DOS HOMBRES, UN PUEBLO, UN SUEÑO

New Lanark
DALE, OWEN Y NEW LANARK

Como corresponde a un blog de Historia acostumbro a hablar de déspotas, tiranos, reyezuelos, ministros sin escrúpulos, y personajes de dudosa catadura moral que emplean todos sus esfuerzos en alcanzar el poder sin importar el coste para los demás. Desgraciadamente la historia suele estar plagada de estos que llamamos "prohombres", (y sí, también mujeres) que dejan huella en la Historia, y más en sus semejantes, aunque casi siempre de forma negativa. Hoy, sin embargo, me apetece hablar de algo diferente, de gente que pensó que desde una posición de poder o riqueza podían hacer algo por mejorar las condiciones de los demás. No importa si militaron en tal o cual partido, ni sus acciones pasados o posteriores, me interesa el proyecto que uno inició y el otro heredó. Estos dos hombres fueron David Dale y Robert Owen, y su sueño tenía un nombre: New Lanark.  

D. Dale. 1800. H.W. Williams
Pero primero situémonos brevemente en el lugar y la circunstancias. El lugar son las Islas Británicas y el momento corresponde con los años finales del siglo XVIII y los primeros del XIX. Un país que la Revolución Industrial ha puesto a la cabeza del mundo, una revolución que forjó un imperio, creo grandes capitales, y en muchos casos se levantó sobre la sangre, el sudor y las lagrimas de muchos. El trabajo infantil, la explotación laboral, los bajos salarios, etc, crearon en las clases más desfavorecidas una situación de desesperanza y penuria casi absoluta. Por todo ello tiene más mérito que empresarios de éxito se plantearan hacer algo por los demás ( y entonces las fundaciones no desgravaban a Hacienda ni servían para blanquear dinero de oscura procedencia).

David Dale (1739-1806) nació en una población de Escocia en una familia humilde. Sin llegar a la pobreza más absoluta como otros de sus paisanos, el joven Dale sí tuvo que comenzar desde abajo. Sin embargo el muchacho pronto demostró cualidades para los negocios, y desde un humilde trabajo como aprendiz de tejedor, subió a comerciante, y a tener su propio negocio de importación de hilados finos procedentes de Francia y Holanda en una céntrica calle de Glasgow. En 1783 ve la oportunidad de mejorar y David Dale se convierte en un período de dos años en el más importante industrial escocés, además de ser un importante banquero con quien se codean los hombres de negocios más poderosos del país. Hasta aquí tenemos a un empresario como otro cualquiera, preocupado por el crecimiento de su capital, por su posición social, por lucir el último modelito de zapatos con hebilla, hasta que en 1784 una visita inesperada cambia su vida.

R. Arkwright .M Brown
Richard Arkwright visita Escocia a petición de George Dempster, abogado y político ilustrado, muy preocupado por la falta de empleo en la zona y la emigración de gentes que se desplazan buscando cualquier tipo de trabajo abandonando incluso los improductivos campos. La idea de Dempster, apodado el "honesto George" (¡Por Dios!, ¿dónde está esa gente hoy?), era convencer a Arkwright, inventor de la maquina de hilar, propietario de varias fabricas de algodón, y uno de los hombres más ricos de Inglaterra, de montar una fábrica en la zona con la que dar empleo a los miles de desesperados. Dempster interesa en el proyecto al hombre del momento en Escocia, Dale. Y allá se van nuestros tres hombres, inspeccionan la zona, y descubren una colina cerca de un curso de río que presentaba las condiciones idóneas para establecer una fábrica de hilado de algodón. Es el lugar que hoy se conoce como New Lanark. (¡Oh, sorpresa! No se plantearon en ningún momento llevar la producción a lejanos países con mano de obra más barata).

Comienzan los trabajos de construcción, se construye tomando como modelo los edificios de Arkwright, y se envía a hombres y niños a las fábricas del industrial inglés para que aprendan el funcionamiento de éstas. En 1786 los molinos comienzan a girar, y New Lanark está listo para recibir a sus trabajadores. Ese mismo año Dempster y Arkwright abandonan la sociedad, y Dale queda como el único propietario. En torno a 1790 1400 personas viven y trabajan en el lugar, y entre 1795 y 1799 New Lanark ha recibido más de 3000 visitantes, muchos de ellos importantes empresarios, pero también banqueros abogados, nobles, científicos, e incluso artistas. ¿Qué había pasado para que una población dedicada al hilado del algodón atrajera la curiosidad de tanta gente?

Estudiantes de New Lanark bailando para los visitantes.
El lugar además de convertirse en una exitosa factoría, mostraba un aspecto ordenado y limpio, algo bastante extraño en la época, pero lo más sorprendente los trabajadores parecían contentos, y a los críos que trabajaban en las fábricas (el trabajo infantil estaba a la orden del día) se les daba educación. Ya, que novedad, pensaran algunos. Pues sí. Normalmente a los niños pobres o huérfanos se les ponía a trabajar a los 6 o 7 años hasta los 15, solían reclutarlos en hospicios que así se evitaban tener que darles la escasa manutención, pues no se les pagaba, y por supuesto pensar en enseñarlas algo más que las labores básicas para desempeñar su oficio era impensable. Dale recogió niños en su mayoría huérfanos a cargo de las parroquias, les dio alojamiento y manutención, no les pagaba un sueldo, pero a cambio les entregaba dos conjuntos de ropa de trabajo, y una ropa de gala para los domingos. Mantenían los dormitorios limpios y aseados, y aunque el horario de trabajo era duro, de 6 a.m. a 7 pm (en los otros sitios era peor), les daba pausas para el desayuno y la cena. Primero hacían labores básicas, pero luego se les ponía en sitios especializados para que aprendieran habilidades variadas que les permitieran acceder a otras colocaciones en el futuro. Además estableció una escuela de día para los más pequeños, los menores de 6 años, y otra nocturna para los mayores. Esta escuela, auténtica innovación por sus características, funcionaba todos los días, y tenía a más de 16 profesores trabajando en ella, que además cobraban un bono por cada alumno que consiguieran hacer promocionar al siguiente nivel de estudios tras superar una serie de pruebas. Dale creía que la educación podía cambiar la sociedad.

Postal de New Lanark.
En estos primeros años uno de los visitantes curiosos por la fama que está alcanzando New Lanark queda enamorado de la empresa y de la hija del empresario. Es Robert Owen (1771-1858), un hombre que también había hecho sus pinitos en la industria textil y que en esos momentos estaba cautivado por las ideas reformistas y de la Ilustración. En 1799 se casa con Caroline Dale, y decide continuar la labor de su suegro. Convence a un grupo de socios para que compren New Lanark, y él mismo se establece allí.

R. Owen. H.W. Pickersgill
A pesar de los intentos de David Dale, New Lanark dista mucho de ser un paraíso laboral, las condiciones de los trabajadores seguían sin ser buenas, había un alto indice de alcoholismo, había robos, se desatendía la educación y el saneamiento, y algunas familias vivían hacinadas en una habitación. David Dale era un hombre bien intencionado pero pertenecía al siglo pasado y al Antiguo Régimen, Robert Owen era un hombre del nuevo siglo al que nuevas ideas le iban a llevar más allá. Comenzó por establecer un economato donde los trabajadores pudieran comprar bienes de calidad a bajo precio, al tiempo que sometió a un estricto control la venta de alcohol. En 1810 Owen era el gerente y dueño de uno de los molinos, y New Lanark está cambiando con él.

Ya son 2000 las personas que viven y trabajan en New Lanark, y las medidas en favor de sus trabajadores acaban de comenzar. Algunos de sus socios, que se quejaban de lo costoso de sus planes y le ponían trabas y restricciones, son sustituidos por otros más proclives al cambio a quienes Owen convence para que compren las acciones de los remisos. New Lanark tiene que ser un ejemplo para todos. Reduce las jornadas laborales, aumenta los sueldos, construye más y mejores viviendas, e incentiva a los trabajadores más productivos, insiste en la educación, y ...¡no, no fue un fracaso! Los trabajadores eran más felices, había un ambiente de cordialidad y de confianza hacia su jefe, desaparecieron los robos y la embriaguez, y además el negocio funcionaba como pocos porque la producción ha aumentado espectacularmente y la fama del lugar traspasaba fronteras, y acudían visitantes de todo el mundo interesándose por las mejoras.

Rueda de agua. New Lanark
En 1810 Owen había conseguido recudir la jornada laboral a 10 horas , pero no estaba satisfecho, su lema era: "Ocho horas de trabajo, ocho horas de recreo, ocho horas de descanso". Creó la primera guardería de Gran Bretaña en 1817  para los hijos de los trabajadores. New Lanark se convirtió en un hito, y fue visitado por los monarcas. Owen quería demostrar al mundo que tratar mal a los trabajadores no era tan rentable como tratarlos como lo que en definitiva eran, personas. Darles esperanza y dignidad demostró ser más rentable que explotarlos hasta la extenuación.

Maquinaria. Museo R. Owen. New Lanark.
En 1825 New Lanark cambio de manos y el pueblo y la industria algodonera sufrieron una suerte desigual hasta que en 1968 cerraron los últimos molinos. Las viviendas, los molinos, los telares, se abandonaron, y el lugar entró en decadencia. En 1974 se fundó una asociación para impedir la demolición del pueblo. Se consiguió la declaración de edificios históricos con la obligación de su mantenimiento y restauración. En el 2005 la mayoría de los edificios habían sido restaurados. Entonces obtuvieron la declaración del pueblo por parte de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, y se incluyó en las rutas de arqueología industrial. Hoy recibe más de 400.000 visitantes al año.
    
A pesar de las ideas de dos soñadores, David Dale y Robert Owen, y de la existencia de un pueblo industrial, New Lanark, que incluso hoy sigue dando dinero, aun quedan empresarios y jefecillos en todo el mundo que siguen pensando que tratar a sus empleados como seres inferiores, sobreexplotar a sus trabajadores, pagar poco y demás prácticas del siglo XIX, son las más adecuadas para aumentar sus beneficios. A todos éstos y a algunos políticos que les apoyan les recomendaría que echaran una mirada hacia atrás, a la Historia, y que aprendieran que otro mundo es posible.

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