EL SANTO ROBADO

Traslado del cuerpo de S. Marcos. Tintoretto
El ROBO DE SAN MARCOS 

La curiosa historia que vamos a recordar hoy se desarrolla en varios períodos de tiempo, aunque lo más extraordinario se produce en la Edad Media. Pero comencemos por el principio. Y este es ni más ni menos que el suplicio y muerte de unos de los santos más importantes del santoral católico, San Marcos, nada menos que todo un evangelista. 

Martirio de S.Marcos. Fay Angelico.1433. Florencia
Corría el año 68, gobernando el cruel emperador Nerón en Roma, cuando Marcos establecido en Egipto, en la ciudad de Alejandría, se dedica a evangelizar a los paganos, fundar iglesias, y realizar milagros, ocupaciones propias de los santos de aquellas épocas. El buen obispo Marcos sufriría el destino de todos los varones santos del momento: el martirio. San Marcos fue apresado y arrastrado con cuerdas atadas al cuello por las calles de Alejandría, para luego ser arrojado a una mazmorra. Al día siguiente volvieron a sacarlo de prisión y repitieron el proceso de darle un desagradable paseo por las calles de la ciudad egipcia. Como consecuencia de la peculiar manera que tuvieron los alejandrinos de enseñar su ciudad al buen hombre, éste murió, y para toda una fe se convirtió en mártir y santo. Pero la historia del santo, como la de muchos otros seguidores de Jesucristo, estaba muy lejos de haber acabado con su muerte.

Unos cientos de siglos después, concretamente el año 827, dos espabilados hombres de negocios venecianos, entonces se llamaban mercaderes, recalaron en la floreciente ciudad de Alejandria, en ese momento en manos ya del Islam. Eran Buono de Malamocco y Rustico da Torcello. Buono era uno de los hombres de confianza del dux de Venecia, nombrado por éste tribuno, escuchaba las quejas del pueblo y se encargaba de trasmitirlas a las autoridades. Pero el tranquilo trabajo no iba con el inquieto personaje, y pronto se dedicó a surcar los mares como otros compatriotas para hacer fortuna. En compañía de un antiguo camarada de armas, Andrea de Torcello, apodado Rústico, fletaron un barco el "San Nicolás", y con él recorrieron el Mediterráneo, Buono como capitán y Rústico como primer oficial, ganándose pronto una buena reputación como navegantes.

Mosaico de la Basílica de San Marcos. Venecia. 
El emperador bizantino, León V, en pugna con el Islam, había prohibido el comercio con los árabes, en una especie de bloqueo, ya que suministros y armas circulaban desde Occidente al mundo islámico, casi como hoy en día, sin importar contra quien eran empleados. Como siempre hay un espabilado que ve en estas prohibiciones la oportunidad de hacer negocio, y en esa ocasión fue el gobierno de Venecia con el dux Justiniano Partecipazio a la cabeza. El dux envía a sus mejores hombres a Egipto con la intención de establecer secretos acuerdos comerciales con el emir, y es así como llegan Buono y Rustico a Alejandría.

Pero los árabes no deben de estar muy por la labor de establecer acuerdos comerciales con los venecianos. Las relaciones con los cristianos se han ido deteriorando, y las iglesias y santuarios cristianos se han ido desmontando para edificar mezquitas. El propio emir tiene la intención de desmantelar el templo donde se guardan las reliquias del santo evangelista para edificar un palacio con la piedra procedente de éste.

En el norte de Italia dos ciudades querían ejercer el control político y religioso sobre la zona, Aquileya y Venecia. Pero la primera ciudad tiene un argumento a su favor, posee las reliquias de San Hermágoras. Tener los restos de un santo confería a las ciudades un estatus especial, atraía peregrinos y visitantes, y con ellos dinero y comercio, algo así como tener hoy un buen equipo de fútbol con una estrella del balón entre sus filas. Según algunos el viaje de los "mercaderes" Buono y Rústico no era una misión comercial, sino más bien una operación encubierta para hacerse con las reliquias del evangelista, quien según la leyenda había recalado en las costas donde se alzaría Venecia, y un ángel le había profetizado que su cuerpo descansaría allí. Hacerse con el cuerpo del santo era casi una obligación para los venecianos, tenía la bendición divina (o al menos una justificación religiosa), y además servía para darle en las narices a la ciudad rival, pues Hermágoras había sido convertido y luego discípulo de San Marcos.

Mosaico de San Marcos. Venecia. 
En cualquier caso los dos venecianos y su tripulación vieron la oportunidad de hacerse con algo que daría beneficios inmediatos a ellos y a su ciudad. Convencieron a los monjes que cuidaban el sepulcro, sobornaron a unos guardias, y procedieron a hacerse con las reliquias. Para evitar que los descubrieran demasiado pronto sustituyeron el cuerpo del santo por el de una santa, una tal Santa Claudia, que vaya usted a saber de donde la habían sacado. Como si de una operación de comandos se trataran metieron los restos en un cajón que cubrieron con coliflor y carne de cerdo, y se aventuraron en la noche alejandrina. Según la leyenda el olor a santidad llenaba las calles y empujaba a los vecinos a asomarse a curiosear que era esa fragancia a flores que impregnaba la ciudad (Yo creo que más bien era el olor a cerdo y coliflor que debía de dejar un rastro fácil de seguir). Los ladrones asustados imploraron la ayuda divina para evitar que los detectaran, y ésta vino en forma de repentina tempestad que hizo que los curiosos vecinos se refugiaran en sus casas ante el chaparrón que se les venía encima. Al llegar al puerto tenían que pasar la inspección de aduanas para poder subir el cajón al barco y ese sería el momento más peligroso de la difícil misión, pero para ello habían tapado al santo con los pedazos de cerdo. Cuando los árabes que fueron a inspeccionar la carga se encontraron con los olorosos trozos de carne porcina, retrocedieron espantados "Kinzir, Kinzir" parece que exclamaron horrorizados, "cerdo, cerdo", y que no pretendía ofender a los venecianos si no huir de lo que consideraban y consideran un animal impuro. Así los astutos marineros embarcaron en el "San Nicolás" llevándose el cuerpo de San Marcos, y como cosa curiosa contando entre la tripulación con un judío como medico del barco, y a su hija Rebeca como su ayudante.  La tempestad que también dominaba el mar favoreció que los hábiles marinos huyeran con su barco evitando la persecución de las naves enemigas.

Iglesia copta de San Marcos. Alejandría.
El 31 de enero del año 828 el "San Nicolás" arribaba al puerto de Venecia en olor de multitudes, en olor de santidad, y esperemos que no en olor a cerdo. El dux recibió las reliquias del santo como donación de los dos aventureros, y recompensó a los héroes con 100 libras de plata. Se comenzó la construcción de una basílica para albergar los restos del santo, y tras unas cuantas vicisitudes entre las que se cuenta un incendio ocurrido 100 años después, el evangelista terminó reposando bajo la basílica que lleva su nombre en la ciudad de Venecia.      

¿Terminó ahí la historia del santo? Ni muchísimo menos, pues según los fieles de la iglesia copta de San Marcos en Alejandría, los ladrones de reliquias con las prisas, el miedo, o por obra de un extraño milagro, se dejaron olvidada la cabeza del evangelista, que según ellos aún se conserva en su iglesia. De forma que San Marcos se encontraría dividido entre dos países y dos continente, su cuerpo en Venecia, y su cabeza en Alejandría. (Hace unos días, el 9 de abril del 2017 el fanatismo integrista acabó con la vida de 18 personas precisamente en la iglesia de San Marcos de Alejandría)

Tumba de San Marcos. Venecia.
En 1562 la Escuela de Venecia le encarga a su gran maestro, Tintoreto que realice una serie de cuadros sobre el santo patrón de la ciudad, y el gran pintor entre ellos pinta el robo del cuerpo de San Marcos. En la pintura se aprecia la terrible tormenta que azota la ciudad la noche del robo, y que incluso arroja a una mujer al suelo, al tiempo que vemos a los venecianos portar el cadáver del santo, que presenta muy buen aspecto para llevar 800 años muerto, y que además conserva la cabeza en el sitio, pero claro es lo que se llama "licencias artísticas", y si realmente hubieran trasladado el cuerpo así no cabe la menor duda de la procedencia del olor que despertó a los ciudadanos alejandrinos. Como dato curioso el personaje que sujeta la cabeza del santo no es otro que Tomasso Rangone, médico, astrólogo, charlatán, y mecenas de Tintoretto que se hacia retratar en todos los sitios, y que...Pero eso es otra historia.    

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