UN SINVERGÜENZA ANDA SUELTO EN ATENAS

Alcibíades. S. IV a.C. M. Capitolinos
ALCIBÍADES O EL TODO VALE

Alcibíades nació en Atenas allá por el año 450 a.C. Era hijo de Clinias y Demodaca, y por tanto pertenecía al clan familiar de los Alcmeónidas. El gran gobernante Pericles era primo de su madre, y su abuelo había sido gran amigo del reformador Clístenes. Para entendernos el niño pertenecía a una de las familias más importantes de Atenas, que además tenía importantes contactos en la política, y dinero suficiente para que el jovencito desarrollara una buena carrera, se metiera en política, y alcanzará los altos cargos a los que por linaje creía tener derecho. Estamos ante un "hijo de papá", lo que hoy sutilmente se llaman "políticos de casta". Que uno venga de buena familia no es necesariamente malo, que use sus influencias para medrar, tampoco si luego desarrolla sus habilidades en bien de la comunidad, desgraciadamente estamos demasiado acostumbrados a ver encumbrarse a lo más alto a verdaderos imbéciles que sólo tienen en su currículum el ser de una familia o pertenecer a una casta. Veamos si ese fue el caso de Alcibíades.  

Alcibíades y las cortesanas. F. Auvray. M. de Valenciennes
El muchacho resultó ser un crío guapo y simpático con un cierto hablar ceceoso y unas maneras delicadas que para sus detractores le hacían un poco afeminado, y para sus defensores le hacían encantador. Por supuesto se le puso el mejor preceptor posible, Sócrates ( hoy se le mandaría a un colegio de élite). El crío demostró enseguida que no pensaba doblegarse ante nadie, y que pensaba por encima de todo salirse con la suya. Decían que un día jugando con otros chavales  a los dados en medio de la calle, un carretero les conminó a apartarse, pero él le exigió que esperara a que acabara la partida. Como no se apartaba el carretero azuzó a los bueyes contra los jóvenes, todos huyeron menos Alcibíades que se tumbó a lo largo de la calle instando al conductor a atreverse a pasar, algo que por supuesto el pobre hombre no hizo. Además se negaba a aprender a tocar la flauta porque decía que deformaba las facciones, y no sólo no aprendió a tocar la flauta sino que además consiguió que los jóvenes atenienses se negaran a estudiarla, tal era su poder de atracción y de convencer a otros.      

Alcibíades creció y se convirtió en un joven a quien imitaban sus iguales y a quien envidiaban o deseaban sus mayores. Se marchó de la casa paterna y se fue a vivir con su amante Demócrates. Las borracheras y juergas desenfrenadas se convirtieron en lo habitual en un joven que lo tenía todo. Sus "ocurrencias" pronto se convirtieron en bromas pesadas aplaudidas por toda una cohorte de imbéciles como él. A un tal Ánito que lo deseaba (con eses nombre estaba bastante claro lo que quería), le hizo una de sus "bromitas": convidado a un banquete donde Ánito había reunido lo mejor, cubertería de oro y plata, exquisitos manjares, selectos invitados, Alcibíades se presentó con una legión de esclavos, él no traspasó el umbral de la puerta, pero ordenó a sus esclavos y criados que cogieran la mitad de lo que veían en la mesa y se lo llevaran a su casa. Ánito en lugar de protestar alababa la moderación y buen gusto del muchacho que pudiendo llevarse todo les dejaba parte.   

Alcibíades y Sócrates. 1813. Eckersberg.
Sólo Sócrates podía frenar los desmanes del mimado, pues Alcibíades respetaba a su maestro, y sentía verdadera devoción por él. En el 432 a.C. maestro y discípulo se encontraron juntos en el campamento del ejercito ateniense, compartieron tienda, y al día siguiente combatieron en Potidea contra un grupo de enemigos de su ciudad. El joven resultó herido y el maestro no dudó en protegerlo con su escudo, defenderlo de los atacantes y ayudarle a retirarse. Los jefes deslumbrados por el muchacho quisieron condecorarlo, y el mismo Sócrates, verdadero merecedor de los honores, alabó a su discípulo como si él fuera el héroe, para conseguir que así éste enmendara su camino. Alcibíades nunca olvidó ese detalle de su maestro, y los lazos entre ellos se estrecharon aún más. En el 424 a.C. en la batalla de Delio, cuando las tropas se retiraban, montó a Sócrates a su caballo devolviéndole el favor.

A pesar de ser convencido para entrar en política, nuestro héroe ateniense no cejó en escandalizar, provocar y comportarse como un autentico niño malcriado. En una apuesta con su amigotes fue a uno de los hombres más importantes de la ciudad y lo abofeteó sin motivo, eso sí al día siguiente se presentó en su casa, se desnudó y se ofreció para que el prohombre lo azotase; el buen hombre lo perdonó, y acabó siendo su suegro, vamos que digo yo que esa no es la mejor manera para presentarse a la familia política, aunque a alguno y alguna no le habrán faltado ganas de darles un par de bofetadas al suegro o a la suegra. Por cierto su esposa intentó divorciarse de él por su costumbre  de pasar demasiado tiempo en compañía de prostitutas. 

Sócrates reprochando a Alcibíades. A. Petter
Cuando comenzó su carrera política topó de frente con un hábil oponente Nicias. Alcibíades que veía en el político un rival, se valió de una estratagema para ganarse a los miembros de la Asamblea ateniense y dejar mal a quien podía frenar su ascenso. Los embajadores espartanos que habían acudido a Atenas a negociar un tratado, habían entrado en contacto con Nicias con quien habían comenzado negociaciones, pero Alcibíades se reunió en secreto con ellos, les convenció de que no se presentaran con plenos poderes pues no los aceptarían los orgullosos atenienses, y que le dejaran a él hablar en su nombre. Cuando los espartanos se presentaron ante la ekklesia (una especie de parlamento), y ante la pregunta de Alcibíades de si tenían plenos poderes, contestaron que no, y ese fue el momento que aprovechó el joven para despacharlos de vuelta a casa, dejando en ridículo a Nicias y a los espartanos. Denunció a los espartanos acusándolos de no venir en serio a negociar la paz, de burlarse del pobre e ingenuo Nicias, y de traer propósitos ocultos. Nicias quedó como un borrico, los espartanos no daban crédito a lo que había pasado, la asamblea quedó encantada con la astucia y habilidad del joven político, y Alcibíades consiguió lo que quería, ser nombrado general de un ejercito antiespartano.

Sócrates halla a Alcibíades con cortesanas. 1873.Siemiradzki
Poco a poco Alcibíades gana respaldos y sube en el aprecio popular, incluso Nicias tiene que recurrir a él para deshacerse de un enemigo común. En el año 416 a.C., Alcibíades está en la cumbre, es el hombre más popular en Atenas, se cree por encima de todo, y sus actos siguen siendo los de un adolescente malcriado, aunque ya pasa de los 30. Su encanto le ha ganado numeroso adeptos, pero también acérrimos enemigos. Al año siguiente unos delegados de la ciudad siciliana de Segesta acudieron a Atenas para solicitar la ayuda de la ciudad-estado contra su enemiga Selinunte. Dos partidos se formaron en la ciudad, el encabezado por Alcibíades deseoso de gloria y expandir el imperio ateniense participando en la campaña, y los contrarios con Nicias al frente que consideraban costosa la guerra y un vehículo para el lucimiento del noble. La estrategia de Nicias fue intentar disuadir a la asamblea a costa de exponer lo costoso de la empresa, el numero excesivo de tropas y de navíos que se necesitarían, pero su discurso se volvió contra él, o de nuevo se dejó engañar por su rival. Los próceres atenienses quedaron convencidos de que la expedición aunque costosa les iba a dar cuantiosos beneficios, y le concedieron a Nicias todo lo que pidió, además de entregarle el mando de una campaña que no deseaba, mando que para más escarnio tenía que compartir con Alcibíades y Lámaco. Entonces una noche, antes de la partida de la expedición estalló el escándalo de los hermai.

Un par de hermai que escaparon a la castración.
Los hermai eran unas pequeñas figuras con rostro de Hermes sobre un pedestal del que sobresalía un falo erecto. Tenían muchas funciones, pero por aquel entonces en Atenas eran símbolos de la buena suerte, y se colocaban ante las casas para alejar lo maligno, lo nefasto. Todos los barrios tenían al menos uno, y a sus pies se solían realizar ofrendas. La mañana antes de partir la expedición a Sicilia, los hermai de toda la ciudad aparecieron castrados. El escándalo fue mayúsculo, y se tomó como un augurio nefasto. Comenzaron las especulaciones sobre quiénes habían cometido tal sacrilegio y el porqué del mismo. Se le echó la culpa al enemigo, a los pacifistas, y a todos los que se oponían a la campaña. Pero entonces apareció un testigo que señala a los culpables: Alcibíades y sus amigos que en una noche de borrachera, fingiendo realizar unos ritos mistéricos entre risas y bromas, cortaran todos los penes estatutarios, lo que hoy denominaríamos un botellón descontrolado. Empiezan los reproches, las acusaciones, los desmentires: que si yo no he sido, que si me queréis cargar con la culpa, que si es una conspiración. El caso es que para evitar que la moral cayera más se deja partir al "supuesto" gamberro. Sus enemigos aprovechando su ausencia lo juzgan por impiedad, y envían a una delegación a capturarle. Alcibíades recibe el chivatazo, y antes de que lo envien de vuelta a Atenas, se escapa, desembarcando en la costa de Esparta.

Un Hermes con menos suerte. 
Bueno, estaréis pensado, caro le ha costado a éste la borrachera, ha tirado por la borda su futura carrera política y militar, y poco le queda ya sino desaparecer de la historia. Pues no, Alcibíades es un auténtico superviviente, al que evidentemente sólo le preocupa vivir bien él (algo muy frecuente entre nuestros políticos actuales, dignos discípulos del ateniense). Con una desfachatez impresionante se presenta en la corte espartana, y se pone al servicio de los tradicionales enemigos de su patria. Cuando se enteró de que en Atenas le habían condenado a muerte, contestó aquello de que "yo les haré ver que vivo", es decir el tradicional "os vais a enterar". Y vaya si se enteraron. Rebeló todos los planes de Atenas a Esparta, las fuerzas con las que contaban, aconsejó como actuar contra ellos, etc. Algunos le han justificado diciendo que las acusaciones eran falsas y que Alcibíades era inocente, pero es que nuestro político era de todo menos inocente, aún cuando no hubiera sido él "el rompepitos", sus manejos, andanzas, y desmanes eran más que suficientes para sacarlo a patadas de la ciudad.

Ya tenemos a Alcibíades viviendo como espartano de adopción, favoreciendo las victorias de Esparta sobre Atenas en la Guerra del Peloponeso, y viviendo a cuerpo de rey en la ciudad enemiga. Cuando decimos a cuerpo de rey, no exageramos, mientras el rey espartano Agis II combatía lejos de su tierra, Alcibíades se entretenía en suplirlo en su lecho (osea que se beneficiaba a la reina espartana). Más de dos años pasó el ateniense como consejero político militar de los espartanos y asesor sexual de su reina. Todo hubiera ido de maravilla si la reina Timea no se hubiera quedado embarazada, algo difícil de explicar cuando su marido llevaba una larga temporada alejado de Esparta embarcado en sus batallitas. Cuando el doblemente coronado, Agis se enteró del feliz embarazo de su real esposa, no lo celebró con champán y puritos, si no encargándole a uno de sus generales que regresara a Esparta y le diera a Alcibíades sus parabienes en forma de cuchilladas. El ateniense, que tenía amigos hasta en el infierno pues era encantador y podía ser muy generoso, vuelve a recibir un aviso, de que corría peligro de enfermar súbitamente y mortalmente si permanecía en Esparta, y decide de nuevo cambiar de aires, dejándole a Esparta un regalo de su estancia en forma de bebé, que como era de esperar al crecer fue excluido de la sucesión al trono espartano.

Alcibíades y Sócrates. François-André Vincent.
Expulsado y condenado a muerte en Atenas por sus desmanes y ahora por traición, huido de Esparta perseguido por su rey por haberle regalado unos hermosos cuernos, de nuevo la vida del político ateniense da un giro. Está acabado, es imposible que se levante de esto. ¿A dónde puede ir alguien que está desprestigiado de tal forma? Pues al enemigo común de Atenas y Esparta, y de todos los griegos, Persia. ¿Se atrevería a desertar hacia Oriente? Pues claro, es Alcibíades. Ni lo duda, se pasa a la satrapía de Tisafernes en Asia Menor, a quien convence de lo valioso de sus servicios. Sus consejos al persa son claros: dejar de ayudar a Esparta, con el fin  de que los dos combatientes se agoten para luego sacar él beneficio. Pero mientras aconseja al persa, envía mensajes secretos a Atenas, a sus seguidores, y a militares afines, convenciéndoles de la labor que está haciendo en favor de su ciudad al conseguir que los persas retiren su apoyo y financiación a los espartanos.

Alcibíades huyendo del fuego. 1842. Kapov
Pues sí, amigos, Alcibíades consiguió regresar a Atenas presentándose como su salvador al atraer al persa Tisafernes a su bando en contra de los espartanos. Despúes de múltiples intrigas y variados vaivenes, nuestro personaje regresa a su ciudad donde da un magnífico discurso que consigue para él ¿las iras del pueblo? ¿la condena por sus actos? ¡No! ¡Un generalato! Como veis siempre han existido políticos que son capaces de convencer al pueblo de cualquier cosa. En el año 407 a.C. Alcibíades regresa con honores a su patria de nacimiento, después de una serie de éxitos militares al frente de la flota de su ciudad. Tuvo una bienvenida triunfal, se retiraron los cargos contra él, se le devolvieron sus propiedades confiscadas, y la ecclesia lo nombró estrategos con mando sobre la tierra y el mar.

Pero los fechorías de Alcibíades habían sido muchas, y sus enemigos acechaban en las sombras a la espera de que cometiera su primer error. Cuando la marcha de la guerra se torció para Atenas, comenzaron a surgir voces que culpabilizaban al general de sus derrotas. Se le quitó el mando, y tras la derrota ateniense en la batalla de Egospótamos en el 405 a.C. frente a la flota del espartano Lisandro, Alcibíades se retiró a Frigia.

Muerte de Alcibíades. Michele di Napoli. 1839
Se abría el último acto de la vida del voluble político. Poco resignado a  llevar una vida de retiro, tranquila y apacible, Alcibíades seguía con sus intrigas y amoríos. Desde Frigia intentó convencer al rey persa Artajerjes II para que atacará a los espartanos. Suponemos que quiso repetir una de sus jugadas maestras, poner a persas contra los espartanos, y regresar de nuevo a Atenas como el salvador supremo. Pero sus enemigos habían aprendido la lección. Cuando se preparaba para abandonar su casa en Frigia para ir a Persia a entrevistarse con el rey, unos desconocidos incendiaron la casa donde vivía con su amante Timandra. Al salir a la calle para evitar la asfixía, armado y dispuesto a enfrentarse a los asaltantes, fue asaetado por una lluvia de flechas. Era el año 404 a.C, y los sospechosos de su muerte eran tantos que ni Poirot y Sherlock Holmes juntos hubieran resuelto su asesinato: espartanos enviados por Lisandro, persas enviados por el sátrapa Farnabazo partidario de los espartanos, antiguos enemigos atenienses poco dispuestos a que regresara de nuevo a Atenas, los hermanos de una joven seducida por el eterno conquistador, y si me apuráis la propia Timandra, harta de las infidelidades y temerosa de ser abandonada por el crápula de su compañero, y que no se molestó ni en darle un entierro digno, ya que lo tapó con su ropa y arrojó su cadáver a la misma casa en llamas de la que habían salido. Por supuesto los espartanos y los persas cargaron con la culpa de la muerte del ateniense, pero Alcibíades se había ganado tantos enemigos en vida que cualquiera sabe quien contrató a quienes acabaron con el que de tantas veces había salido bien parado, pero que finalmente encontró su final en una alejada aldea de Frigia.    
.            

No hay comentarios:

Publicar un comentario