CREENCIAS EN LA CIUDAD NEOLÍTICA


ÇATAL HUYUK II

Si en la primera parte de nuestra visita a Çatal Huyuk veíamos como vivían sus habitantes ahora se trata de saber cómo pensaban o más bien en qué creían. Suponemos que tenían unas creencias religiosas que se traslucían en las diferentes festividades que los pobladores de la aldea celebraban a lo largo de su vida. Además de las fiestas y celebraciones habituales, coincidentes en su mayoría con las que aún sigue celebrando el hombre actual (algunos más que otros ), es decir, nacimientos, el paso a la edad adulta, enlaces, y enfermedades o muertes, había situaciones extraordinarias  que requerían también actuaciones especiales. 

Dar las gracias por un nacimiento o un buen casorio a los dioses protectores es lo normal (En mi tierra aún existe la costumbre de entregar huevos a las monjas clarisas para que recen porque haga buen día en la fecha de una boda), rezar e implorar la salvación del enfermo, que las cosechas sean propicias, que entre con buen pie en la edad adulta ( cualquier padre de adolescente lo hace cada día), o que acoja el alma del difunto en el Más Allá, son rituales que en mayor o menor medida casi todos los pueblos del planeta siguen realizando. En Çatal Huyuk además tenían un cercano volcán, el Hasan Dag, así que es de suponer que algunas ceremonias irían encaminadas a apaciguar su furia.

Diosa Madre. Museo de Ankara. Turquía.
Las numerosas muestras de decoración  en las casas, no del todo descifradas, hablan de un profundo sentido religioso, al menos en su vertiente protectora, eso o los decoradores de interiores eran la profesión de moda. La presencia de numerosas estatuillas de una curiosa figura femenina confirman el culto a una divinidad que se ha dado en llamar la Gran Diosa, o la Diosa Madre. Estas figura se representa desnuda con grandes senos y caderas, sentada en un trono flanqueada de panteras sobre cuyas cabezas apoya las manos, a veces se representa en el momento de parir. Posiblemente sea una divinidad que rige la fecundidad de personas, animales y de la misma tierra, y que por ello reine sobre la naturaleza, la vida y la muerte. La diosa garantizará las cosechas, el nacimiento de los hijos, la llegada de la primavera, y un sin fin de bondades para una población que se ha sedentarizado y practica la agricultura y la ganadería. Pero también puede ser terrible, desatar devastadores desastres, arrasar cosechas o volver a fieras y naturaleza contra sus adoradores, entonces toma forma de pantera. Protuberancias como senos decoran las casas de Çatal Huyuk y sobre esos pechos de la madre se colocan osamentas de animales peligrosos, cuernos, colmillos, o garras, tal vez para que la diosa se muestre benigna y proteja a los habitantes de la fiereza de esos animales.

Casa de Çatal Huyuk con pintura sobre estuco.
Otra figura que cobra especial relevancia en el poblado, es el toro, presente en las pinturas y en las casas a través de su decoración a base de cornamentas del formidable animal. Sus cuernos, su cabeza moldeada en arcilla, o las pinturas que lo representan de cuerpo entero, hablan de la importancia que el animal tiene para los moradores de las viviendas. El uro o toro salvaje ahora extinto tenía una significación que hoy se nos escapa, pero que de enemigo del cazador de Çatal Huyuk se convirtió en algo más.

Sin embargo los habitantes de Çatal Huyuk eligen también para decorar sus casas otros motivos diferentes a la Diosa Madre o al uro. Algunas casas están más decoradas que las otras, y muestran pinturas geométricas, pero también escenas de animales, personajes, escenas de caza y danza, etc. Algunos han pensado que las más decoradas, aunque parezcan una casa normal pudieron haber funcionado como santuarios o templos puesto que no se ha encontrado un edificio bien diferenciado que pudiera realizar esa función a pesar de la evidente religiosidad de los habitantes de Çatal Huyuk.

Los cuernos incrustados en las paredes, las figurillas femeninas, las decoraciones, nos hablan de la religiosidad de los hombre y mujeres de esta ciudad neolítica, pero ¿cómo vivían la muerte? ¿qué hacían con sus muertos si había una creencia en una vida en el Más Allá?

Dibujo basado en una pintura de Çatal Huyuk.
El patriarca de la familia ha muerto. La verdad es que en los últimos años ya arrastraba unos cuantos achaques y las fiebres han terminado por llevárselo a la longeva edad de 35 años, no es que sea un record, pero no está nada mal. Los hombres de la familia trasladan el cuerpo fuera de la ciudad y lo depositan en una elevada plataforma de madera. Ahora se trata de que los buitres que pueblan la zona se encarguen del resto de la ceremonia. Y efectivamente los aplicados animalitos se dedican durante días a despojar al fallecido de todo lo superfluo, es decir que lo dejan mondo y lirondo, reducido a un esqueleto digno de figurar en cualquier facultad de medicina.  Ahora el finado ya puede volver a casa. Pues sí, una vez despojado de carne y vísceras, la familia recoge los huesos y los devuelve al hogar. Amorosamente se envuelven los restos en un lienzo de tela y se lleva a casa. En el suelo de la vivienda se ha preparado un hueco especial para acoger al antiguo residente, que descansará al lado de otros de sus antepasados. Una de las plataformas que se alzaban ligeramente sobre el suelo ha sido abierta y en ella con sumo cuidado se deposita el cadáver. Antes de cerrar la última morada del patriarca le ponemos sus pertenencias más preciadas, unas joyas, un collar, un brazalete, por supuesto un ejemplo de sus armas, tal vez unas flechas y un puñal, y finalmente  por si tiene hambre una vasija con un poco de comida para que no tenga necesidad de levantarse a medianoche a tomar un refrigerio. Normalmente los familiares esperaban a la primavera para realizar el curioso ceremonial suponemos que por razones climáticas y religiosas, al fin y al cabo es la época en que renace la naturaleza, y es de esperar que en alguna forma lo hagan también los humanos fallecidos. Aprovechando la reubicación de los muertos los vivos aprovechaban para encalar las paredes, remozar desconchones, repintar, vamos que de paso que enterramos al abuelo arreglamos la casa.

Dibujo basado en pinturas de Çatal Huyuk.
Los arqueólogos efectivamente han encontrado bajo determinadas plataformas en el interior de las viviendas los restos de antiguos habitantes de las mismas, rodeados de su ajuar, más abundante en el caso de las mujeres. Además con un gusto un tanto macabro alguna vivienda muestra en sus paredes el relato de como su antecesor ha llegado al estado en el que se encuentra. Buitres que se comen a hombres sobre plataformas, e incluso los descabezan ilustran esta costumbre a la par que le dan un toque hogareño a la vivienda. No puedo dejar de recordar la costumbre en ciertos sitios de pintar las habitaciones con los retratos de los familiares fallecidos.  

¿Son los buitres servidores de las deidades del Más Allá? ¿Son tal vez los encargados de trasladar los difuntos a otro plano? A falta de textos escritos, de un templo, o de información de otro tipo, de momento lo único que se puede hacer es especular. Sin embargo según las referencias de uno de los primeros estudiosos de las pinturas, uno de los frescos representaba una escena ritual con "una figura humana vestida con una piel de buitre". De manera que es casi seguro que además de todo lo antedicho algunos se vestían con alas de buitre para proceder a algún tipo de ritual.

Diosas madres de grandes pechos y enormes caderas, toros salvajes en las decoraciones, cornamentas, colmillos y garras, muertos bajo las casas, hombres buitres, Çatal Huyuk aún tiene mucho que contar, y es uno de esos lugares en los que se comenzó a escribir la historia de la Humanidad.  

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