LOS BANQUEROS Y LA CRISIS...EN ROMA

Argentarios. Relieve romano s. IV
LA CRISIS DEL 33 Y LOS ARGENTARII

Podríamos pensar que la crisis financiera y los problemas con los bancos es cosa de nuestra civilización, del capitalismo feroz, y del mal entendido estado del bienestar, pero que va, ya antes que nosotros hubo otros que padecieron parecidas desventuras. Si es que el hombre no aprende, y siempre unos pocos se aprovechan de la inmensa mayoría para hacerse asquerosamente ricos, mientras los otros se empobrecen hasta límites inaguantables.

Arco de los argentarii. Roma. 204 d.C.
En la Roma antigua, como toda civilización que se precie, existieron los bancos, y además de la banca pública, había una privada, los llamados argentarii, que comenzaron como simples cambistas de moneda, y acabaron, pues eso jugando con los cuartos de los demás. Estos argentarii  funcionaban de dos maneras diferentes: La primera por medio del "depositum", les dejabas tu dinero, y ellos lo guardaban, no comerciaban con él, pero no pagaban intereses. La segunda forma, mucho más interesante para ellos, era el "creditum" (sí, amigos, de aquellos polvos vienen estos lodos), en esa modalidad el banco pagaba un interés al cliente, pero podía mover su dinero; se encargaban de pagar tus deudas, o tus compras, solían acudir a las subastas de esclavos en nombre de un cliente, te pagaban un interés por el dinero que les confiabas, pero podían prestar tu dinero a un tercero, al que como es lógico le cobraban un interés más elevado. El ser banquero ya era un negocio, y además establecieron un colegio de argentarii donde se agrupaban todos ellos y decidían sobre todo quien  podía ser aceptado como tal.

Así queda establecido un sistema bancario en la antigua Roma, que si bien presenta diferencias con el nuestro, por otro lado nos recuerda bastante al que tenemos. Y todo funcionó muy bien cuando las vacas eran gordas, es decir en época del primer emperador, Augusto. Éste, vencedor en los múltiples conflictos que lo llevaron al trono imperial, inauguró un período denominado la "Pax Romana", y como todos los políticos cuando se sienten seguros, tranquilos  y con dinero comenzó una época de despilfarro y alegría, lo que algunos dieron hace no mucho en llamar "El Estado de Bienestar".  El comercio fluía, y el dinero llegaba a Roma, así que Augusto comenzó una política de grandes obras públicas, que si vía por aquí, que si acueducto por allá, además de distribución periódica de grano gratuita para los más desfavorecidos (hoy hablaríamos de pensiones, subvenciones, etc). Sin embargo Augusto en su vida personal era bastante austero, y además implantó medidas para evitar la ostentación y el lujo (algo que no siguieron ni siguen nuestros actuales dirigentes).

Cambistas. Bajorrelieve romano.
Como era de esperar con tanta bonanza, comenzaron los especuladores y algunas practicas, que por desgracia conocemos muy bien.  Se invertía en tierras y en ínsulas (bloques de edificios), para luego alquilar viviendas. Los argentarii se frotaban las manos y prestaban dinero sin apenas garantías, pero con unos interés astronómicos, muy por encima de lo que se permitía legalmente(un 6%). Todos querían acceder a los puestos más altos, así financiaban grandes espectáculos circenses para conseguir votos, y ganarse a la plebe. Los precios empezaron a subir a lo bestia, mientras los romanos vivían en una burbuja de inconsciente felicidad.

Al morir el emperador Augusto, su sucesor Tiberio se encontró con las arcas del tesoro imperial llenas ...de telarañas, vamos que no quedaba ni para una toga nueva. Las medidas del nuevo emperador no se hicieron esperar. Empezó por reducir el dinero circulante, frenar el gasto en obras públicas, y limitar la distribución de grano gratuito (hoy diríamos que se acabó el inaugurar polideportivos, abrir autovías, etc, y cerrar el grifo de las subvenciones). Algunos de los que se habían enriquecido desmensuradamente fueron acusados de ser enemigos del Estado, y se les confiscó los bienes, al tiempo que se invitó a los senadores a que compraran los bienes en pública subasta. Los más ricos se vieron obligados a recomprar bienes a precios marcados por el emperador, para lo cual ellos tuvieron que pedir dinero prestado; algo que vendría a ser como hacerles pagar a los más ricos por una crisis que ellos mismos habían colaborado a crear (Los ricos de hoy ante una medida parecida  ya estarían camino de Panamá).

Tiberio. Museo del Ara Pacis. Roma. S. I
Y entonces les llegó el turno a los argentarii. El emperador les pidió cuentas, y les ordenó que pusieran las cosas en su sitio, nada de intereses por encima de las imperiales nubes, ni prestamos a troche y moche. A los banqueros les entró el susto, y pidieron una moratoria de 18 meses para poner en orden sus cuentas. Tiberio no se andaba con tonterías, y si alguno no cumplía, siempre le quedaba la opción de enviarlos a mejor vida y quedarse con todos sus bienes. Los argentarii cerraron todos los créditos y comenzaron a pedir la devolución de todos los prestamos. El desplome fue brutal: todo se puso en venta para pagar los prestamos, se vendían tierras, ínsulas, y hasta a la suegra si hubiera quien la comprara (bueno esto último no, pero no por falta de ganas de alguno). Los precios cayeron, la gente empezó a amarrar el dinero, y como consecuencia los negocios se resintieron. Los ciudadanos que tenían dinero en "depositum" en los bancos, asustados por lo que estaba ocurriendo, corrieron a sacar rápidamente los ahorros que estaban en manos de los argentarii, pues se filtró que estos "honrados" banqueros habían prestado también el dinero que estaba en "depositum", recordemos que con éste no se podía jugar. Entre los que no podían pagar, los que pagaban perdiendo sus bienes, y los que retiraban con presteza el dinero en depósito, los argentarii vieron como la crisis al fin llegaba a sus puertas. Por supuesto más de un banco tuvo que cerrar, y cundió el pánico.

Entonces Tiberio ante el cariz que tomaba la crisis tuvo que rectificar algunas de sus medidas y tomar otras nuevas. La disyuntiva era dejar que los bancos se vinieran abajo y seguir a la suya, o rescatarlos para evitar una quiebra total. El emperador tuvo que echar mano de los recursos que había logrado obtener con sus anteriores medidas, y puso en circulación un millón de piezas de oro que entregó a los bancos. De nuevo el poder al servicio del capital, pero en este caso no fue sin condiciones. No se trataba que los "espabilados "argentarii" se apropiaran de ingentes cantidades de dinero para jubilarse cómodamente, al contrario se les obligó a prestarles el dinero a los ciudadanos sin intereses durante tres años, y se les prohibió usarlo para hacer cuadrar sus cuentas.
        
La crisis económica que azotó Roma en el año 33 d.C. tiene puntos en común con la que viene asolando el mundo desde el 2008. En aquellos tiempos, como ahora, unos pocos se enriquecieron a costa de que otros muchos se empobrecieran. Pero el Hombre no parece haber aprendido las lecciones de la historia, o como dice la popular frase las hemos olvidado y por eso acabamos condenados a repetir los mismos errores. 

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