EUROPA EMPIEZA EN BULGARIA


SOLNITSATA, LA CIUDAD DE LA SAL

Una pequeña ciudad de Bulgaria, Solnitsata, cerca de la actual Provadia, se quiere alzar con el título de ser la ciudad más antigua de Europa por encima de nuestra vetusta Cádiz. Surgida en torno al comercio de la sal, la ciudad búlgara sería el asentamiento permanente más antiguo de la vieja Europa.

El uso de la sal por el hombre era conocido desde tiempos muy antiguos. Para algunos investigadores el hombre prehistórico empezó a necesitar consumir sal cuando se volvió sedentario y pasó de cazador a ganadero. La sal que le proporcionaban al hombre los animales de caza, no se encontraba en igual cantidad en los domésticos, que también necesitaban un cierto consumo de sal, ello llevó a la necesidad de encontrar otras fuentes naturales para obtenerla. La conservación de los alimentos o su condimentación con el preciado elemento debió de comenzar en el Neolítico, y de ahí a convertirse en un artículo de primera, sólo había un paso. La sal pasó de ser un artículo de consumo a convertirse en un lujo, e incluso en moneda de intercambio, algo que no nos debe extrañar si pensamos que nuestra palabra "salario" deriva precisamente de ella. Al igual que sucedería mucho más tarde con la seda, se fueron estableciendo las llamadas rutas de la sal, que recorrían los lugares donde se extraía en dirección a aquellos otros donde se necesitaba.

En ese contexto surgieron asentamientos a pie de las salinas o de las minas de sal, pero eran eso, pequeños asentamientos en los que un centenar de personas como mucho trabajaban en la extracción del mineral. Solnitsata podría haber sido esto, un pequeño asentamiento de unas 150 personas que hace unos 6.500 años se dedicaban a los trabajos de la sal que es exactamente lo que significa el nombre de la población. Sin embargo en el 2012 el arqueólogo búlgaro Vasil Nikolov descubrió algo que le llevó a afirmar que Solnitsata era algo más que unas minas de sal.

Una muralla de 3 metros de altura, y 1,6 de espesor, realizada en piedra y no en madera como era lo habitual, rodeaba el asentamiento. Para el investigador búlgaro la muralla, los hallazgos de cerámica, el oro encontrado en la necrópolis cercana, le hablaban de la existencia de una cultura  dedicada al comercio de la sal desde la Edad del Bronce. Nikolov afirma que al menos 350 personas poblaron Solnitsata hace 6500 años, vivieron de comerciar con la sal, y desarrollaron una sociedad ya estratificada en clases sociales perfectamente diferenciadas, que iría evolucionando hacia una civilización más compleja que ya produciría una cerámica de mayor calidad en torno al 4700 a.C. Que en la cercana Varna en un cementerio de casi 300 tumbas se recogiera el tesoro de oro más antiguo de Europa, vendría a confirmar para él, que la zona tenían una importancia mayor de lo que se pensaba. 

Para los detractores de la teoría búlgara, Solnitsata era un pequeño establecimiento minero con apenas 150 personas, aunque reconocen la posibilidad de que los personajes más adinerados se hicieran enterrar en la cercana Varna.     

Las excavaciones, que se venían sucediendo desde el 2005, no descubrieron sólo las murallas pétreas, sino que también sacaron a la luz casas de dos pisos, fosos de enterramientos o rituales, y los elementos típicos para la extracción de la sal mineral: hornos, recipientes cerámicos, etc.

La ciudad se encontraba situada sobre un enorme yacimiento de sal con un diámetro de 9 kilómetros y hasta una profundidad de 15 kilómetros. Todo un filón. Los antiguos habitantes de la zona conseguían la sal gracias a las aguas subterráneas que afloraban. El agua se recogía en unas vasijas que se metían en los hornos encontrados en las excavaciones, allí se evaporaba el agua, y quedaba como resto una galleta de sal que era con lo que finalmente se comerciaba. En el proceso se rompían numerosos recipientes cerámicos de los que se han hallado también sus restos. 

Las murallas, los hornos, la extracción de sal, el cementerio de Varna con los tesoros en oro, no son las únicas curiosidades que rodean a Solnitsata. En algunos de los fosos del yacimiento aparecieron unos enterramientos que podríamos denominar como mínimo como curiosos. La presencia de agujas de cobre y cerámica acompañando a los muertos demostraba que estos no eran pobres, tal vez no tan ricos como los enterrados en Varna, pero esto no es lo misterioso. Varios cadáveres habían sido cortados por la mitad y enterrada sólo la mitad que comprendía de  la pelvis para arriba. En un caso incluso se encontró un hueso clavado en la pelvis del difunto. ¿Dónde fueron a parar las piernas de los salerosos habitantes de Solnitsata?

Para acabar de envolver a la ciudad búlgara en un hálito de misterio, se sabe que la misma fue abandonada unos 500 años después de alcanzar su máximo esplendor. Los motivos del éxodo aún no han quedado claros. Para unos la explicación es sencilla, los manantiales se secaron, y la fuente de riqueza de la zona se agotó. Otros afirman que la pequeña ciudad fue destruida por un terremoto. Pero para los historiadores y arqueólogos búlgaros no cabe la menor duda de que su país tiene el honor de poseer la primera ciudad de Europa. Aunque hoy apenas consideraríamos a Solnitsata una aldea, en plena Prehistoria, el lugar debía de ser todo un emporio industrial y mercantil, y sus murallas surgieron por la necesidad de defender un bien que entonces era casi tan preciado como el oro, la sal.   

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