VISITANDO LAS AMÉRICAS II

San Brandán y la ballena. Miniatura medieval
VIAJEROS MEDIEVALES EN EL CONTINENTE AMERICANO: SAN BRANDÁN

Si en una anterior entrega leíamos como los chinos habían llegado a América, o al menos así nos lo querían hacer creer, y sin entrar en los monjes hindús que recalaron entre mayas y zapotecas, hoy dedicamos nuestro espacio a un simpático monje irlandés que hizo un curioso periplo.

Estatua de San Brandán. Fenit Harbor.
Brandán, Brendán, o Borondón, según quien le llame, y algunos otros nombres más, nació en un lugar de Irlanda, Ciarraight Luachra, allá por el 484, año más año menos. Este buen hombre llegaría a ser abad del monasterio de Clonfert, también en Irlanda, monasterio que él mismo había fundado en torno al año 558. Y la historia no hubiera pasado de ahí, es decir monje devoto que funda monasterio en la Edad Media y convence a otros para que le sigan en sus devociones, si no hubiera sido porque a los monjes medievales les dio la "santa" manía de no quedarse quietos en su cenobio, y dedicarse en su lugar a viajar por esos mundos de Dios convirtiendo a todo pagano que se le pusiera a tiro de escapulario.

Brandán por tanto no se conformó con dedicarse al retiro espiritual y se puso en marcha hacia lejanas tierras con el fin de evangelizar a los paganos, algo que las religiones en sus primeras centurias de desarrollo suelen tener por costumbre. Desde que fue ordenado sacerdote con unos 26 años, al religioso se le encargó la misión de fundar monasterios en tierras cercanas y conseguir conversiones, Escocia, Gales y la Bretaña francesa fueron sus primeras paradas, pero sus éxitos le llevaron a ambicionar ir más allá, llevar la palabra de Dios a lugares lejanos. En este momento Brandán abandona los terrenos de la historia y entra en los de la leyenda.

El monje construye, con ayuda de otros compañeros de fe y oficio (entre 14 y 18 monjes), un barquito hecho de madera y forrado de piel, modelo de nave conocida como "currach". Con dicho barco y la tripulación antes mencionada, Brandán puso rumbo hacia un destino incierto, llegó a lejanas tierras donde nunca antes había llegado un cristiano, pasó múltiples aventuras y peligros, y finalmente regresó a tierras civilizadas.

San Brandan el navegante. J Christensen
El gran problema surge al contar las vicisitudes del viaje, pues como ya hemos visto anteriormente (ver el fantástico viajero), en la Edad Media eran muy aficionados a adornar las aventuras exploratorias con todo tipo de exageraciones, peligros imaginarios, monstruos marinos y situaciones imposibles, suponemos que para evitar descubrir rutas marinas a rivales comerciales, y como era de esperar cuando se relata el viaje de Brandán se convierte en una obra donde realidad y fantasía se mezclan de tal forma que es difícil decir donde comienza una y acaba la otra.

Varios relatos medievales recogen el viaje del monje, pero el más conocido es la "Navegatio Sancti Brandani", de la cual existen más de 100 manuscritos, aunque el más antiguo date del año 900, y posiblemente recoga relatos orales, y añadidos posteriores. Según la "Navegatio" Brandán y su tripulación recorrieron el océano durante 7 años antes de volver a casa, visitaron numerosas islas, y se encontraron todo tipo de cosas extrañas: En una les sale al encuentro un diablo etíope, en otra hay ovejas gigantes, aves que cantan salmos, se encuentran a un cabizbajo Judas, y el incidente más popular del viaje, la isla desierta que al encender un fuego se mueve, pues han arribado a la espalda de un pez gigantesco (confundido por algunos con una ballena). Con estas historias quien se va a creer en la actualidad que la expedición de los monjes llegara alguna vez a abandonar el bar de la esquina, donde posiblemente abusaran de los peleones alcoholes locales. Pero frente a estas fantasías aparecen detalles sumamente curiosos.

El viaje de San Brandan.
Efectivamente entre cuento fantástico y personaje fabuloso surge algún que otro detalle que revela que efectivamente hubo un viaje a tierras lejanas. La isla de las ovejas se ha querido identificar con las Feroe, pequeño archipiélago entre Escocia y Escandinavia, cuyo nombre significa precisamente "isla de los corderos". También recalan en una isla que denominan "isla de las uvas", pues está repleta de viñedos, lo que recuerda mucho a la historia de las viñas salvajes contada por los normandos en su expedición americana. Luego en un episodio fantástico, demonios les arrojan piedras ardientes, y ven ríos de fuego amarillo, algo que para muchos no es más que la llegada de los expedicionarios a una zona volcánica, que en algunos casos se ha identificado con Islandia. Tras la aventura de los demonios escupefuego se cruza en su navegación un enorme pilar de cristal puntiagudo que tardan tres días en sortear en medio de un mar de niebla, por supuesto la identificación del pilar con un iceberg, o la llegada de los monjes a Groenlandia es la teoría más comúnmente aceptada. Como en otros periplos medievales de las leyendas irlandesas e incluso españolas, los navegantes quedan encallados en un mar coagulado o cuajado, que nos trae a la memoria las historias contadas por Colón sobre el "mar de los sargazos", por cierto, lugar de desove de anguilas, bicho que también hace su aparición en las historias de los viajeros, aunque aumentado considerablemente de tamaño. Después de todos los peligros llegan a una isla, la tierra prometida, la isla del paraíso, o el paraíso de los santos, en definitiva un lugar que en contraste con todo lo anterior no se describe, pero que por el nombre ofrece todo lo que antes no tuvieron los misioneros, paz, tranquilidad, y recursos abundantes. Para los teóricos de la llegada de los irlandeses a América, ese fue el destino final de la expedición, las costas de Terranova.

Una leyenda canaria identifica a San Brandán y su isla móvil con San Borondón y la misteriosa isla que aparece y desaparece en el archipiélago español. Leyendas sobre los viajes de San Amaro en el norte peninsular, u otros viajes irlandeses con parecidas aventuras hacen sospechar que unos se copiaron a otros, añadiendo y quitando detalles según les conviniera. Pero todo parece indicar la idea de un temprano viaje realizado por monjes, sean los de San Brandán u otro, aunque con destino y arribada incierta.

El viaje de San Brandan. E.R. Frampton. 1908.
Los partidarios de la teoría americana formaron una sociedad, la Sociedad de San Brandán, para defender la llegada de los irlandeses a América muchos siglos antes que Colón. Desechada durante años la posibilidad de que un "currach" pudiera hacer tan peligrosa travesía,  un miembro de la mencionada sociedad, Tim Severin decidió demostrar lo contrario. El explorador, historiador y escritor británico, Severin, construyó un barco igual al descrito por las crónicas, con materiales y formas tradicionales, luego reunió una tripulación, y en los años 70 se dedicó a intentar demostrar la viabilidad de la travesía. Severin y su equipo recorrieron entre 1976 y 1977  los 7200 km que separaban Irlanda de Terranova. Hicieron escalas en las Hébridas e Islandia, y finalmente llegaron a las Islas Peckford. Después de concluir el viaje identificando, según él, con éxito, los lugares descritos por el peregrinaje, vinieron los libros, las películas, y hasta una composición musical, "El viaje de Brendan" de Shaun Davey.

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