EL PASTELERO METIDO A REY

Sebastián I rey de Portugal
GABRIEL DE ESPINOSA, SUPLANTADOR REAL

De vez en cuando aparecen personajes en la Historia cuya muerte es puesta en duda por no recuperarse el cadáver, por no estar suficientemente claras las circunstancias del deceso, o por la negación de sus seguidores a aceptar la desaparición de su ídolo. A ésto suele suceder no mucho tiempo después la aparición de algún sosias que afirma ser el fallecido. Los incondicionales del personaje se apresuran a afirmar la "resurreción" , y a partir de ahí las cosas tienden a salirse de madre. Nerón, el zar Pedro III, y el rey de Portugal Sebastián I, son algunos de los casos más conocidos. Hoy nos ocuparemos precisamente de éste último, el desventurado rey portugués y su imitador español.

Sebastián I. 1571-1574. C. de Morais
El rey Sebastián I (1554-1578) es un caso bastante especial aunque no único en la historia de las monarquías. Hijo del infante Juan Manuel de Portugal y de Juana de Austria, infanta de España, es también nieto de Carlos I de España, y del rey de Portugal, Juan III. Pero el niño no nació con buena estrella, su padre y heredero del trono murió dos semanas antes de que él naciera. Luego su abuelo el rey murió en 1557, y de golpe y porrazo tenemos a un Sebastián convertido en rey con tres añitos. Pero es que además su madre, Juana, abandona Portugal en 1554, y regresa a España. El niño queda a cargo de su abuela y su tío cardenal, quienes además estaban enfrentados por la regencia del reino. Sin padre, sin madre, a la que nunca volvería a ver, sin la guía del experimentado abuelo, y en manos de ambiciosos y fanáticos, el joven Sebastián creció educado por los jesuitas que le llenaron la cabeza de ideas místicas y le hicieron creer su papel de caballero de Cristo cuyo deber era erradicar a los infieles. Para acabar de rematar la función, alejado de la perniciosa influencia de las féminas, el muchacho desarrolló, lo que hoy llamaríamos un poco de "pluma".

Educado sin referentes, criado por personas a quienes sólo les interesaba el poder o manipularlo para sus propios fines, el pobre Sebastián se convirtió en un joven imbuido de extrañas ideas de grandeza mística, sin interés por las mujeres y por consiguiente con ningunas ganas de perpetuar la dinastía. De pronto a él y a sus "amiguitos" se les mete en la cabeza reconquistar el norte de África para traer a los infieles a la verdadera religión. Mientras en España, su tío llegaba a un tratado de paz con los turcos, y advertía al atolondrado sobrino de que no era momento de agitar el avispero. Pero Sebastianito no estaba por la labor, iría a África y se labraría fama de conquistador (de infieles que de mujeres ni catarlas), además de convertirse en un nuevo cruzado ejemplo de generaciones venideras.

Batalla de Alcazarquivir. Ilustración de 1629
El tío Felipe, nuestro Felipe II, intentó convencer al muchacho de que se quedara tranquilito en casa dedicándose a la dulce tarea de darle un heredero al trono, pero Sebastián no entraba en razón. Felipe II le envió consejeros, embajadores, humanistas para que dejara en paz a los "moros", o al menos que no se le ocurriera ir a la batalla sin dejar un heredero al trono tras él. A Sebastián le habían llenado demasiado la cabeza con ideas de gloria y no iba a dejar pasar la ocasión. Así en 1578 con 24 años el rey Sebastián y la flor y nata de Portugal se enfrentaron en Marruecos a un ejército bereber que los masacró en la batalla de los tres reyes, Alcazarquivir. Sebastián desapareció durante la batalla, y su cuerpo no fue recuperado en el campo de batalla, aunque días después se llevó un cadáver que se dijo era el del monarca caído en combate.

Pero la historia de Sebastián no se acabó ahí, como era de esperar.  Las consecuencias de la muerte del rey y de parte de la nobleza portuguesa fueron desastrosas. Los supervivientes tuvieron que pagar ingentes cantidades para ser rescatados, dejando al reino en la ruina. El trono fue ocupado por Enrique, el tío cardenal del rey que murió en 1580 sin descendencia, y por tanto Felipe II pudo reclamar Portugal para sí. El rey Sebastián nunca fue considerado muerto del todo por sus seguidores, mitificado por el pueblo, se contaba que había sobrevivido a la batalla, y que regresaría para sacar a Portugal de sus problemas (digo yo, que como no vuelva ahora, ya no va volver. Y si vuelve , ¡por Dios que se pase por estos reinos vecinos a ver si arregla algo!).

Desde el momento de la desaparición del rey Sebastián empieza el sebastianismo, un movimiento casi mesiánico que espera el retorno del "rei bon". Movimiento y esperanzas de un pueblo que fue aprovechado por los oportunistas de rigor. Todo partía de el hecho que tras la batalla de Alcazarquivir un grupo de soldados portugueses buscando refugio en la ciudad de Arcila para conseguir que les abrieran las puertas de la muralla, afirmaron que con ellos iba el rey portugués. De ahí se fue difundiendo que el rey no había muerto, y en los años sucesivos varios impostores se presentaron como el rey Sebastián. Cuando España se hizo con el trono de su vecino entre 1580 y 1640 surgieron hasta cuatro reyes. De todos el más conocido fue el caso de Gabriel de Espinosa.

Gabriel de Espinosa aparece en Madrigal de las Altas Torres, provincia de Ávila (España) en 1594. El hombre dice venir de Nava del Rey, y su intención es seguir ejerciendo el oficio que ha realizado hasta entonces, hacer y vender pasteles y empanadas de carne, de ahí el apodo con el que se le conocería "El pastelero de Madrigal", aunque nada que ver con el concepto de pastelero que tenemos ahora. Según parece había sido cocinero o pastelero, como se quiera, al servicio del ejército. No viene sólo, le acompaña su hija Clara Eugenia de dos años, y la supuesta aya de ésta, una gallega llamada Inés Cid. El recién llegado tiene unos 40 años, de rostro curtido, flaco, pelo y barba encanecidos, se maneja bien a caballo, es orgulloso y tiene bastante labia, además controla varios idiomas, y un detalle fundamental, es pelirrojo.

¿Quién es éste Gabriel, de dónde viene, y por qué acaba convertido en el supuesto rey de Portugal? La verdad es que son muchas las cuestiones que surge en torno al personaje, aunque casi todas acabaron dilucidadas en el "proceso de Madrigal", cuyas actas se conservan aún hoy en el archivo de Simancas.

El tal Gabriel de Espinosa había servido haciendo sus manjares para las milicias del capitán Pedro Bermudez, a cuyas tropas seguía en sus desplazamientos. En Allariz (Orense) en 1591 había conocido a Inés Cid, con quien tiene una hija, Clara. El trío se desplaza desde Salvatierra, Zamora, Toro, La Nava, y finalmente Madrigal, el punto donde empezaran su más grande aventura.

Ana de Austria.
En ese momento en Madrigal vive en el exilio un tal fray Miguel de los Santos, un monje agustino portugués que fue expulsado de su país por apoyar al trono a quien no debía. Cuando fray Miguel ve al chulesco pelirrojo le hacen "chiribitas" los ojos. Acaba de contemplar a su amadísimo y esperadísimo rey Sebastián. No sabemos si se lo creyó realmente, o sus intenciones no eran muy puras y lo que pretendía era estafar a crédulos, hacerse con la corona manejando a un rey títere, o simplemente le había sentado mal algo que se había tomado ( hoy diríamos que se había fumado). Pero claro un monje y un pastelero por muchos contactos que tuvieran no eran suficientes para llevar a cabo la impostura, se necesitaba una tercera pata para el banco, es decir alguien lo suficientemente importante para convencer a todos o al menos a unos cuantos de que Sebastián el Deseado había vuelto de la tumba. Y casualidades de la vida en el mismo convento agustino del fraile hay una monjita de unos 27 años de edad, frágil de salud, aficionada a imaginar glorias y aventuras imposibles (seguro que lectora ávida de novelas de caballerías, hoy leería "Juego de Tronos"), que es nada menos que Doña Ana de Austria, la hija ilegitima de Don Juan de Austria, bastardo a su vez de Carlos I, y por tanto una especie de sobrina del rey Felipe II. La muchacha había sido obligada por sus ilustres parientes a encerrarse en un convento cuando lo que ella quería no iba por esos derroteros.

Ya tenemos a los tres jugadores principales en el tablero: un pastelero con ínfulas de grandeza, un monje visionario o manipulador, y una joven monja con pocas ganas.de convento y muchas de aventuras. El fraile empieza a calentarle la cabeza a la monjita con que tiene visiones en las que la ve gobernando Portugal al lado de su pelirrojo primo, el valiente Sebastián, al que casualmente se acaba de encontrar por la calle ( vamos como si fuera lo más normal, supongo que no le diría que lo pilló haciendo empanadas). La otra, que no sé yo si era medio lerda o es que tenía ganas de largarse del convento para darle una alegría al cuerpo, se lo traga todo, hasta el punto de que admite reconocer a la niña del pastelero como propia. Comienzan los encuentros, las cartitas, los planes, y el trío acuerda que lo mejor es que pastelero y monja cocinen una nueva empanada (perdón por el chiste malo) y se casen, eso sí, ella, muy digna, exige que el Papa le otorgue la dispensa, algo que conseguirá Sebastián cuando vuelva a ser rey de Portugal (ésta o es muy lista o rematadamente idiota).

Fray Miguel ya tiene a su rey, y el apoyo de alguien cercano al trono, ahora se trata de convencer a los nobles portugueses "sebastianistas", de que su rey ha vuelto y está a punto de casarse nada menos que con la hija del valiente Don Juan de Austria. Poco a poco empiezan a llegar al convento nobles de Portugal para encontrarse con el "resucitado" y su angelical prometida, y quiero que suponer para dejar algún que otro suculento donativo para la causa. No, no es que todos los nobles de Portugal fueran rematadamente estúpidos, es que el parecido del tal Gabriel con el desaparecido monarca era bastante notable (aún hay quien afirma que era de verdad el rey), las maneras del impostor eran exquisitas, y su porte regio, y además tenía a la medio princesa al lado, totalmente entregada al apuesto galán.

Monasterio de las agustinas. Madrigal
Con tanto trajín, idas y venidas, y gente entrando y saliendo, el monasterio era de todo menos un lugar de retiro. Las habladurías, los comentarios, y los cotilleos, pues siempre hay algún chismoso dispuesto a difundir lo que sea, están creciendo de forma peligrosa. Los tres promotores deciden dar un salto y pasar a otro nivel antes de que las cosas se salgan "de madre", y lleguen a oídos del rey. El nuevo plan consiste en que Gabriel, perdón Su Majestad Sebastián, fuera a reunirse en el norte con un hermano de doña Ana, para lo cual llevaría dineros y joyas con las que financiar el viaje, convencer al supuesto hermano, y suponemos reclutar hombres, o comprar voluntades.

Gabriel mientras tanto seguía haciendo "vida marital" con la tal Inés, eso de verse con la otra a través de la reja no debía de ser muy satisfactorio (y es que los reyes también tienen necesidades, ¡que caramba!). Nuestro rey pastelero debió de pensar aquello de que era hora de poner pies en polvorosa, y viéndose en posesión de joyas y dinero, decidió dejar a la gallega embarazada, a la monja enrejada, y al fraile ensimismado, y se largó con dirección a Valladolid a darse la gran vida, y fundirse lo conseguido.

En lugar de comportarse de forma discreta el "rey" comenzó a mostrar las joyas por toda la ciudad, a darse aires de grandeza, y a echar peste del monarca español. Para entendernos a fanfarronear y pavonearse cual político tras ganar unas elecciones, que si "mira lo que tengo", "fíjate lo importante que soy", "él que está en el poder no es nada a mi lado","cuando yo gobierne os vais a enterar", y otras lindezas por el estilo que, como era de esperar, acabaron por llamar la atención de las autoridades.

Entonces un tal don Rodrigo de Santillán, alcalde del crimen en la Chancillería (tenía funciones de policía, juez y fiscal, es decir un super policía) fija sus ojos en el bocazas, le detiene , y le confisca todo lo que le encuentra. ¡Oh, sorpresa! El "pelagatos" tiene  4 cartas, dos de un fraile agustino, y dos de la sobrina del rey, donde le tratan de "majestad", y la "sobrinísima" menciona a "mi hija". Al bueno del funcionario se le debieron de poner los pelos de punta. Don Rodrigo se frota las manos, y ve su oportunidad, un par de bofetadas bien dadas, y el detenido canta hasta en "sol mayor". El funcionario se salta jerarquías y superiores y escribe al rey contándole todo lo descubierto. Desde lo más alto recibe autorización para averiguar de qué iba el asunto ahora conocido como el de "Madrigal". Los policías, bueno su equivalente de la época, con don Rodrigo a la cabeza se personan en el antes tranquilo pueblo abulense, entran a las bravas en el convento, registran la celda de la monja, se llevan sus papeles, la encierran en su cuarto, y se llevan presos al fraile, y a Inés Cid.

Como hay una monja y un fraile implicados en el turbio asunto se encarga a un especialista que extraiga la información pertinente, se trata de el doctor Juan de Llano Valdés, sacerdote, capellán real, y antiguo inquisidor, que no va a reparar en medios para esclarecer el asunto. Todo da como resultado el llamado "proceso de Madrigal" tras el cuál se  castiga a los culpables.

Gabriel de Espinosa nunca responde a preguntas concretas sobres su origen, por el contrario afirma que actúa bajo nombre falso, pues lo necesitaba para obtener el título de pastelero. Así que nos quedamos sin saber como se llamaba realmente, donde había nacido, o quienes eran sus padres. Algo que dio lugar a todo tipo de especulaciones para justificar su parecido con el rey: que en realidad era un hijo bastardo de Don Juan Manuel, el padre de el rey Sebastián, o que era el mismo rey desaparecido. Mientras duró todo su proceso mantuvo una actitud retadora y orgullosa. El más rico mercader de Medina le enviaba la comida al reo en vajilla de plata a la cárcel, aumentando así la confusión sobre su identidad. Cuando finalmente subió al patíbulo conservó la entereza y la actitud orgullosa, colocándose el mismo la soga al cuello. Fue ahorcado el 1 de agosto de 1595, luego decapitado, descuartizado, expuestos sus pedazos, y su cabeza colgada de la fachada municipal, acabando en Madrigal.

Fray Miguel  fue primero degradado a laico, y luego corrió idéntica suerte que la de su compinche, horca, descuartizamiento, y cabeza a hacer un viajecito hasta Madrigal  para que la del otro no se sintiera sola. Hasta el último segundo afirmó que siempre había creído y creía que Gabriel era en realidad su amado rey Sebastián.


Doña Ana de Austria fue enviada de vuelta a un convento, donde pasó tres años privada de privilegios, ¡oh, gran castigo! Luego Felipe III la envió de vuelta a su convento de origen en Madrigal donde fue elegida priora. Mucho más tarde en 1611 dejó la orden agustina y se pasó al císter, alcanzando el máximo cargo eclesiástico al que podía llegar una mujer, abadesa, y nada menos que del Monasterio de las Huelgas de Burgos. Queda claro que no hay nada como ser de familia real para no responder ante la justicia, o al menos salir con una ligera reprimenda y un azotito en el trasero.¿De qué me sonará esta historia?

Inés Cid fue azotada y enviada al destierro, hacia el cuál partió acompañada ya por sus dos hijos, la niña y el regalito que le dejó antes de morir el supuesto rey. Nunca más se supo de ella.

El caso del pastelero de Madrigal se convirtió casi en legendario, corrieron ríos de tinta sobre el personaje, y desde entonces ejerció una especial fascinación entre historiadores y escritores. Comedias como la de Cuellar, obras teatrales como la de Zorrilla, novelas históricas como la de Escosura,  folletines como el de Fernández y González, y por supuesto todo tipo de estudios serios han tratado de desentrañar los puntos oscuros que quedaron en el extraño caso del pastelero que quiso ser rey.      

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