¿CORSARIO O PIRATA?

Retrato de W. Kidd por J. Thornhill
EL MISTERIO DEL CAPITÁN KIDD

William Hill nació en Escocia en 1645, ejerció como corsario en las colonias americanas, y se casó asentándose en Nueva York en 1691.La versión más difundida de la vida posterior del capitán Kidd habla de un hombre al que se le entrega una patente de corso en Inglaterra para que persiga y ataque a todos los barcos que naveguen bajo la bandera del enemigo del momento, Francia. Sin embargo el ambicioso capitán no respeta las reglas, y aborda a todo barco que se ponga a tiro, trata con crueldad a sus subordinados e incluso asesina a uno de sus marineros, finalmente la marina británica ordena su captura bajo los cargos de piratería y asesinato, es apresado, juzgado y condenado, y termina sus días en la horca en 1701, y colorín colorado este cuento se ha acabado.  

Kidd en el puerto de N.ueva York. J.L.G. Ferris. 1932
Sin embargo las cosas no son tan sencillas, y desde luego no todo es blanco o negro en la vida y andanzas del famoso pirata.Veamos que ocurrió después de 1691. Varias circunstancias confluyen para que Kidd termine volviendo a hacerse a la mar. Las colonias ingleses en América sufren de una grave crisis económica, los impuestos, los gobernadores corruptos, los piratas, son una lacra que impide progresar a la zona, y la metrópoli decide enviar un gobernador que regularice la situación, frenando los pillajes y destituyendo a los corruptos, se trata de el conde de Bellomont, quien exige un sustancioso sueldo para no tener que ceder a los sobornos. En 1695 Kidd muy aficionado al lujo y a la buena vida solicita un cargo a sus amigos de las altas esferas, y estos le remiten al nuevo gobernador que anda en la procura de quien le ayude a limpiar la costa de piratas. Ese mismo año Kidd firma varios acuerdos con importantes políticos del partido liberal británico, y con financieros que ven lesionados sus intereses comerciales por los ataques de piratas con base en Madagascar en las rutas orientales.

Kidd se encuentra en su poder con una patente de corso firmada por el rey Guillermo III que le autoriza a atacar a barcos piratas, contrabandistas, o que naveguen bajo bandera francesa. El Almirantazgo financia parte de su expedición, los empresarios otra parte, y a cambio se llevaran una parte del botín. 

La muerte de William Moore.
Durante unos años Kidd navega por distintos mares con diferente suerte hasta que los problemas surgen en 1697 tras una racha de mala suerte. El "Adventure Galley", la nave de Kidd, llega a Madagascar en busca de los piratas, pero no los encuentra. Después de una navegación de tres meses la tripulación está en un estado lamentable, no ha habido capturas, muchos están enfermos de disentería, algunos han muerto, y todos están hambrientos. Cuando se les ofrece la oportunidad de atacar un barco no se lo piensan, pero se trata de un mercante inglés. El capitán Kidd les niega el abordaje, uno de sus marinos, William Moore encabeza un motín y llama "perro" a su capitán, éste reacciona con furia les devuelve el insulto, y golpea al insubordinado con un cubo metálico en la cabeza, al día siguiente el herido fallece. Sus marineros amenazan al capitán con denunciarlo por asesinato, pero Kidd no tiene miedo, alega que sus poderosos asociados le protegerán.

Desde ese momento el ambiente entre la marinería se enrarece, comienzan los asaltos a diversos buques con una tripulación al borde del motín. El duro carácter del capitán sólo empeora las cosas, y a pesar de las nuevas capturas, el descontento de la tripulación aumenta. Al mismo tiempo empresarios ingleses se quejan al Parlamento de que Kidd y sus hombres están fuera  de control y están asaltando presas británicas lesionando gravemente los intereses comerciales de estos buenos emprendedores y lógicamente de la corona. 

El arresto 
Varios de los hombres del capitán Kidd se amotinan, llegan a encerrarlo en su camarote, y finalmente se embarcan con un antiguo camarada de su capitán que ahora comanda su propio barco. Mientras tanto una comisión parlamentaria en Inglaterra ha investigado las acusaciones contra Kidd y le han declarado pirata. Los antiguos asociados del antes corsario se apresuran a cortar amarras ante la posibilidad de ser arrastrados en la caída del marino.

En abril de 1699 William Kidd llega a América. Se ha enterado de que su antigua protectora, la corona británica lo ha puesto fuera de la ley, pero no le preocupa demasiado, está convencido de que sus poderosos asociados, sobre todo su amigo Bellomont se han a encargar de clarificar las cosas. Presenta al gobernador sus capturas junto con los salvoconductos franceses que llevaban los capitanes de los barcos capturados para demostrar que actuó dentro del marco que le permitía su patente de corso. El antiguo corsario es apresado y enviado a Inglaterra para ser juzgado.

El juicio.
Durante casi dos años William Kidd yace en prisión a la espera de un juicio que él había confiado sería rápido y exculpatorio. Pero durante el tiempo que se había dedicado a la piratería, las cosas habían cambiado en Londres, sus patrocinadores del partido whing habían sido derrotados, y los conservadores ven en el pirata el chivo expiatorio perfecto para perseguir a sus rivales políticos. Kidd haciendo gala de una lealtad inmerecida se niega a dar los nombres de sus patrocinadores en las altas esferas, pide ver el expediente de su caso en el que aparecerán las pruebas que demostrarán su inocencia, y escribe al rey pidiéndole clemencia (recordemos que el mismo rey le había otorgado la patente de corso y se llevaba una parte sustanciosa de su botín). El rey no contesta a sus súplicas, sus antiguos amigos y asociados le dan la espalda a pesar de que él no da nombres, y en el sumario de su caso han desaparecido "misteriosamente" los salvoconductos franceses que hubieran demostrado que actuó como corsario no como pirata.  Para acabar de complicar la cosa presentan el supuesto botín que había acumulado en sus pillajes, y él afirmaba casi con ironía que ese no es su tesoro, que el de verdad lo ha enterrado antes de llegar a América. A pesar de contar con dos abogados Kidd tiene poco que hacer en el juicio cuando la acusación presenta como testigos de cargo a dos de sus antiguos marineros, justamente dos de los amotinados, quienes afirman que la muerte de marinero William Moore había sido premeditada, de manera que la acusación añade a los cargos de piratería los de asesinato, mientras que la defensa alegaba que había sido un homicidio involuntario y que jamás había actuado como pirata si no como corsario.

Kidd ha estado esperando en vano la ayuda de sus antiguos amigos pero por fin es consciente de que nadie le va a ayudar, y se niega a seguir declarando pues considera que todo el juicio es una locura. Sólo vuelve a hablar cuando se lee la sentencia de muerte, alega su total inocencia y el perjurio cometido por los testigos de la acusación.

La horca.
En mayo de 1701 William Kidd es conducido atado de pies y manos a la horca, la turba enloquecida le insulta y le moteja de asesino y pirata. La cuerda no soporta el peso y se rompe dando con el pirata medio asfixiado en tierra. Cargado de cadenas, medio ahogado, y rebozado en barro es vuelto a izar en la horca. Finalmente el capitán Kidd muere un 23 de mayo a orillas del Támesis. Durante dos días se dejó su cuerpo colgando del patíbulo para que sirviera de escarmiento a todos aquellos que quisieran dedicarse a la piratería.

Pero como todas las historias con tantos claros oscuros, ésta no terminó con la muerte del pobre capitán. La búsqueda de su tesoro se volvió una obsesión para todo tipo de personas y durante años se han encontrado diversos tesoros de Kidd en distintos sitios de la geografía mundial. Su leyenda creció hasta límites casi increíbles, incluso en Japón se decía que había atacado con sus hombres una aldea masacrando a sus habitantes y escondiendo un tesoro en una cercana cueva. Literatos escribieron sobre tesoros piratas pensando en Kidd como la famosa novela "La isla del tesoro", y el cine y los videojuegos presentaron a Kidd como el clásico y típico pirata sanguinario.

Dicen sin embargo que las últimas palabras del triste capitán fueron para su esposa Sara, pues lo que más lamentaba era la aflicción que le iba a causar cuando se enterara de su muerte infamante.

En 1910 el escritor y periodista americano,  Ralph Paine, encontró en Londres los salvoconductos franceses que había entregado Kidd a su supuesto protector Bellomont, y que nunca se presentaron como prueba a su favor durante su juicio. Los documentos habían sido ocultados para facilitar su condena. Sin embargo el Almirantazgo inglés no se privó de subastar las mercancías requisadas al capitán y por las que obtuvo un beneficio de 5500 libras.

En cuanto al tesoro enterrado de Kidd se podría escribir otro artículo sobre el pozo del dinero de la Isla del Roble, de los lingotes encontrados en Madagascar, o incluso del misterioso mapa del tesoro guardado por Kidd en la pata de su escritorio y que un anticuario encontró en 1929...pero eso es otra historia.

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