EL AMOR Y EL ALMA

Eros y Psique. A. Canova
EROS Y PSIQUE

El mito de Eros y Psique es uno de los más conocidos de la mitología griega, y posiblemente uno de los más bellos, fuente y origen de los múltiples cuentos de príncipes encantados y sus enamoradas; así como de interpretaciones más o menos filosóficas a cerca de su verdadero significado.

Eros y Psique. F. Gerard. 1797
Antes de relatar la historia debemos saber quienes son nuestros dos protagonistas. Por un lado tenemos a Eros, una poderosa divinidad de origen incierto, aunque la mayoría lo hacen hijo de Afrodita, la diosa del amor, con alguno de sus habituales devaneos, tal vez Ares, el dios de la guerra. Naciera de quien naciera el dios es una de las fuerzas fundamentales, ya que se erige en el encargado de impulsar la continuidad de las especies. Es una divinidad intermedia entre el hombre y los dioses que suele actuar sobre los humanos por encargo de alguna divinidad. Es un joven que lleva una antorcha y un arco, con la antorcha inflama los corazones, y con su arco dispara las letales flechas cuyas heridas de amor son tan difíciles de curar. Es una fuerza insatisfecha que siempre consigue lo que quiere. Sólo en el siglo III a.C., en plena época alejandrina algunos artistas comenzaron a representarlo como un niño, hasta entonces Eros era un hermoso joven. Por el otro está Psique, el alma, era la hermosa hija de un rey de Anatolia. Este rey tenía tres hijas, pero Psique era la pequeña y la más bella de las tres. 

Afrodita considerada la más bella entre las divinidades se cansó de tanta alabanza a la hermosa princesita, y comenzó a ponerse celosa de la cacareada hermosura de Psique. Aunque no tenía un espejito mágico que le calentara la cabeza, tuvo igual la mala idea de vengarse de la inocente joven. Pero como suele pasar en estos casos, cometió un error, envió a su joven hijo con la misión de lanzar una de sus flechas a la joven para que ésta se enamorara del peor hombre posible, a poder ser, feo, asqueroso, y privado de cualquier tipo de cualidad. Supuestamente Eros como personificación del deseo amoroso estaba él mismo por encima de esas humanas pasiones, y el joven dios no podría jamás caer en las garras de tamaña debilidad. No sabemos si se enamoró a primera vista, o como todos los adolescentes en la edad del pavo con la torpeza habitual se hirió con una de sus propias flechas, el caso es que Eros quedó embelesado con la bella princesa.

Cupido y Psique. W. Bouguereau
En la corte del rey de Anatolia las dos hermanas mayores se habían casado bien, y sus padres rebosaban de felicidad. Con la tercera y más hermosa no había manera, los hombres se asustaban de su belleza, y no había un triste príncipe que se encargara de la joven. La niña iba camino de convertirse en "solterona", ya que todavía no había llegado lo de la liberación femenina, y los padres desesperaban de hacer un buen matrimonio. El descuido en atender debidamente el culto de Afrodita, dicen las malas lenguas que fue lo que provocó la rabia de ésta. Sea como fuera el mensajero de la diosa, su hijo Eros concibió un plan para hacerse con la bella. Los padres acudieron al oráculo local para preguntar por la suerte de su hijita (hoy se preguntaría por su futuro laboral que los amores cada cuál se los apaña sólo), y Eros usó el vaticinio para conseguir su objetivo: "La llevaréis a lo más alto del monte donde la desposará un ser ante el que tiembla el mismo Júpiter". Vamos que además de conseguir que le dejaran preparada a la muchacha se daba autobombo.

Psique es abandonada en el monte entre llantos y lamentos. La muchacha queda a la espera de su incierto destino. Al llegar la noche una ligera brisa la alza del suelo y la traslada suavemente hasta una hermosa pradera donde es depositada sobre el verde césped. La muchacha vencida por las emociones, por algún hechizo, o porque era la tranquilidad personificada, se queda dormida. Cuando se despierta, el paisaje es maravilloso y en él destaca un magnífico palacio, una voz le advierte que esa es su casa. Siguiendo las instrucciones de la misteriosa voz, entra en el castillo, se baña, come, escucha una música suave. Y al llegar la noche su nuevo marido le hace la visita de rigor, y los dos se lo pasan muy bien juntos, aunque ella nunca llega a ver al esposo. Los días pasan alegres para Psique que por el día se lo pasa como un turista en el Caribe, y por la noche pues lo mismo pero con sexo.

Pero todo paraíso tiene su serpiente, y en este caso en forma de hermanas, que acuden a visitar a Psique. A pesar del consejo de su marido, la muchacha sale al encuentro de sus familiares, y les revela su estilo de vida. Como suele pasar en estos casos siempre hay terceros "bienintencionados" que se meten entre las parejas: "que si vete tú a saber que clase de monstruo es", "cuando no te deja verlo por algo malo será", "cualquier noche te zampa cruda", etc. Psique volvió a casa dispuesta a desvelar el secreto de su marido a pesar de las advertencias de éste.

Llegada la noche  y tras disfrutar los placeres de Eros (justamente de ahí viene la expresión), Psique esperó a que su marido se durmiera, y se acercó con una lampara para contemplar su horrible rostro, y un cuchillo por si las moscas. Eros dormía plácidamente y como dios que era estaba lejos de ser un adefesio, sino todo lo contrario. Psique quedó extasiada ante tanta belleza, hasta el punto de que no se percató de que una gota de aceite caía sobre el rostro del durmiente (entonces las lamparas eran de aceite, hoy se alumbraría con el móvil y seguro que sonaría la sintonía de llamada de alguna de las hermanitas). Cuando Eros se despierta pilla a su desconfiada esposa y se marcha dejándola desconsolada.

Psique enterada de que su marido era nada menos que el dios del Amor decide no dejarlo escapar y parte en su búsqueda, imagino que después de darle encarecidamente las gracias a sus hermanas. Mientras tanto Eros ha acudido a su mamá para que le cure esa herida de amor, la misma que a tantos había ocasionado él. Los rezos de una pidiendo ayuda y los lamentos del otro, decidieron a la diosa a poner a prueba a Psique para ver si era merecedora de recuperar a su hijo, y como buena suegra le impuso cuatro tareas imposibles.

Eros y Psique. F.E Picot
El primer trabajo consistía en separar un montón de las más pequeñas semillas que se encontraban en un cuenco en pequeños montoncitos; cuando aún se estaba plantando como realizarlo, unas hormigas se compadecieron e hicieron el trabajo por ella. En el segundo trabajo tenía que traer muestras del vellón de oro de unos carneros salvajes, de nuevo tuvo ayuda para lograr la difícil misión, los propios rosales de la zona donde pastaban los animales le dijeron que esperara y sólo tendría que recoger los vellones que se quedaban entre sus púas. El tercer trabajo consistía en llenar una botella con el agua del nacimiento del río Estige, pero el lugar era inaccesible, y por tercera vez la Naturaleza vino en su ayuda, y fue un águila quien realizó el trabajo por ella. Afrodita en su papel de malvada suegra le encargó un último y definitivo trabajo, descender al Hades y solicitar de su reina un poco de su belleza inmortal. 

También en su descenso al Hades obtuvo Psique ayuda, y logró sortear los mil y un peligros que la acechaban, llegar hasta Perséfone y conmover a la reina del Inframundo con su historia. Finalmente ésta le dio una cajita con lo solicitado, y Psique abandonó el reino de los muertos para entregar el último presente a la diosa Afrodita. Pero entonces la muchacha insegura de recuperar a su esposo desaparecido decidió abrir la caja y tomar un poco de la belleza para ella por si era incapaz de reconquistar a Eros. De la caja o ánfora salió el vapor narcótico que sume a los mortales en el sueño de los muertos, y la bella princesa cayó sumida en un sueño mortal. Afortunadamente para ella Eros se había escapado de la reclusión a que lo sometía su sobreprotectora madre, y estaba siguiendo curioso las evoluciones de su esposa, así que acudió raudo al rescate, y...no, no le dio un beso de amor como estaréis pensando la mayoría, pero sí que limpió el sueño de los ojos de su amada. La envió con el presente a su madre, mientras él obtenía de Zeus el don de la inmortalidad para su esposa.

La suegra se tuvo que tragar a la curiosa y obstinada nuera, las hermanas envidiosas y "metomentodas" pasaron de tener una hermana rica a una hermana "divina de la muerte" y rabiaron aún más, y la pareja de enamorados vivieron felices y comieron perdices, ¡ah no, perdón que eso es de otra historia!    

El cuento que relata Apuleyo en su obra "El asno de oro" tiene muchas enseñanzas, moralejas, o interpretaciones según quien y cómo lo interprete. A muchos de nosotros nos resulta muy familiar porque en él descubrimos algunos de los elementos que hicieron famosos a los cuentos de hadas: los misteriosos príncipes encantados, las sufridas princesas, las malvadas reinas destinadas a torturar a la protagonista, los aliados inesperados surgidos a veces de la misma naturaleza, los trágicos destinos superados por el amor verdadero, etc. "Bancanieves"; "La cenicienta", "La bella durmiente" beben de las fuentes clásicas y sus princesas y príncipes son en definitiva derivados de nuestros héroes clásicos, Eros y Psique.

Pero si además quisiéramos ponernos filosóficos podríamos aún encontrar otras explicaciones que arrancarían desde el mismo significado de la palabra psique en griego, "soplo", pues para los griegos era el último aliento que exhalaban los mortales antes de descender al Hades, y en ese aliento iba todo lo que importaba de la persona,  no sus posesiones, no su dinero,  ni su posición social o el valor de las acciones que tenia en el banco, en definitiva iba el alma que volaba lejos del vacío cuerpo igual que una mariposa, que en griego también se llamaba psyche, y que en este cuento perseguía lo único que le importaba de verdad. Y aquí no me resisto a poner la poesía de Quevedo al amor constante, más allá de la muerte: 

"Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
más no, desotra parte, en la ribera, 
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría, 
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, más tendrá sentido;
polvo serán, más polvo enamorado."

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