LAS JOYAS IMPERIALES DE JAPÓN III

YASAKANI NO MAGATAMA, EL COLLAR BENÉFICO.

La tercera de las joyas imperiales de Japón es el Yasakani no Magatama, la cuenta de collar o el collar mismo que representa la benevolencia. Al igual que los otros dos objetos fue entregado por un dios, Tsukuyomi no Okami, el dios de la Luna.

Los magatamas son abalorios que se suelen encontrar en túmulos funerarios como ofrendas a las divinidades. Suelen ser de distintos materiales, aunque lo normal es que sean de jaspe, jade, talco, ágata o cuarzo. Cuándo apareció es algo en lo que aún no se han puesto de acuerdo los estudiosos, aunque algunos lo hacen proceder de Corea en el siglo IV, y otros lo remontan mucho más atrás en el tiempo, al período Kofún (13.000-300 a.C.). Sí parece ser cierto que la actual forma de los magatamas aparece después del año 300.

Collar de magatamas de un enterramiento. M. de Edimburgo.
Sí difícil es conocer la fecha de su aparición tampoco es fácil saber el origen de su forma. Algunos alegan que representa el colmillo de algún animal, y que por tanto iría asociado a la buena suerte en la agricultura y la ganadería, imagino que como reminiscencias de la etapa cazadora del hombre primitivo. Para otros representaba el vientre materno, o incluso el embrión, e indicaría la bendición del nuevo hijo, la fertilidad, el crecimiento, la longevidad, etc. Por si esto no fuera suficiente, hay quien cree que son un derivado del símbolo chino del ying y del yang. Lo que es indudable que sea cual sea su origen es siempre un símbolo de buena suerte, e incluso hoy en día se vende como amuleto.

Lo más importante de estas joyas es que de alguna forma existía la creencia de que servían de comunicación entre los dioses y los mortales. Un chamán captaba a través de ellas el espíritu de un kami (divinidad japonesa) y podía entrar en contacto con ella. Cuando se regalaba uno de estos amuletos se trasmitía también su fuerza espiritual y su poder, ya que se suponía que atraían también a los kamis pues podían ser residencia temporal de su espíritu.

Amaterasu con el collar.
Y aquí es donde entran en juego los Yasakani, es decir el collar imperial. Como recordamos de las historias anteriores (Ver Joyas I y II), la diosa Amaterasu se había encerrado en una cueva y se negaba a salir al mundo exterior. Hecho que no tendría la más mínima importancia si ella no fuera la diosa del sol, y sin sol todo lo demás se muere. Los dioses, poco dispuestos a quedarse sin adoradores, diseñaron el famoso plan para hacerla salir de su escondite refugio. Además del espejo ya comentado, el dios lunar aportó su granito de arena al plan, y colgó un collar de cuentas de jade del árbol cercano a la entrada de la cueva. Este collar tenía el poder ya comentado de atraer a los dioses, y la diosa solar además de los ruidos y la fiesta también se sintió atraída por la joya.

Cuando se entrega  el Yasakani al emperador se le está dando además de un símbolo y un deseo de buena fortuna, un medio de comunicarse con los dioses o de tener una parte de ellos. Es pues uno de los elementos fundamentales que garantizaban la legitimidad del poder imperial. De hecho se afirma que es el único de los tres objetos que sigue siendo el original, y que a diferencia de los otros dos no ha sufrido ningún tipo de modificaciones.

Después de que la diosa entregara a su nieto las famosas joyas, éstas quedaron asociadas al emperador de Japón, y en la ceremonia de entronización el nuevo emperador debe portar el collar de jade. El Yasakani se encuentra depositado en el Kashiko-dokoro, el santuario central del Palacio Imperial de Tokio. 

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