MUERTE EN EL PÁRAMO

Reconstrucción facial del hombre de Tollund
LOS CUERPOS DE LAS CIÉNAGAS

Al terminar el Pleistoceno Europa del Norte se llenó de ciénagas y pantanos, lugares peligrosos para la vida pero fabulosos para conservar a los muertos. Efectivamente en estas zonas pantanosas aunque parezca contradictorio se han conservado miles de cuerpos humanos, y de éstos  varios cientos han podido ser datados por su buen estado de conservación. Entre estos cuerpos, muchos de ellos datados en la Edad del Hierro, destacan los de unos cuantos individuos cuya muerte no fue precisamente natural.   

Alguien podría pensar que un  pantano es el lugar menos indicado para que se conserve un cuerpo humano, pero es que en los del norte de Europa las condiciones ambientales favorecieron que se formaran turberas, y que en éstas los ácidos desprendidos, muy similares al vinagre, conservaran los cuerpos como si fueran escabeche, a parte claro está de otras condiciones. Si los cuerpos se depositaban en invierno o principios de la primavera, los cadáveres se conservaban bien. Como resultado los arqueólogos han descubierto momias que se pueden datar desde el 2000 a.C. hasta el siglo I a.C.

El hombre de Tollund.  Museo de. Silkeborg. Dinamarca
Para las sociedades que vivían en la Edad del Hierro los pantanos tenían algún tipo de significado simbólico, pues en ellos además de arrojar a los muertes, se lanzaban ofrendas votivas de todo tipo: collares, pulseras, tobilleras. Pero lo más curioso no era esto, sino que los individuos encontrados habían sido asesinados, o como prefieren algunos investigadores, sacrificados, y no con un único método. Las momias habían muerto apuñaladas, ahorcadas, estranguladas, golpeadas, envenenadas, por una combinación de varios de estos sistemas, e incluso una había sido decapitada, y puesta su cabeza sin el correspondiente cuerpo (cabeza de Oosterby).

Momias descubiertas en turberas de Dinamarca, Irlanda, Holanda, Alemania, etc, se encontraban en un estado muy bueno de conservación que ha permitido estudiar sus vestimentas, sus últimas comidas y hasta su forma de morir. Muchos de los hallazgos se corresponden con personas de estatus social alto, e incluso algunos presentaban algún tipo de malformación. Las especulaciones de porqué estos individuos habían sido asesinados llevó a los investigadores a todo tipo de hipótesis: castigos a todo clase de crímenes, asesinatos rituales, reyes sacrificados para recuperar el beneplácito de los dioses, personas "especiales" entregadas a los dioses. La realidad es que durante siglos y en lugares diversos las ciénagas fueron recibiendo los cuerpos de personas sacrificadas, a las que luego se intentaron sepultar bajo las fangosas tierras empujando los cuerpos para que se sumergieran, pues algunos tienen hasta las marcas de haber sido empujados hacia abajo con una especie de horquilla.

Pulsera de cuero trenzado de la momia de  Old Croghan.
El más antiguo de estos cadáveres es el llamado hombre de Cashel encontrado en Irlanda. Una cosechadora de turba ocasionó daños a los restos, sin embargo el buen estado de conservación del cadáver dio mucha información sobre él mismo. La datación sitúa su muerte en una fecha en torno al año 2000 a.C., lo que le convierte en la momia de los pantanos más antigua. El cuerpo presentaba graves heridas realizadas con una espada o un hacha, algunas postmortem como la rotura del brazo o la espalda, y otras en vida como un corte en un brazo. Para los expertos nuestro hombre era un rey local al que le tocó pagar con su vida por las malas cosechas; se le llevó a un pantano cercano a la colina de su coronación, y se procedió con él a un sacrificio ritual; primero se le mutilaría, normalmente cortándondole los pezones, pues la ley impedía que hombres incompletos reinasen, y luego se le daría un rápido pasaporte para la otra vía, o no tan rápido. Casos similares aunque más tardíos al del hombre de Cashel fueron las momias de Old Croghan, un hombretón de 1,98, o el hombre de Clonycavan; ambos en Irlanda, y los dos sometidos a un sacrificio ritual.

Hombre de Tollund.
Si los antiguos irlandeses se deshacían de los inútiles de sus reyes de forma expeditiva, los daneses tampoco es que se anduvieran con muchos remilgos. Dinamarca posee posiblemente las momias de pantano mejor conservadas de todas, algo que ha permitido estudios pormenorizados de las mismas. Las momias de Borremose (700-400 a.C.), el hombre de Grauvelle (290 a.C.), la mujer de Haraldskaer (490 a.C.), o el conocido hombre de Tollund (400 a.C.) son claro ejemplo de esto. El  hombre de Tollund además de encontrarse en posición fetal, con los ojos cerrados, y cubierto con un gorrito de piel, tenía un detalle macabro pero revelador, llevaba al cuello una soga de cuero trenzado. El hombre de unos 40 años y 1,60 de altura había sido ahorcado. Habían pasado unas 20 horas desde su última comida que había sido unas papillas de cereales (las típicas gachas), y el día de su ejecución no se había afeitado, pero después de muerto tal vez sus familiares le habían cerrado los ojos y depositado con un cierto mimo en el pantano que preservaría sus restos para la eternidad. La mayoría de los hallazgos en Dinamarca al igual que el hombre de Tollund mostraban signos de haber sido estrangulados o ahorcados, otros como el hombre de Grauvelle habían sido degollados.

Chica de Windeby. M. de Schleswig. Alemania
Un caso curioso fue el de la mal llamada "chica de Windeby" encontrada en Alemania. La momia se creía que pertenecía a una joven de 14 años que había sido ejecutada en el siglo I a.C. Había sido estrangulada, se le había rapado el lado izquierdo de la cabeza, y se le habían vendado los ojos con una tira de colores. Como el rapado solía ser un castigo típico de adulteras, se pensó que había sido ejecutada por adulterio, y cuando a más profundidad se descubrió el cuerpo de un varón, se pensó haber hallado al supuesto amante. Al analizar con más cuidado los restos, la historia de la adultera se desmoronó, no tenía 14, sino 16 años, era un chico no una chica, el rapado posiblemente no fuera tal sino una perdida de cabello de la momia por mayor exposición al oxigeno, y finalmente la venda en los ojos, posiblemente se colocara para sujetar el largo cabello del chaval, y con el tiempo se deslizara sobre sus ojos. Eso sí, había sido ejecutado (en algo tenían que acertar)

El Hombre de Lindow. Museo Británico. Londres. 
Y podíamos seguir y seguir hablando de los cuerpos encontrados en los pantanos europeos, pero para no hacerlo demasiado extenso, vamos a terminar con un último caso, más reciente que los anteriores, y cuya muerte fue atribuida a rituales druídicos por la violencia de la misma. Es el hombre de Lindow, o como los británicos le bautizaron, en uno de esos alardes de macabro humor, Pete Marsh (Pedrito Pantano diríamos en castellano, y quedaría mucho mejor). El pobre de Pete tenía unos 20 años cuando murió, su cuerpo fue depositado en una ciénaga del noroeste de Inglaterra entre el siglo I a.C. y el siglo II d.C. El hombre nunca había realizado trabajos pesados, por lo que se le supone de una clase social alta, aunque su última comida no fue precisamente la de un privilegiado, un trozo de pan quemado, y polen de muérdago, muy empleado por los druidas, y que entre otras cosas le debió de provocar unos retortijones y dolores de estómago atroces, además de decirnos que murió en marzo o abril. Imagino que algún druida poco experto debió intentar drogarlo para el duro final que le esperaba, como ya se ha detectado en otras momias, pero no le debió de salir muy bien. El hombre de Lindow sufrió un golpe en la cabeza con un hacha que le fracturó el cráneo, pero que desgraciadamente no le mató, tuvieron que atarlo luego de estar inconsciente un buen rato. Presentaba marcas en el cuello, o bien de una cuerda o bien de un collar, en cualquier caso, ni el veneno ni el golpe acabaron con el resistente Pete. Nuestra momia presentaba una costilla rota, un corte en el cuello realizado con un cuchillo, el cuello roto, y otro corte en el pecho derecho. Algunos reconstruyeron su muerte de una forma bastante cruda: primero recibiría un rodillazo en la espalda que le quebraría la costilla, suponemos que después del intento de envenenamiento y el golpe en la cabeza no estaba muy colaborador y posiblemente se negaba a arrodillarse; después le enrollaron un cordón en el cuello con el que lo estrangularon y rompieron el cuello, y finalmente ya muerto, le cortaron el cuello. Para otros investigadores la mayoría de las lesiones fueron postmortem y se ocasionaron en su descubrimiento o por la propia presión de la turba sobre el cadáver. Demasiado excesivo para un asesinato vulgar o una ejecución, la experta en religiones de la Edad del Hierro, Anne Ross, aventura una curiosa hipótesis: la "triple muerte", un asesinato ritual dedicado a tres divinidades diferentes con tres muertes en honor a cada una: golpe, estrangulación y degollación.

En cualquier caso las momias de los pantanos generan tantas preguntas como respuestas nos dan, ¿eran ejecuciones ejemplificantes o sacrificios rituales?¿quiénes realizaban tan macabras ejecuciones? ¿qué significado tenía arrojarlos a aguas lacustres o pantanosas? y sobre todo ¿quiénes eran las víctimas? ¿qué criterios se utilizaban para seleccionarlas? Creo que ya no volveré a mirar a un pantano de la misma forma, sabiendo que en muchos lugares las condiciones ambientales no permitieron conservar los cuerpos, y que algunas zonas de ciénagas continúan casi sin tocar, lo que me lleva a plantearme ¿cuántos cuerpos más yacen sepultados en nuestros cercanos páramos? 

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