DESPUÉS DE SIGFRIDO

LOS NIBELUNGOS. LA VENGANZA DE KRIMILDA


Título Original: Die Nibelungen. Kriemhilds Rache


Año: 1967


Duración: 79 min.


País: Alemania Occidental


Dirección: Harald Reinl


Reparto: Karin Dor, Herbert Lom, Rolf Henniger, Siegfried Wischnewski, María Marlow, Terence Hill

Krimilda, la viuda de Sigfrido, reparte limosna entre los pobres y desfavorecidos, al tiempo que pone al pueblo en contra del asesino de su esposo, Hagen. En palacio el rey oye la preocupación de Hagen por el embarazo de su hermana, que según su consejero hará peligrar el trono. Tampoco la reina Brunilda colabora con el rey para traer un heredero que estabilice el reino 

La segunda parte de "Los Nibelungos" se centra, una vez desaparecido Sigfrido, en la venganza que su viuda va a planificas y llevar a cabo contra sus asesinos. Convertida en la esposa de Atila, Krimilda dispondrá de los recursos para ejecutar una venganza por largo tiempo esperada. De esta forma se cierra el ciclo mítico dedicado al héroe.

Casi todo lo dicho para el anterior film valdría para esta segunda parte, que a veces se ha fundido con la anterior y presentada como una única película. Mismo director, mismas localizaciones, mismos actores a excepción de Uwe Beyer el Sigfrido de la anterior película. Los aciertos y los fallos casi los mismos, aunque la historia, desaparecido el héroe principal, pierde algo de interés.

La dirección del film por Harald Reinl intenta repetir el éxito alcanzado por Fritz Lang calcando casi al milímetro el film de 1924, sin embargo el resultado final está muy lejos de conseguir la fuerza visual de la película muda. No sé si por la música,  por la interpretación, o porque Lang sabía dotar a sus películas de un espíritu único, pero "La Venganza de Krimilda" no llega a convencer del todo, y le pasa lo que a su antecesora de 1966, se queda en un "quiero y no puedo". Si en la anterior, el Sigfrido se limitaba a estar presente y sonreír, aquí Krimilda pone la misma cara durante todo el metraje, y no hay quien se la cambie, al revés que a Uwe a María Marlow, le dieron la consigna de que no moviera un musculo de la cara pasara lo que pasara, y así nuestra Krimilda es incapaz de expresar otro sentimiento que no sea el de "caradepalo". El personaje de Hagen con ese infame pelo-parche es para meter en presidio al estilista y tirar la llave, pues el siniestro personaje pierde todo su carácter y más que ira o miedo dan ganas de darle unas monedillas para que se vaya a una peluquería. Ni Herbert Lom como Atila, ni su fantástica corte de indeterminado estilo, consiguen levantar el interés.

La película tenía todas las papeletas para ser un gran film épico. Sangrienta venganza, personajes movidos por el odio y la revancha, el miedo y la ambición, tenían que dar mucho de sí, y una lucha final con matanza indiscriminada tenía que dar como resultado una gran película. El director desaprovecha el material que tiene, y nos vuelve a ofrecer una película ligera, donde ni siquiera la simpatía del personaje de Terence Hill llega a salvar totalmente la historia.

Para los aficionados a los mitos y leyendas, la segunda parte del ciclo de Sigfrido tenía que ser el culmen épico y sangriento de la historia, pero Reinl no era el director adecuado, y ni siquiera el uso del color y el sonido consiguió hacer olvidar la potente obra del cine mudo. Sin embargo en ella están todos los elementos del mito, y en ese aspecto la narración es bastante respetuosa con la historia original, aunque se evitan los detalles más escabrosos. Es curioso como en la película muda hay bastante más violencia que en la del año 1967. También se comentó que la película tenía algunas referencias al destino de Alemania tras el nazismo, viéndose en la destrucción de Burgundia el justo castigo por haber ofrecido su lealtad a un asesino.  
  

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