de mujeres.

Isabel de Guevara. La fundadora. Isabel formaba parte de un grupo de mujeres que salió en una expedición en 1535 con rumbo al Río de la Plata encabezada por Pedro de Mendoza. La expedición fue nefasta, las penurias inimaginables, y los hombres eran poco menos que muertos vivientes. Fueron las mujeres las que tomaron su lugar e hicieron las labores que los hombres ya no tenían fuerzas para realizar. Isabel se convirtió en la jefa de una expedición en la cual más de 1000 habían muerto de hambre, donde posiblemente algunos habían practicado el canibalismo, y en donde sólo ella y sus mujeres mantuvieron la cordura. Se convirtió así en una de las fundadoras de Asunción y Buenos Aires. En 1556 tiene además el valor de escribirle a Doña Juana, la hermana del rey, y encargada de los asuntos de América, ya que se siente agraviada por el injusto trato recibido, le afea a sus gobernantes su conducta y después de relatar las penurias y los trabajos realizados, reclama recompensa para ella, y algún cargo para su marido "en esta tierra, porque al presente se repartió por la mayor parte de lo que hay en ella sin que de mí y de mis trabajos se tuviera ninguna memoria, y me dejaron de fuera." Con dos...narices.
    
Ana de Ayala. La valerosa. La sevillana Ana de Ayala se casa con Francisco de Orellana en 1544 a pesar de la oposición contra el matrimonio, quizás según algunos porque ella había sido prostituta. Pero Ana es de esas mujeres que no se dejan achicar por nada y por nadie, acompaña a su marido a América, y no sólo eso sino que le sigue en su expedición al Amazonas. La flota de 400 hombres y 4 capitanes permaneció perdida en el interior del río durante 11 meses. Ana tiene que enterrar a su marido en la orilla del gran río bajo un árbol. Cuando los rescatan sólo quedan vivos 44, entre ellos la valerosa sevillana, que tiene aún los arrestos suficientes para achacar el fracaso de la expedición al rey por no haberles dotado de medios suficientes.

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