¡NOS VAMOS DE BODA!

Vistiendo a la novia. 330-320 a.C. M. Pushkin. Moscú.
EL MATRIMONIO EN LA GRECIA CLÁSICA

En la Grecia clásica el matrimonio no era cosa de dos, sino más bien de toda la familia, los novios pintaban poco en el asunto, al menos en un primer momento. Quienes decidían el enlace eran los padres de los mozos, que llegabas a la edad casadera pues papá te buscaba un buen partido. Los padres del novio y de la novia quedaban de acuerdo, firmaban un contrato, la engýnesis, donde se estipulaba la dote de la novia, fecha, etc. Con ese sistema es de esperar que se evitaran los cazafortunas, y los yernos o nueras indeseados (no vayamos a casar a la niña con un diputado rastafari de "Podemos").

Boda de Eros y Psique. G.Romano. s.XVI.Palacio del té. Mantua
¿Cuando se consideraba que los jóvenes estaban maduros para el matrimonio? Para los hombres se les ponía la razonable fecha de los 30 años. El muchacho ya no es un imberbe indocumentado y se supone que ya se ha labrado un porvenir (La clásica pregunta del suegro de toda la vida: ¿Y el muchacho cuanto gana?). Para la mujer la edad del casorio dependía de razones físicas no económicas, después de que le bajara la primera menstruación se dejaba pasar 4 años, desde ese momento la jovencita estaba preparada para negociar su boda.

Ya tenemos a los padres de acuerdo, fijada la dote y dispuesta la fecha, eso sí en enero y con luna llena, que eran las dos condiciones indispensables para celebrar el casorio (nada de finales de veranito para prolongar las vacaciones e irse de luna de miel. Boda en pleno invierno y en noche de lobos).

Al llegar la fecha acordada comienzan los festejos, que iban a durar tres días. En el primer día, nos vamos a la casa de la novia a ver lo que está haciendo,  y vemos que se va al templo de la diosa Artemisa, a quien ofrece sus juguetes de niña (nada de guardarlos para los posibles vástagos), además le dejar en ofrenda un mechón de su cabello y un cinturón, todo prenda de su pureza y castidad, puesto que Artemisa es la diosa virgen ( en Occidente eso se cambió por el famoso vestido blanco). Luego la joven se acicala como todas novias, aunque ella además se toma una baño ritual con agua traída de un río sagrado, que además se ha transportado en una vasija especial el kouthropos. El novio, más guarrete, se limita a cortarse el pelo y a hacer un sacrificio a los dioses ( no llevan huevos a Santa Clara, pero casi). Este primer día era la proaulia.

Lutróforo.VIIa.C. Louvre
El segundo día de la boda era el fundamental, es el gamos. Las casas de los novios se han decorado con guirnaldas, hojas de olivo y laurel, vamos que no va a quedar alma en el vecindario que no se entere de que nos vamos de boda. Si no han hecho las ofrendas o si ella no se ha bañado, es el momento de ultimar los preparativos finales, porque la muchacha va a abandonar la casa paterna. Se realizaban sacrificios y banquetes por separado hasta que llegara la hora, al anochecer, de que el novio fuera a buscar a su nueva esposa. La moza dedica el día a asearse, peinarse, hacerse la manicura y pedicura, y un masaje relajante, que seguramente le va a hacer falta. Al anochecer el novio acude a casa de su futura esposa acompañado por los amigotes, suele ir en carro, y la calidad del mismo variaba según los posibles del muchacho ( los ricachos en limusina, los pobres a patitas que sale más barato), desde un flamante carro de caballos ( el deportivo de la época) a un simple carro de bueyes (el turismo o utilitario), o peor, tirado por mulas (la versión pobretona). Los más ricos contratan cantantes profesionales que amenizan la llegada del novio ( las orquestas de hoy en día o los equipos de música si tienes menos medios, y si no el amigo pinchadiscos). Una vez dentro de la casa de la novia, se ofrece un banquete para impresionar al yerno: fruta fresca, queso feta, aceitunas, cordero asado, y que corra el vino ( aquí es donde seguro que aparece un invitado que se pasa de la rosca). La novia toda recatadita asiste a la comilona cubierta con un hermoso velo, si papá tiene dinero, estará bordado, tendrá perlitas, y un encaje en forma de hoja de olivo, o algo parecido (un Christian Dior de la época). Llegara el pastel de al menos siete pisos (bueno en las casas ricas), cubierto de miel y semillas de sésamo. Los varones eran los que se atracaban porque las mujeres esperaban sentadas a parte a esperar que los glotones acabaran. Y después del atracón, la anakalupteria, es decir retirarle el velo a la desposada.  A la joven se le había cortado el pelo, como señal de virginidad, y se vertía agua sobre las cabezas de los novios con un lutróforo (un jarrón pero de los griegos y bastante chulo), que luego se ofrendaba a los dioses.  Con la retirada del velo de la novia finaliza el festejo en su casa, y el novio tiene que llevársela a la de sus padres.

En algunas culturas el momento de la salida de la novia de la casa paterna va acompañado de un ritual de llantos, lloros, y simulaciones de esconderse, de ser raptada y demás. En la Grecia más clásica, la novia era montada en el lustroso carro, y llevada en procesión por las calles de la ciudad hasta la casa del novio, mientras sus amigotes cantaban canciones obscenas, y bromas soeces, sobre lo que la muchacha podía ir esperando del jovenzuelo que la acompañaba, si eran más finos o estaban sobrios, cantaban canciones alegres. Los regalos de la novia también se trasladaban en el carro, y toda la procesión iba acompañada de antorchas. Al llegar a la casa de la suegra, la muchacha se la encontraba en la puerta iluminando el umbral con una antorcha (ver a la suegra en la puerta de la casa no debía de ser muy tranquilizador). Al cruzar el umbral novio y novia se arrodillaban y una lluvia de dátiles, higos y nueces (imagino que sin cáscara sino menuda broma) caía sobre sus cabezas. Se solía hacer comer a la novia una manzana o un membrillo u otra fruta o pastel , como símbolo de fertilidad, y se quemaba una rueda del carro, para simbolizar que no iba a volver a su vieja vida (el carro entero era demasiado despilfarro quemarlo, aunque en teoría era lo que se tenía que hacer) Y finalmente la katakysmata tálamo, es decir la muchacha es conducida a la cámara nupcial, donde perderá la virginidad, si hasta entonces no ha escuchado los cánticos obscenos y bromas de mal gusto, ahora difícilmente se va a librar de escucharlos (aún se siguen dando las bromas pasadas de tono de algún achispado en la bodas actuales). En la puerta un amigo del novio hace guardia, mientras el resto arma escándalo para alejar a los malos espíritus. 

Epínetro de Eretria. 425 a.C. M. A. de Atenas
El tercer día, la epaulia, la familia del novio acudía a casa de los novios, para llevar la dote de la joven, los regalos pendientes, y celebrar un convite conjunto, en el cual se cerraba el trato que unía ambas familias. Un regalo típico para la novia era el epínetro, una especie de rodillo de cerámica para poner sobre la pierna mientras se frotaba la lana contra él preparándola para el hilado, y evitando que manchara la ropa con la grasa, solían estar decorados con mujeres hilando, pues esta es una de las condiciones que debía de poseer toda buena mujercita griega, saber tejer e hilar.( Entonces no había grandes cadenas de ropa barata realizada en el Tercer Mundo) 

Mujer griega. Alma Tadema. 1869
Unos días después el marido podía ofrecer un banquete a sus compañeros de hermandad, la fratría, algo importante porque los hijos nacidos del nuevo matrimonio serían inscritos en la misma fratría (hay que ir congraciándose con los compañeros).

Los espartanos, un poco más brutos que el resto de los griegos, solía acortar bastante las ceremonias e ir más al grano. Por ejemplo la noche de bodas, era un "aquí te pillo, aquí te mato". Se ponía a la joven en manos de "una dama de honor", que le cortaba el pelo, le ponía un manto, unas sandalias de hombre, y la tumbaba en un jergón en el suelo, dejándola sola en la oscuridad. Después entraba el muchacho, se acostaba con su novia, y luego la llevaba al lecho. Tras el desvirgamiento y luego de pasar poco tiempo con ella, se volvía tranquilamente a sus aposentos donde dormía con otros hombres jóvenes como él. Aún faltan siglos para los tiempos del hotel con encanto, la cena romántica, y la luna de miel en países exóticos, aunque a los griegos pudientes ya les gustaba viajar a Egipto, eso sí, no con sus mujeres.

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