CAZANDO GIGANTES

Cueva Lovelock
LA CUEVA LOVELOCK

En el estado de Nevada (Estados Unidos) había una tribu india, los paiutes, que contaban una legendaria historia que había pasado de padres a hijos. En este historia se contaba la batalla contra una tribu enemiga, los "si-te-cah", que vivían en la vecina cueva Lovelock. La historia no tendría mucha trascendencia si no fuera porque estos si-te-cah eran blancos, pelirrojos y gigantes, y todo eso mucho antes de que los españoles pusieran sus pies en América.

Sarah Winnemuca, india paiute y defensora de los derechos de sus congéneres, escribió en 1882 un libro titulado "La vida entre los Paiutes: Agravios y Reivindicaciones". Hija y nieta de jefes de tribu, la activista, conferenciante y escritora, puso también por escrito las tradiciones de su tribu. Por supuesto el enfrentamiento con los si-te-cah fue uno de sus relatos.

Sarah Winnemuca.
La tradición conservada oralmente entre los paiutes contaba como los saiduka o si-te-cah comían una planta llamada tule, y de ahí su nombre "los comedores de tule". El tule es una planta acuática fibrosa que les servía a los gigantes, además de alimento ,para fabricar balsas con las que se desplazaban por el lago Lahontan a orillas del cual se encontraba su refugio, una cueva en forma de herradura en la que se refugiaban. Según la leyenda estos gigantes blancos y pelirrojos no se contentaban sólo con comer la dichosa planta, y de vez en cuando hacían peligrosas incursiones en busca de algo más suculento, los propios paiutes a los que capturaban y luego se comían. Los indios, cansados de servir de banquete a aquellos bestias, formaron una coalición de tribus afectadas por las rapiñas de los gigante pelirrojos. Los que hoy llamaríamos damnificados se congregaron en un enorme ejercito que dio caza y masacró a los caníbales, quienes acosados se refugiaron en la cueva poco dispuestos a enfrentarse cara a cara con la "comida" rebelde. Los paiutes y sus aliados conscientes de que si no terminaban con los glotones, éstos se recuperarían, tomarían venganza, y de nada les habría servido la alianza, intentaron hacer salir a los si-te-cah de la cueva. Como los testarudos pelirrojos no salían, sus enemigos prendieron una enorme hoguera frente a la única entrada de la cueva, los gigantes que salieron al exterior fueron acribillados a flechazos, los que prefirieron la seguridad de la cueva murieron quemados o asfixiados. Ese fue el fin de la raza de gigantes norteamericanos de 12 pies de alto, es decir casi 4 metros de estatura. Un terremoto selló años después la entrada de la caverna borrando para siempre el recuerdo de los gigantes.

La historia hubiera terminado ahí, y sería un simple mito, una leyenda de los indios sobre una misteriosa raza desaparecida, si a alguien no se le hubiera ocurrido pensar: y si esa cueva existió de verdad, y si quedan aún restos en su interior, y si se pudiera demostrar la existencia de gigantes. En 1886 un ingeniero de minas de Lovelock quiso demostrar la existencia de la cueva y encontró una caverna semi tapada que servía de refugio para murciélagos, que se podía corresponder con la de la leyenda, pero no consiguió explorarla, a pesar de estar casi convencido de que esta "cueva de los murciélagos" era el último refugio de los gigantes.

En 1911 dos mineros descubrieron que el guano que cubría todo el suelo de la cueva podría servirles como fertilizante. Empezaron la recogida de la caca de murciélago para su explotación a pico y pala sin importarles demasiado que cuando llegaron al fondo arrastraron diversos restos arqueológicos. Efectivamente la cueva había sido ocupada en el pasado, y entre paletada  y paletada iban mezclados huesos, y diversos restos de la vida de quienes habitaran la misteriosa gruta.

Uno de los señuelos de pato de Lovelock
Un año después la Universidad de California envió a un empleado del Museo de Antropología a recoger los restos que los mineros habían sacado durante sus trabajos. Las primeras conclusiones sobre los hallazgos fueron que efectivamente eran prehistóricos. Pasarían aún unos años antes de que se comenzaran campañas de excavación arqueológica serias. Era el año 1924 y comenzó la recogida de material prehistórico de la cueva Lovelock, más de 10.000 piezas arqueológicas fueron catalogadas. Entre las piezas encontradas había herramientas, cestas, armas, huesos, y uno de los objetos que más famoso se ha hecho, un cebo para patos ( en realidad descubrieron hasta once de estos patos artificiales), realizado con la famosa hierba tule y con plumas, pintado y armado para parecer un pato de verdad. El estudio de los coprolitos humanos, es decir las deposiciones fosilizadas de los habitantes de la cueva (vale sí, la mierda) permitió estudiar el tipo de alimentación y por tanto la forma de vida de estos antepasados. Se alimentaban de pájaros y peces del lago, así como de otros animales, y almacenaban vegetales para el invierno.

Entre lo descubierto en la cueva destaca también una piedra de forma circular con 365 muescas en su parte exterior y 52 en su parte interior, que para los investigadores es un calendario.

Sandalia encontrada en la cueva.
En los años 60 las técnicas de datación con el Carbono 14 permitieron empezar a hablar de las fechas de ocupación de la cueva. Un fémur humano fue datado en el 1450 a.C., los trabajos de cestería se fecharían en torno al  1218 a.C. Todo llevó a los investigadores a pensar que "la cultura Lovelock", como comenzó a denominarse, comenzaría en torno al 1500 a.C., ocuparían la zona durante unos 3000 años, y luego serían reemplazados por los paiutes. Aunque ya en el 2500 a.C la cueva se utilizaba ocasionalmente como refugio.

Sin embargo la pregunta evidente es: ¿Eran este grupo de cazadores recolectores gigantescos pelirrojos de blanca piel? Los restos encontrados y catalogados en los museos corresponden con individuos de constitución normal, y nada hace sospechar que fueran ni blancos ni pelirrojos, y desde luego mucho menos que tuvieron alguna posibilidad de ser fichados para la NBA. Sin embargo la leyenda de los gigantes de la cueva de Lovelock se resistió a desaparecer, ¿por qué?

Distintos utensilios obtenidos en la cueva.
Según el informe de 1911 de James H. Hart, uno de los dos mineros, en el interior de la cueva a una cierta profundidad habían descubierto el esqueleto momificado de un hombre pelirrojo de 6 pies y 6 pulgadas de alto, es decir estaríamos hablando de un hombre de 1,98. También había sandalias de tamaño superior al normal. Todos estos restos se perdieron, y las sandalias que se conservan miden unos 38 cm. Para acabar de darle más leña a la leyenda, en las excavaciones de 1924 se encontraron cerca de la superficie tres huesos humanos rotos a los que se les había extraído la médula, ejemplo claro para algunos de la práctica del canibalismo. Sin embargo los investigadores no creen que ninguna de estas supuestas pruebas demuestre nada, así el pigmento del cabello cambia tras la muerte, y las condiciones del suelo y el medio ambiente cambian el color del pelo. La propia Sarah Winnemuca decía poseer un vestido adornado con pelo rojizo perteneciente a los enemigos que había pasado en su familia de generación en generación.

Supuesta mano del gigante. Hoy borrada.
Los investigadores de lo oculto, los empresarios locales que veían en la leyenda un foco de ingresos turísticos, y algún que otro aficionado a misterios sin resolver, han mantenida viva la leyenda de los gigantes de Lovelock. Así de vez en cuando afirman haber encontrado huesos gigantes (en alguna ocasión se demostró que eran de mamuts), huellas de manos enormes en llamas de individuos de más de 5 metros, e incluso una mandíbula mucho más grande de lo normal, y todo ésto, según no sé yo que dataciones, de más de 4000 años de antigüedad .

Después de todo y aunque los gigantes no acabaran de aparecer, la leyenda demostró no ser del todo falsa. La cueva existía, en ella habían habitado gentes que fueron desplazados por los paiutes, eran una tribu que puede que ocasionalmente practicaran el canibalismo, y finalmente sin ser gigantes blancos y pelirrojos es muy posible que fueran de una estatura considerable, al menos bastante más altos que los indios que los reemplazaron.
  

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