LAS EXTRAÑAS MANÍAS DE UNA SECTA

Pitagóricos entonando himno al sol. F. Bronnikov.1869.
LAS REGLAS DE LOS PITAGÓRICOS

Hoy toca hablar de una especie de escuela filosófica-matemática-religiosa fundada por uno de esos magníficos griegos antiguos de mente privilegiada a quienes tanto debe nuestra civilización, y que acostumbramos a olvidar. Con el nombre de Pitagóricos está claro que su fundador no iba a ser otro que el tal Pitágoras. Pero antes de que alguien se debe a la fuga al leer lo de Filosofía, Matemáticas y Religión, todo junto, que nadie se espanta. Nos vamos a centrar, tras una brevísima introducción, en los aspectos más curiosos de estos seguidores de filósofo griego.

Pitágoras. M Capitolinos. Roma
Pitágoras nace en torno al 560 a.C. en la isla de Samos, y su biografía aunque escrita muchos años después de su muerte nos habla de un joven muy dotado para todas las ciencias, que acompañó a su padre en múltiples viajes por el mundo conocido al tiempo que recibía instrucción de los mejores maestros del momento. Con estas actitudes y el dinero de papá, a los 18 años el muchacho es un cerebrito que llega a conocer a un anciano Tales de Mileto, otro de los grandes de su época. El joven aconsejado por el extraordinario filósofo y científico viaja a Egipto, y comienza su interés por las matemáticas y la astronomía. Como en una película de Bond "el mundo no es suficiente", y el hombre viaja aún más lejos recopilando todo el saber científico de su época. No se sabe de donde le vienen los cambios, pero de sus experiencias Pitágoras, además de un sinfín de conocimientos, llega a dos conclusiones básicas sobre como vivir e impartir sus conocimientos: Primero el secretismo, nada de todo es para todos y la información es libre, el que quiera saber tiene que entrar en una especie de escuela, pasar unos niveles, guardar el secreto de lo aprendido hasta trasmitírselo a unos elegidos, etc. Su segunda conclusión es que hay que hacerse vegetariano, pero hasta el extremo, es decir no vale con no consumir productos animales, tampoco se puede favorecer ninguna práctica que implique la utilización de animales como bienes de consumo, así tampoco se pueden vestir con pieles de animales.  

Pitágoras enseñando. La Escuela de Atenas. Rafael. Vaticano
Como consecuencia inmediata de su primera conclusión vital vendrá el establecimiento de una escuela en donde trasmitir lo aprendido pero a una serie de alumnos y siempre que estos cumplan unas estrictas normas. Nuestro personaje se establece en Crotona, ciudad en la Magna Grecia ( en la suela de la bota de la península itálica), y allí monta su escuela filosófica-religiosa que se hace enormemente popular, y que aglutina a un selecto grupo de seguidores conocidos como pitagóricos. Los estudiantes eran divididos en dos grupos: Los matemáticos o conocedores, que son los iniciados a quienes el maestro comunica directamente sus conocimientos, y los acusmáticos u oidores que participaban de los principios básicos, debían de seguir las reglas, pero no profundizaban en los conocimientos, y escuchaban al maestro desde detrás de una cortina sin tener acceso directo a él. El maestro muere en torno al 475 a.C., pero sus seguidores prosperaron durante años, aunque con algunos altibajos. Lo curioso es que esta escuela tenía una extrañas normas de comportamiento, y no todo el mundo era admitido a formar parte de los pitagóricos, y por consiguiente a acceder a su secreto saber. 

Hipaso de Metaponto. Grabado. 1820
La escuela pitagórica pronto se estructura como si se tratara de una secta filosófico religiosa integrada por astrólogos, músicos, matemáticos y filósofos, cuya creencia básica es que todo esta regido y se puede reducir a los números. Al descubrir los números irracionales, las cuentas se les descuadraron un poco, y ya no era todo tan armonioso y tan bonito, así que decidieron callarse la boca. Se impuso la regla de no revelar al mundo la existencia de los dichosos números que venían a estropear la simetría universal. Pero como en todos estos sitios siempre hay un bocazas que se fue de la lengua, un tal Hipaso de Metapomto, que pagó su osadía con la muerte, ahogado en un naufragio como castigo de los dioses, arrojado al agua desde un acantilado por sus compañeros, o suicidado por el rechazo y el funeral en vida que le dedicaron los de la secta, que versiones hay para todos los gustos.

Pero ¿qué tenían de especial estos pitagóricos a parte de su amor por los números y el secretismo? Pues entre otras cosas que se regían por unas normas la mar de curiosas. Las reglas más normales se referían a la adoración y a las costumbres relacionadas con los templos: No creer nada extraño sobre los dioses o las creencias religiosas, no hablar sobre tu vida privada cuando vas a adorar, no entrar en los templos o adorar cuando vas de viaje, refrenar la lengua cuando adoras, adorar descalzo. En general son reglas bastante normalitas, aunque algunas un poco raras, pero imaginamos que para ellos tenían su sentido. Según se deduce hay que separar la vida privada del culto religioso, eliminar los elementos que distraigan o perturben el culto, y lo de hacerlo descalzo supongo que tendrá relación con la idea de entrar en contacto con la Madre Tierra y sus energías telúricas, nada demasiado extraño si pensamos que algunas sectas aún hoy en día rinden culto al sol en "pelota picada" (Hace unos años tuvieron que detener a una panda que corría en "bolas" por Stonehenge mientras entonaba cánticos e himnos).

Escuela pitagórica invadida por los sibaritas. 1887. M. Tedesco
Cuando los pitagóricos se salen de lo estrictamente religioso es cuando las cosas se empiezan a poner más raritas. El abstenerse de consumir seres vivos entra dentro de lo razonable al tratarse de una secta vegetariana, el no sacrificar gallos, también (eso queda para el vudú), aunque por motivos diferentes ya que deben alimentarlos porque están consagrados al Sol y a la Luna; pero es más raro no de lo comer alubias. Y es que con las alubias tiene una historia como mínimo peculiar. Según parece si enterrabas una alubia, siempre según sus creencias, y la abonabas durante 40 días con estiércol, ésta tomaba forma humana, y comerla era casi como practicar canibalismo. Incluso corría la leyenda que uno de los pitagóricos, algunos afirmaban que el mismo Pitágoras, perseguido por sus enemigos se había dejado capturar y matar al toparse en su huida con un campo plantado de alubias, y que por supuesto se negó a atravesar. Para el escéptico de Cicerón la realidad era que los pitagóricos rehuían las alubias porque les producían flatulencias, y la verdad es que algo de razón debía de tener, pues no quedaría muy fino impartir enseñanzas sobre Filosofía, Matemáticas y Cosmología a ritmo de pedorreta.

Escuela pitagórica. Ilustración de un libro. 1909
No es que las manías alimenticias de los pitagóricos sean tampoco lo más raro de sus reglas, y es que algunas rozaban lo absurdo Cuando salían de paseo como todo hijo de vecino, no podían mirar hacia atrás pues creían que las Erinias seguían sus pasos (unas diosas de la venganza con bastante mal carácter), además tampoco podían ir por caminos frecuentados, y tenían que ir por senderos poco transitados, lo cual si lo pensamos fríamente les iba a dar más de un problema, primero porque era más fácil que bandidos y demás aprovecharan para desvalijarlos, y segundo porque para llegar a determinados sitios las vueltas a las que se iban a ver obligados a dar serían una auténtica locura. Es decir que si hoy vemos a un conocido que no te contesta cuando le saludas ni mira para atrás cuando le llamas, que además para ir al centro anda por callejones oscuros y se esconde de la gente, no es que te deba dinero, es que es pitagórico.

Pitágoras. Catedral de Chartres. Francia.
Ya sé que el ser vegetariano, no comer alubias, y rehuir los cotilleos y la gente, no te hace raro, pero ¿que me decís de escupir sobre los recortes de pelo y de uñas? Con lo de cortarse las uñas tienen un poco de manía, no se pueden cortar durante un sacrificio, algo así como si nos cortáramos las uñas en misa, lo cual es una norma de educación, pero lo de escupir sobre los trozos de uñas o pelo que te cortas, pues es un poco guarro, imaginaos como iban a acabar las peluquerías. Pero claro si pensamos que uñas y pelo se han utilizado a lo largo de los siglos para distintos rituales de hechicería (de nuevo el vudú) pues éstos parece que no quieren que sus enemigos hagan algo con sus restos.

Los pitagóricos tampoco pueden llevar anillos, pasar por encima de un yugo, sentarse encima de un cuartillo (algo así como un cubo para medir), dejar que una golondrina anide en tu tejado, o mirarse a un espejo al lado de una lampara (no te vayas a asustar por lo feo que eres). Otras de las normas dan la sensación de que tienden a evitar dejar huella de su presencia, y rigen hasta algunos de los hechos más intrascendentes de su vida diaria. Un pitagórico cuando se calza debe empezar a hacerlo por el pie derecho (nada que ver con lo de levantarse con el pie derecho), pero para lavarse los pies había que comenzar por el izquierdo. Además al levantarse de la cama hay que alisarla bien sin dejar huella de la presencia del cuerpo en el lecho (Mi madre me obligaba a alisar la cama antes de ir al colegio, ¿sería pitagórica?), y algo parecido con la hogueras, no pueden dejar rastro de su marmita en las cenizas, pero jamás deben revolver las cenizas con un cuchillo o elemento de hierro, así que habrá que hacerlo con un palito o con el pie, siempre que no sea dentro de un templo, recordar que el culto tienen que hacerlo descalzos.

Pitágoras. Museos Vaticanos. 
En fin que Pitágoras y los pitagóricos hicieron muchos aportes al mundo de la Matemática y la Cosmología, incluso algunos a los de la Filosofía, pero como secta hay que reconocerles que eran un poco especiales, y para terminar con sus reglas dejamos tres más: "No te dejes poseer por una risa incontenible", que suena a norma de abuela de las de antes, "no te rías tan fuerte, niña, que no queda nada fino"( Los niños se podían reír como les diera la gana que para eso eran niños). "Ayuda al hombre que intenta levantar su carga, pero no al que la depone", será para que el segundo no imagine que piensas largarte con su maleta. "No hables de las cuestiones pitagóricas sin una luz", ésta tal vez sea una de las reglas pitagóricas más sabias, y si no que le pregunten a los profesores de Arte que cuando apagaban las luces para proyectar las diapositivas más de uno aprovechaba para echarse una cabezadita.

Entre broma y broma hemos repasado el aspecto más anecdótico de una secta filosófico-religiosa griega que aportó grandes conocimientos a la ciencia, pero que si eso no fuera suficiente le dio a la mujer el mismo trato que el hombre. Sí, en la secta pitagórica no hacían distinciones entre hombres y mujeres, tenían el mismo nivel de igualdad, y no obedecía ni a una moda ni a conseguir votos con la llamada paridad, ellas tenían que hacer lo mismo que ellos para pertenecer a la secta, demostrar su valer (y tener el dinero para costear la carísima educación, claro está). En la "Vida de Pitágoras" de Jámblico se da un listado de los alumnos de una de las escuelas pitagóricas, son 32 alumnos, y de éstos, 17 son mujeres.

Y con respecto a este punto y para abandonar a los pitagóricos de una vez, aunque da para hablar mucho de ellos, es curioso señalar una anécdota sobre una de las alumnas aventajadas de Pitágoras, Teano, de quien se dice llegó a casarse con el maestro. Otro de los alumnos enamorado de la joven, preguntó a Pitágoras cuantos años tenía su compañera:

- Teano es perfecta y su edad es un número perfecto.
- Maestro, ¿no me podría usted dar más información ?
- La edad de Teano, además de ser un número perfecto, es el número de sus extremidades multiplicado por el número de sus admiradores, que es un número primo.     

En el antiguo corto de Disney, "Donald en el país de las Matemáticas", le dedican los primeros minutos a los pitagóricos. Ahí queda para quien tenga curiosidad por rememorar viejos tiempos (en mi caso lejanísimos).

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