¡A ROMPER LANZAS!

LOS TORNEOS Y JUSTAS

Las películas sobre la Edad Media y las fiestas en algunos pueblos han popularizado los combates a caballo entre caballeros fuertemente armados y enfundados en pesadas armaduras que tratan de derribarse de su montura para regocijo del espectador.  Repasemos con rapidez esta "deportiva" costumbre medieval.

Origen. En la Edad Media una de las ocupaciones fundamentales era la guerra, y quienes la ejercían debían estar preparados para ella. Los torneos surgieron como la necesidad de facilitar un entrenamiento a los caballeros que en época de paz simularían así las condiciones de batalla. Inicialmente se celebraban en un recinto circular cerrado donde los combatientes simulaban una batalla dando vueltas al circuito, atacándose, retrocediendo, volviendo a atacar, eso se llamaba tornear. El Louvre de Paris guarda un cuadro de Rubens pintado en torno a 1640, que muestra un paisaje con un castillo frente al cual unos caballeros celebran un torneo.  En "La Reina Santa" (1947) los dos príncipes portugueses se enfrentan en un torneo que pretende ser a muerte, y en el que el conocido actor Fernando Rey encarna a uno de los dos contendientes. 
Los inicios. En un principio los torneos eran como el rugby, dos equipos a caballo, con poca protección, y todos contra todos. Con ese planteamiento, ya os podéis imaginar como solía acabar la cosa: brazos rotos, lesiones, heridas variadas, y algún que otro muerto. Si es que como en todos los juegos habría alguno que tendría mal perder, se picaría, y... Como se trataba de un entrenamiento, y aunque se simulaban situaciones reales de combate, las armas solían estar embotadas, romas, o modificadas de alguna forma para hacer el menor daño posible, eran las llamadas "armas corteses". Pero aún así los accidentes fatales seguían ocurriendo. Entre 1447 y 1448 Pisanello decoró el palacio de Mantua con unos preciosos frescos alusivos a las leyendas artúricas, en uno de ellos el caballero Bohort derrota a 60 rivales para poder casarse con una princesa. El rey Arturo y sus caballeros han dado mucho juego al cine, y por supuesto en ellas es raro no encontrar al menos un torneo, sirva como ejemplo "Príncipe Valiente" (1954). 
Reglamentación. Debido a las protestas de la Iglesia que intentaba frenar los torneos que acababan con tan buenos caballeros cristianos, en 1060 Godofredo de Preuilly decidió establecer unas reglas para evitar los excesos, controlar las muertes, y hacerlo más deportivo. Sin embargo para algunos historiadores Godofredo sólo actualizó unas normas que ya existían de antes, pues el mismo Enrique I el Pajarero, rey de Francia Oriental, participó en un torneo en las celebraciones de su coronación, y es de suponer que ya tenían fijadas unas reglas. El cuadro de Warwick Topham recrea la elección de reina de un torneo, escena sacada de la popular novela "Ivanhoe". También es en "Ivanhoe"(1952), film que adapta la novela de Walter Scott, donde se puede apreciar otro de estos espectaculares torneos medievales.
Convocatoria. Los torneos se fueron haciendo más y más populares, y se utilizaban para celebrar todo tipo de eventos, desde el nacimiento del heredero del monarca, hasta una boda principesca, pasando por la coronación del  nuevo rey. Se enviaban heraldos y mensajeros a los principales castillos anunciando la convocatoria de un torneo, se enviaban cartas y carteles a los caballeros más valientes, y se invitaba a todo caballero que se preciara de valor a competir en el torneo convocado. El día del torneo se desplegaban adornos, banderas, se vestían con las mejores galas, se usaba la música y la fanfarria para caldear el ambiente, y después se presentaba a los caballeros que iban a competir. La literatura romántica puso de moda el gusto por los torneos hasta el punto de que el mismo conde de Eglinton se hizo retratar como un caballero medieval a punto de competir en un torneo que el mismo organizó en 1839. La pintura se encuentra en el Victoria and Albert Museum (Londres) y fue realizada por E.H. Corbould. En otra de las novelas de Walter Scott llevada al cine "El talismán" (1954) se organiza un torneo en Tierra Santa.
El Escenario. Solía ser un lugar cerrado hecho de madera donde se instalaban galerías y estrados para las damas y personajes principales, todo se adornaba con banderolas y tapices. En un extremo se ponían las tiendas donde se cambiaban los combatientes con sus colores o blasones. En otra parte en un lugar elevado estaba el trono de la reina de la fiesta, normalmente cerca de los reyes o jueces. Los guardias rodeaban el palenque para mantener la seguridad, y unos ministriles daban las señales con trompetas y otros instrumentos. El cuadro de Pierre-Henri Revoil titulado "El torneo" de 1812, ilustra perfectamente el ambiente de estos encuentros. En "Coraza negra"(1954) asistimos al entrenamiento como caballero del protagonista interpretado por Tony Curtis, que por supuesto participara en algún que otro torneo.
Las armas. Se distinguía entre las armas corteses, de las que ya hemos hablado, y que eran bastones, lanzas sin punta, espadas sin filo, etc; y las armas a todo trance, en donde se podía emplear cualquier tipo de arma. Por supuesto hay que diferenciar entre un torneo y una justa, de la que hablaremos luego, en el primero lo frecuente es emplear las armas corteses, en la segunda las de muerte. Como las lanzas solían ser enteramente de madera, se solían quebrar con facilidad, y de ahí la expresión de "romper unas lanzas" para hablar de competir en un torneo. Un relieve que adorna el palacio de los reyes de Navarra en Estella ilustra el choque entre dos caballeros en pleno duelo a caballo "rompiendo lanzas", aunque se usa como base la leyenda de Roldán contra Ferragut.  En un clásico del cine medieval como es "El Cid" (1961) no faltan las típicas justas.
Las normas. Con el tiempo y a raíz de la reglamentación de Godofredo se establecieron unas normas básicas que se debían respetar durante la celebración de los combates. Entre otras reglas destacaban tres: no herir de punta ni al rival ni al caballo, no luchar varios contra uno sólo, y no golpear al caballero que alzara la visera. Además existían normas que se entendían que debían de regular el comportamiento del caballero que se regían por la cortesía y la galantería, y la compasión para con el vencido, algo que quedaba muy patente en las novelas de caballería y poemas, pero bastante alejado en muchos casos de la realidad. El libro de torneos de Rene de Anjou escrito en trono a 1460 que está en la Biblioteca Nacional Rusa en San Petesburgo tiene unas magníficas dibujos de torneos que ilustran los consejos recogidos en él para celebrar estos eventos. En "El temible Robín Hood" (1950), que a pesar del título va de las andanzas del hijo de Robín, se llega a trucar las lanzas de un torneo para matar al personaje encarnado por John Derek.
Desarrollo. Se elegían caballeros que conocían las reglas como jueces, luego los contendientes especifican su linaje y clavan el estandarte en el campo (sólo pueden competir entre iguales). Después los caballeros elegían rival tocando el estandarte de éste. Primero el combate era a caballo y sin separación en el campo, más tarde se puso una valla por seguridad. Cuando se termina la lucha a caballo podían continuar combatiendo a pie con espadas y maza. El vencedor se podía quedar con las armas del vencido. Para finalizar se celebraba un banquete en el que se honraba al ganador.  Un manuscrito francés de 1499 muestra a dos caballeros en plena justa. Las series de corte medieval fantástico también han usado los torneos en alguno de sus capítulos como en "Merlín" (2008) (por cierto con la bandera española de fondo).
Las justas. Aunque a veces se ha utilizado como sinónimo, las justas no son exactamente un torneo, el objetivo de ellas es dirimir una diferencia entre dos caballeros, por un asunto de honor u otra materia. Los luchadores se enfrentan con armas de verdad para saber quien de los dos tiene la razón, y suelen acabar con la muerte de uno de ellos o muy malherido. Si la Iglesia veía con malos ojos los torneos, las justas fueron directamente repudiadas por el mismo Papa, así en 1130 declaró que cualquier caballero que perdiera la vida en una lucha tan innecesaria contra otros cristianos, no podría ser enterrado en tierra consagrada. El artista polaco Z. Ajdukiewicz pintó en 1912 el final de una justa a caballo con el derrotado a los pies del vencedor esperando clemencia. Precisamente la famosa Afrenta de Corpes a las hijas del Cid se resuelve en una justa de tres contra tres como se ve en la  película "Las hijas del Cid" (1962).
Juegos. Los torneos no se componían sólo de el combate entre caballeros, y en ocasiones se amenizaban con juegos previos. Con estos juegos se pretendía demostrar la habilidad de quienes luego iban a combatir.  Los más populares eran: El carrusel en el cual se representaban hazañas famosas en las que participaban carros engalanados y hasta las damas; la sortija que consistía que los caballistas atravesaran en plena cabalgada unos aros con su lanza; la quintena en donde los jinetes golpeaban un estafermo o muñeco móvil que si no eran lo bastante rápidos podía devolverles el golpe. El artista Graham Turner se ha especializado en los cuadros e ilustraciones ambientados en la Edad Media, y eso por supuesto incluye los torneos. "Destino de caballero" (2001) es tal vez la única película dedicada únicamente a mostrar los torneos medievales, aunque lo hace desde una óptica moderna a toque de rock and roll, y con un Heath Ledger totalmente desmelenado.
El final. Los torneos se fueron prolongando hasta el siglo XVI, pero la misma decadencia de la caballería frente al auge de las armas de fuego fue terminando con ellos. Además que la Iglesia los condenara no ayudó a su continuidad. La muerte de Enrique II, rey  de Francia, a resultas de una herida recibida mientras participaba en un torneo acabó por convencer a los más reacios de la peligrosidad de los mismos. El Museo del Louvre de París conserva un cuadro de Delacroix pintado hacia 1824 que demuestra como el mundo de los caballeros medievales siguió fascinando al hombre muchos años después de desaparecer los torneos. La muerte del rey francés en un torneo se escenifica muy bien en el film "Nostradamus" (1994).

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