LAS AVENTURAS DE SIGFRIDO

LOS NIBELUNGOS. LA MUERTE DE SIGFRIDO


Título Original: Die Nibelungen. Siegfried


Año: 1966


Duración: 85 min.


País: Alemania Occidental


Dirección: Harald Reinl


Reparto: Uwe Beyer, Rolf Henniger, Siegfried Wischnewski, Maríia Marlow, Terence Hill.

Gunther reina en Bergundia pero no está casado y no tiene un heredero al trono. Poco aficionado a la guerra pasa el tiempo escuchando las aventuras de un guerrero que se está labrando fama de invencible, Sigfrido. El joven Sigfrido ha forjado su propia espada para enfrentarse a un temible dragón. A cambio de su victoria sobre el dragón el héroe obtendrá el codiciado tesoro de los nibelungos y la invulnerabilidad.

La historia del héroe ario por excelencia, Sigfrido, ya había sido llevada al cine con anterioridad por Fritz Lang, pero eran los tiempos del cine en blanco y negro y mudo. En los años 50 se pensó que el éxito de las películas de Lang se podía repetir en color y con sonido, así que el productor cinematográfico Arthur Brauner intentó convencer al famoso director para que rehiciera sus películas. Lang se negó a realizar un "remake" para evitar que le acusaran de no tener nada nuevo que contar. Pero la industria del cine alemán no había dicho su última palabra. En los años 60 se contrató a un director de éxito en el país, Harald Reinl, quien ya había dirigido adaptaciones de la conocida saga de Winnetou, y se comenzó el rodaje de dos películas, de las que ésta es la primera.

La película cuenta el mito de Sigfrido con todos sus elementos, utilizando prácticamente el mismo guión usado en las películas antiguas, y que a su vez se había construido sobre la base de los poemas medievales y la saga en prosa Volsunga. En ese aspecto nada hay que reprocharle al film: los nibelungos y su rey, el dragón Fafner, la reina Brunilda, y todos los otros componentes del mito están presentes en la película. Los escenarios elegidos para la superproducción buscaban explotar todo el potencial que les daba rodar en color: Las cuevas de Postojna, hoy en Serbia, Islandia, y como no, la ciudad Encantada de Cuenca en España, fueron los espectaculares paisajes que sirvieron de localización. Sin embargo todo ello no le valió de mucho a la película, y en general se la consideró un film de aventuras juvenil.

¿Qué había fallado? Desde luego los efectos especiales no son los de Harryhausen, y eso se nota, pero el principal error está en el actor encargado de darle vida al mítico héroe. Los productores querían un actor desconocido que encarnara las virtudes y el aspecto del héroe nórdico por antonomasia, para ello que mejor que elegir a un atleta olímpico, lanzador de martillo, ganador de la medalla de bronce en las Olimpíadas de Tokio de 1964. El bueno de Uwe Beyer medía 1,91 y pesaba 110 kilos de puro músculo conseguidos, como más tarde confesaría  tras un ataque al corazón, a base de esteroides.  Pero eso era todo lo que tenía que ofrecer, un cuerpo espectacular, pero una cara de bobalicón que no se la quita en toda la película; alguien debió de decirle que sonriera que daba mejor en pantalla, y eso es lo que hace, pase lo que pase, luce perfecta dentadura, lo cual le da un aspecto de tener pocas luces, como resultado no consigue que el espectador empatice con ese cacho carne con dientes que es Sigfrido.

Con todo al final queda una película de aventuritas mitológicas típica de los años 50 para un entretenimiento familiar, o para forofos de los mitos nórdicos. Aquí queda el largo trailer en alemán para quien quiera hacerse una idea del tono general de esta primera parte, pues de la segunda hablaremos en otra ocasión.

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