HERMANOS MORTALES

Bostanci.
LA DIFÍCIL  SUCESIÓN OTOMANA

Después de la conquista de Constantinopla o Bizancio, según cada cuál, el Imperio Otomano se convirtió en la gran potencia del Mediterráneo. El sultán al mando, Mehmed II (1430-1481) quiso dejar su enorme legado en buenas manos garantizando la sucesión y estabilidad del reino. Pero las costumbres de las cortes orientales tenían en su propio seno el germen de la sucesión pero a la vez el de la inestabilidad. 

Mehmet II. Bellini. 1480.NPG. Londres.
Desde el momento que el sultán mantenía un harén compuesto por un número considerable de mujeres, que tomaban el papel de concubinas del gobernante y se encargaban de suministrarle hijos que garantizaran la sucesión al trono, éste no se tenía que preocupar demasiado por darle al imperio un futuro gobernante sino por el excesivo número de candidatos.

Mientras las católicas majestades de Occidente se las veían canutas para garantizar a sus súbditos la continuidad de la dinastía (Felipe II de España y su hijo idiota, Isabel I de Inglaterra y sus supuesta virginidad, etc), los gobernantes turcos repoblaban ellos solitos los palacios. Pero como la norma, al revés que en Occidente, no implicaba que el primogénito fuera el sucesor, el lío estaba servido. Si una concubina tenía un hijo con el sultán subía su estatus, pero ello no implicaba necesariamente que se convirtiera en la favorita, y si la favorita tenía un hijo, estaba más cerca de influir en el sultán para situar a su retoño a las puertas del trono. Con semejante planteamiento es de imaginar las intrigas, puñaladas y faenas varias, con las que las ociosas mujeres del harén entretenían su monótona vida (Para más información a seguir la larguísima telenovela turca "Suleiman el gran sultán" ).

Pero el avispado Mehmet II decidió evitar  posibles luchas sucesorias y guerras civiles con una hermosísima ley, conocida como "la ley del fratricidio". Con ese nombrecito es fácil suponer de que iba la dichosa ley, pues sí eliminar a hermanos, medio hermanos, sobrinos, y demás familia cercana que podrían aspirar a ocupar el otro, luego bien asentado en el trono dedicarse a fecundar a señoritas con el sano propósito de asegurar la dinastía, y que el próximo sultán se encargue de matar al ascender y vuelta a empezar. El hijo de Mehmed II, Bayaceto II (1447-1512) afirmó muy lleno de razón: "Un sultán no conoce los lazos de sangre".

Selim I. Esc. italiana. 1550.
Selim I (1465-1520), conocido como el Severo, llevó a su máxima expresión la "ley del fratricidio", en ocho años mató a siete visires, y unas 30.000 personas más que tuvieron la desdichada idea de cruzarse en su camino.  Además tuvo la brillante idea de facilitar la tarea de limpiar a tanto familiar molesto, para ello creo un cuerpo especial, los "bostanci". Estos bostanci eran elegidos entre los jenízaros, se les convertía en guardianes de palacio, y jardineros, y además de cuidar de la seguridad del sultán y del mantenimiento de su jardín, se dedicaban a arrancar las otros malas hierbas, es decir se convirtieron en ejecutores de la familia real. Eran unos 5000 hombres a las ordenes de un jefe con el título de pacha, el Bostanci Pasha, quien tenía a su cargo la ejecución de los más altos cargos. En su época se hizo famosa una maldición: "Ojalá te hagan visir de Selim".

Mehmet III (1566-1603) tuvo bastante ocupado a su Bostanci Pasha pues le encargó nada menos que el asesinato de 19 de sus hermanos. En 1595 al llegar al poder hizo llamar a sus familiares para el tradicional "besamanos". El mayor de sus hermanos no tenía ni 11 años, así que una vez completado el ritual de sometimiento, los hizo circuncidar a todos, y luego los fue llevando a parte donde eran estrangulados. Por si acaso mató también a sus 20 hermanas, a unos niños que nacieron después de la muerte de sus sospechosos familiares, y a toda concubina que pudiera estar embarazada de un futuro sucesor.

Bostanci. Grabado
El sistema para poner en práctica la ley del fratricidio era muy curioso, ya que se tenía que seguir un protocolo muy específico que se fue refinando con el tiempo. En primer lugar al posible condenado se le invitaba a un sorbete, si éste era blanco pues nada a disfrutar de la vida y a tomarse su tacita,  pero si le tocaba el rojo, estaba condenado, y cinco fornidos guardias esperaban que apurara su último trago para ejecutarle. Cuando el sujeto no era un personaje muy importante en la corte le enviaban directamente a la decapitación, y uno de los jardineros verdugos le aligeraba del peso de su cabeza. Sin embargo si formaba parte de la élite gobernante tenían un par de privilegios: el primero era que sería estrangulado en lugar de decapitado, normalmente con una cinta de seda roja; el segundo privilegio era la posibilidad de salvar la vida con una última prueba, la carrera de la vida o la muerte.

La carrera consistía en competir contra el jefe de los Bostanci en una carrera de 300 metros. Se salía desde los jardines de palacio hasta la puerta que daba al mercado del pescado, al sur del Topkapi. Si el condenado ganaba la carrera era enviado con vida al exilio, pero si por el contrario ganaba el jefe de los jardineros, éste se encargaba allí mismo de ejecutar la sentencia y arrojar el cuerpo del ajusticiado al Bósforo. Por cierto en 1822 el Gran Visir Haci Salih Pasha escapó de la ejecución ganando la carrera (éste debía de entrenarse todos los días por si las moscas).

La Kafes en el Palacio de Topkapi. Estambul. Turquía.
Ahmed I (1590-1617) debió de cansarse de tanta ejecución y decidió abolir la ley del fratricidio sustituyéndola por otra agradable medida, la Kafes, es decir la Jaula. La Jaula consistía en un edificio adosado al harén del Palacio del Topkapi, donde los posibles herederos eran encerrados desde niños y de por vida, allí eran continuamente vigilados, y se les prohibía salir de sus habitaciones hasta la muerte del sultán y únicamente para ser proclamados en su lugar. Como consecuencia los nuevos sultanes sometidos a este encierro cuando llegaban al poder no solían estar en su mejor momento, o bien estaban insuficientemente preparados o bien eran directamente enfermos mentales como Ibrahim el loco (1615-1648), que se obsesionó con las gordas, eliminó a un montón de concubinas, unas 280, y no paró hasta conseguir para su harén a la mujer más gorda del imperio. Sin embargo el propio hijo de Ahmed I, Osman II (1604-1622) no se benefició de la nueva clemencia impuesta por papá, y como suele pasar con quienes quedan en medio de una reforma, ni se benefician de lo viejo ni gozan de lo nuevo ( vamos como generaciones de alumnos y las sucesivas reformas de la enseñanza). A este Osman lo depusieron por las malas y no lo mandaron a la Jaula, pero como el tradicional sistema les debía parecer anticuado, probaron uno nuevo: el aplastamiento testicular, aunque imagino que después de dejarle las "bolillas" aplastadas cual hamburguesas, le aplicarían la consabida cuerda al cuello.

La tradición de la Kafes suavizó la bárbara costumbre de la ley del fratricidio, pero también a la larga conllevó la decadencia del Imperio otomano regido desde entonces por sultanes cada vez más incapaces. 

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