LAS CHULERÍAS DEL CONDE

Retrato del conde en un sello de Correos
JUAN DE TASSIS Y PERALTA, CONDE DE VILLAMEDIANA

Don Juan  de Tassis nació en Lisboa en 1582. Era hijo del primer conde de Villamediana quien gracias a sus servicio como correo mayor del reino se le había concedido el título. Juan era por tanto el típico hijo de papá, bien colocado, y con un futuro prometedor ante sus narices. Criado en el mejor ambiente, y con dos de los mejores tutores de la época, recibió una de las educaciones más selectas disponibles. Como todo hijo de papá que se precie fue a la Universidad, pero no cursó, o mejor, no acabó ninguna carrera. Por supuesto con sus contactos acabó como gentilhombre del rey Felipe III. Para acabar de afianzar su posición en la corte, se lió con una mujer mayor que él, pero con poder e influencias, Magdalena de Guzmán. La relación terminó a tortas. Un día durante la representación de una comedia y ante todo el mundo, Juan abofeteó a la dama.

En 1601 el libertino da muestras de asentar la cabeza, se casa con Ana de Mendoza. Años después a la muerte de su padre en 1607, hereda su cargo de Correo mayor del reino. Pero no era Don Juan hombre de vivir tranquilo. Las mujeres y el juego son su perdición, y es incapaz de resistirse. Como jugador es casi imbatible, con las cartas en la mano arruina a más de un noble. Esto podía no ser muy grave si no fuera porque además solía alardear de sus conquistas, en algunos casos las mujeres de aquellos a quienes venciera a las cartas.

Felipe IV. Velázquez
Al conde le gustan los caballos , las joyas, y todo tipo de lujos. Vive apurando el momento, sin importarle las consecuencias, y siempre haciendo alarde de sus logros al tiempo que ridiculiza a los demás. Su afición a la poesía le lleva a codearse con algunos de los grandes literatos del Siglo de Oro español, algunos como Góngora le honraron con su amistad, otros como Ruiz de Alarcón le despreciaron profundamente, éste último le dedicó un terrible epitafio: "Aquí yace un maldiciente, que hasta dijo de sí mal".

Y  Alarcón no se equivocaba, Don Juan empezó a hacer gala de una despiadada y mordaz habilidad con el verso que empleaba con quienes no gozaban de su aprecio. Entre 1611 y 1617 tuvo que partir al destierro a Italia. A su vuelta a España en lugar de haber escarmentado la emprendió contra los grandes de España entre los que se encontraba el todopoderoso Duque de Lerma. Sus sátiras contra la corrupción de la corte le valieron el alejamiento de la corte, y que partiera rumbo a Andalucía.

Muerto el rey, Don Juan vuelve a palacio de la mano del conde Duque de Olivares. Es el año de 1621, y el conde ya no es un jovencito, ronda los 40, pero su espíritu no se ha apaciguado. Si alguien piensa que con la madurez llega el sosiego, al menos en el caso de Don Juan, se equivoca. El último año de su vida estará lleno de chulerías, desafíos a la autoridad, y despropósitos varios, que acabarán por precipitar su final.

Los relatos sobre sus andanzas en la corte de Felipe IV  se convirtieron en legendarios, y hoy es difícil distinguir entre los real y lo ficticio. Don Juan de Tassis se acostaba con todo lo que se le ponía a tiro, y luego hacía burla y mofa de maridos cornudos, o amantes despechadas. Hábil también con la espada, no dudaba en batirse con quien cometiera el error de desafiarle, lo cual no era muy habitual. Le daba igual jovencitos que damiselas, y su nombre apareció asociado a un proceso llevado a cabo por sodomía, luego de su fallecimiento.

Isabel de Borbón. Velázquez. 1632
El conde de Villamediana sólo amaba una cosa: el peligro. Disfrutaba con forzar situaciones al límite, y encontró en los jóvenes reyes  la presa perfecta. Felipe IV de 17 años era un joven al que le gusta por encima de todo divertirse, y por supuesto las mujeres, sus escarceos amorosos con actrices y damas de la corte son más que conocidos. Por supuesto don Juan no puede evitar jugarsela al rey, y conquista a una de sus amantes, Francisca de Tavora, una marquesa a quien le saca como prenda de amor una escarapela, que el mismo rey le había regalado. ¿Qué hace el piezas de Juanillo? Pues pasearse delante del rey luciendo la prenda de amor del monarca, burlándose así descaradamente del rey. Las malas lenguas afirmaron que el celoso soberano acudió a casa de su amante disfrazado de criado para sorprender en flagrante delito al conde. Pero éste en lugar de amilanarse, la emprendió contra el supuesto criado, e incluso llegó a pincharle con su daga, alardeando luego de que ésta probará sangre de la Casa de los Austrias. Al día siguiente el conde recibiría una orden de abandonar la corte, que él por supuesto desobedeció, y por el contrario se presentó ante la corte y el rey luciendo una joya de esmalte en el sombrero que representaba a un diablo entre llamas con la divisa "Mas penado, menos arrepentido".

Otras historias refieren sin embargo que el objeto de la rivalidad entre el monarca y el conde, no es la marquesa de origen portugués, si no la propia reina, Isabel de Borbón. La francesa conocida por su belleza e inteligencia despertó en el atrevido conde las ganas de sumarla a sus conquistas, pues además de sus cualidades aunaba el mayor factor de riesgo conocido, ya que estaba prohibido hasta tocarla.

En la primavera de 1622 los reyes deciden celebrar unas fiestas en Aranjuez. Don Juan se encargará de representar una de sus obras "La gloria de Niquea". Se trataba de una de esas comedias llenas de fábulas, cantos, recitaciones, y elementos fantásticos, algo así como una película de efectos especiales de hoy. Se montan costosos escenarios, y en un momento culminante se abre una montaña y aparece un palacio de oro y espejos en cuyo trono se sienta la "reina de la hermosura", que era la propia Isabel de Borbón. Acabada la fastuosa representación se trasladan los reyes al Jardín de los Negros donde en otro teatro improvisado se va a representar una obra de Lope de Vega. La supuesta ocurrencia del impresentable fue prenderle fuego al teatro en plena función. Un cortinaje empezó a arder y el humo invadió el escenario poniendo en fuga a público y actores, momento que aprovechó Juanillo para hacerse el héroe y arramblar con la reina en brazos, aparentemente desmayada, y perderse por los jardines. Menos mal que el conde duque de Olivares estaba al quite y avisó al real marido que acudió raudo a recuperar a la esposa rescatada.

Rejoneo. 1643. Biblioteca Nacional de España
Aunque hay quien dudaba que los amores del atrevido conde fueran correspondidos por la reina, se contaba una anécdota en la cual sorprendida Isabel en un balcón de palacio por un atrevido que la sujetó tapándole los ojos desde su espalda, la reina se desasió exclamando: "¡Estaos quieto conde!". Pero el osado no era otro que el propio rey, quien le pidió explicaciones sobre el epíteto. "¿Acaso no sois conde de Barcelona?", contestó la espabilada.

El soberano mosqueo debió de ir en aumento ante las osadías del condesito de marras. Que la reina le pregunta cuál es el objeto de sus amores, Villamediana le envía un espejo y unos versos. Que se le invita a una fiesta, pues aparece ataviado lleno de reales y con la atrevida divisa "Estos son mis amores". En seguida hubo quien tuvo a bien explicarle al rey lo de "mis amores son reales", a lo que éste, cada vez más mosca contestó: "Pues yo los haré cuartos", juego de palabras que implicaba por uno el amor de la reina, y por el otro el trocear al miserable.

Cuando el de Villamediana quiso lucirse durante una corrida de toros, saltó al ruedo, y montado a caballo hizo unos cuantos pases como rejoneador, picando y esquivando al toro con asombrosa maestría y mayor osadía. La reina admirada del valor del conde afirmó: "Pica bien",  a lo que su cada vez más amoscado marido le replicó: "Pica bien, pero muy alto".

La muerte del conde. M. Castellano. 1868
El 21 de Agosto de 1622 el conde iba en carroza con uno de sus amigos cuando de un portal salió un hombre que mandó parar el coche, se acercó al conde y le dio un golpe con un estoque o arma similar que le atravesó un brazo, le taladró el pecho y le rompió dos costillas, asomando por el hombro. El conde se bajó del coche, quiso sacar la espada, pero se desplomó en la calle. Mientras el asesino huía ayudado por desconocidos que se liaron a golpes con los lacayos que iniciaron la persecución. El mismo conde había vaticinado su destino, pero como él mismo escribió:

Sépase, pues ya no puedo, 
levantarme ni caer
que al menos puedo tener
perdido a Fortuna el miedo.   

Desde el momento de su muerte el poeta y libertino, Juan de Tassis, conde de Villamediana, entró en la leyenda. La gran pregunta fue ¿quién mató al conde? Una amante despechada, un marido cornudo, uno de los nobles arruinados por sus tretas, alguno de los implicados en el posterior proceso de sodomía, las altas esferas encabezadas por el Conde duque de Olivares para evitar el escándalo de enjuiciar a un noble por el "pecado nefando" ... Pero para la mayoría el principal instigador del crimen estaba más arriba, era el mismo Felipe IV. Pronto las habladurías y las historias en torno a sus amores con la reina circularon por todo Madrid, y una coplilla anónima, aunque hubo quien dijo que detrás estaba Góngora, señalaba al rey.

Mentidero de Madrid
decidnos: ¿quien mató al Conde?
Ni se sabe ni se esconde.
Sin discurso discurrid.
- Dicen que le mató el Cid
por ser el conde lozano.   
¡Disparate chavacano!
La verdad del caso ha sido
que el matador fue Bellido
y el impulso soberano.  

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