CUIDADO CON LOS CUENTOS

Vidriera del Flautista. Hamelín.
LA VERDADERA HISTORIA DEL FLAUTISTA DE HAMELÍN

Erase una vez una pequeña ciudad llamada Hamelín. Era un lugar bello y tranquilo cerca del cual circulaba un ancho y profundo río que regaba las fértiles tierras. Pero un día una desgracia se abatió sobre la población, una terrible plaga asoló la ciudad, las ratas. Había ratas por todos lados, y la tranquila vida de los habitantes de Hamelín se convirtió en una pesadilla...

Estatua del flautista. Hamelín
Basta ya de cuentos. Todos conocemos bien el cuentecillo del flautista de Hamelín, y para los que no, les hago un resumen: Una ciudad se llena de ratas hasta límites inauditos y después de mucho debatir se llama al desratizador, un misterioso extranjero de vistosa y colorida vestimenta que dice ser capaz de erradicar a los roedores. Pide una cantidad exorbitante que el alcalde no duda en prometer pagar. El forastero armado con una flauta toca una melodía y las ratas abandonan el pueblo al son de la música, y una a una van cayendo en el río obedeciendo las órdenes del mágico músico. Pero cuando éste quiere cobrar la recompensa, el alcalde y el consistorio en pleno se hacen los locos (lo de que los Ayuntamientos tengan problemas para pagar sus deudas se ve que viene de lejos). El flautista bastante amoscado por el incumplimiento de contrato en lugar de demandar al consistorio ( medida que no suele valer para nada) usó de nuevo su flauta mágica y se llevó a todos los niños del pueblo. Sin niños esta vez los vecinos de Hamelín y su alcalde tuvieron que pagar el doble para que el poderoso mago devolviera a los infantes. En versiones menos amables el flautista desaparece con los niños y nunca más se vuelve a saber de ellos, a excepción de un cojito y una cieguecita que no pueden seguir al músico (según parece no había sordos) .

Pero ¿por qué narices hablamos de un cuento infantil en un artículo dedicado a curiosidades históricas? Porque desgraciadamente y como tantas otras veces el cuento tiene una base real. No hay que olvidar que en muchas ocasiones los cuentos y fábulas se utilizaban como ejemplos moralizantes que trataban de prevenir precisamente desdichas que habían ocurrido en el pasado. 

Flautista. Pintura de 1560 copiada de la antigua vidriera.
Para empezar la ciudad de Hamelín existe realmente, y no es uno de esos lugares mágicos y de fantasía que pueblan los cuentos. Se encuentra en la Baja Sajonia junto al río Weser. Esta ciudad se encontraba de fiesta el 26 de junio de 1284 cuando un misterioso forastero apareció en el lugar. Según algunas tradiciones vestía un traje multicolor y tocaba muy bien un instrumento, quizás una flauta, quizás una gaita. Era la festividad de los santos Juan y Pablo y la presencia de un personaje tal no debió de llamar demasiado la atención. Imaginamos que acudirían todo tipo de comerciantes, cómicos, etc, para aprovechando las fiestas hacer su propio negocio, de manera que un colorido músico no tendría porque despertar sospechas. Sin embargo testimonios posteriores aseguraron que el músico se llevó tras de sí a los encandilados niños del pueblo que le seguían entusiasmados con su música. La leyenda afirma que 130 niños desaparecieron siguiendo al misterioso personaje en unas colinas cercanas al pueblo, unos afirmaron que se internaron en una cueva y nunca más salieron, otros que fueron tragados por el río, pero jamás se volvió a saber nada del flautista y de los niños. 

Localizador en un documento de fundación. S.XIV 
Para el profesor Wolfgang Wann lo ocurrido en Hamelín ni es extraordinario ni tiene demasiado misterio. En esta época los nobles alemanes que habían obtenido tierras en el norte y este de Europa querían explotarlas y sacar rendimiento a una zonas en su mayor parte despobladas, por lo que necesitaban colonos o mano de obra que ocuparan y trabajaran estos terrenos. Para proveerse de trabajadores recurrían a unos reclutadores forzosos los llamados "pied piper", palabra de difícil traducción, pues por separado significaría gaiteiro de muchos colores, pero todo junto su significado varía, describiendo a una persona que es capaz de hacer con su ruido que los demás lo imiten, extraño, ¿verdad? En cualquier caso estos ojeadores o localizadores recurrían a todo tipo de artimañas para hacerse con su objetivo, bien fuese el secuestro bien fuese la compra. De esta manera el cuento oculta una triste realidad, un localizador se llevó a los jóvenes del pueblo tal vez valiéndose de cómplices que los secuestraron tras una noche de fiesta, o bien compró a los muchachos a un pueblo empobrecido y sin recursos para alimentarlos. Los niños partieron con el "pied piper" y desaparecieron en una zona conocida por ser el lugar de las ejecuciones. Para muchos fueron llevados a un puerto del Báltico desde donde se embarcaron, aunque finalmente el barco cargado con los niños de Hamelín se hundió frente a la ciudad de Kopahn (Polonia), y estos nunca llegaron a su destino.

El flautista de Hamelín. Elizabeth Forbes (1859-1912)
Sin embargo las versiones que fueron surgiendo de la misteriosa desaparición complicaron aún más su resolución, y no todos le dan la razón al profesor Wann. Según una de las variantes de la leyenda, los niños se adentraron en una cueva y salieron por el otro lado en Transilvania. Mientras que una versión mucho más macabra habla de la aparición de miembros descuartizados y colgados de los árboles al día siguiente del secuestro en la misteriosa colina de las ejecuciones.

Un poema de Robert Browning habla de una misteriosa tribu de Rumanía que viste con trajes multicolores, y que afirman descender de unos niños secuestrados, y que tras salir de una prisión subterránea se afincaron en donde viven ahora.

El Flautista. A. Osterlind 
Una interpretación más dura haría referencia a la perdida de los niños del pueblo por un tragedia difícil de olvidar, un corrimiento de tierras que los sepultó, una epidemia o peste, un pederasta psicópata que los asesinó, y una versión aún más retorcida que habla de una misteriosa secta. Esta secta vestía con estrafalarios trajes llenos de vivos colores, organizaban sus ritos mediante una danza que bailaban al son de una flauta o gaita, y cuyo líder pervirtió a los muchachos locales para que participaran en sus ritos paganos. La justicia actuó con rapidez y diligencia ejecutando a toda la secta, que incluía por supuesto a los nuevos acólitos, con un escarmiento ejemplar reservado a los herejes, algo que justificaría la versión de los desmembramientos y ahorcamientos. 

Sin embargo la teoría más aceptada es aquella que precisamente habla de un reclutador de esclavos o colonos, e incluso hay quien se atreve a darle nombre, Bruno von Schaumburg, obispo de Olmutz. El buen obispo fue un famoso fundador y colonizador en las fronteras de Moravia con Polonia y Hungría. Más de 200 pueblos y 6 ciudades fueron fundados por el activo obispo. Por ello los partidarios de ver en él la mano que estaba detrás de la desaparición de los niños de Hamelín afirmaban que los hechos narrados por el cuento se corresponde a unos años anteriores a los que marca la tradición, en torno a 1281, pues esa fue la fecha de la muerte de Schaumburg.

Para quienes duden de la utilidad de secuestrar niños les remito a los casos destapados con desgraciadamente cierta regularidad en que niños de países desarrollados son comprados o, secuestrados para ser usados tanto en prostíbulos, como en casas de engorde, como de mano de obra en minas, por seleccionar sólo unos casos harto conocidos. Quienes dudan de la versión del psicópata pedófilo por parecer imposible que impunemente secuestrara a 130 niños, les recuerdo casos como el de Gilles de Rais, al que se le llegaron a atribuir hasta 1000 secuestros de niños entre 8 y 10 años, y la triste Cruzada de los niños ( ambos casos tal vez merezcan en el futuro que les dediquemos nuestra atención).

El flautista de Hamelín. J. Elder Christie. 1881
Pero a pesar de todo a día de hoy la duda persiste, ¿qué sucedió con los niños de Hamelín? ¿fueron secuestrados o vendidos?¿con qué fin? Psicópatas, tratantes de esclavos, un desastre natural..., algo hizo desaparecer a más de cien niños de una tranquila población a finales del siglo XIII. Cien años después un documento aún recordaba la desgracia y se la atribuía al misterioso flautista, una vidriera de la iglesia del pueblo, hoy perdida, relataba el suceso, y a lo largo de los años se le fueron añadiendo nuevos elementos al hecho hasta convertirlo primero en una leyenda y luego en un inocente cuento infantil. Las ratas no aparecían en un primer momento y no fueron incorporadas al relato hasta el siglo XVI, quizás como recuerdo de una plaga o peste que diezmó a la población infantil. La vitrina actual es una reconstrucción-suposición moderna, y a principios del siglo XVII (1602 ó 1603) se puso una inscripción en Hamelín que dice: "En el año 1284 en el día de Juan y Pablo siendo el 26 de junio por un flautista vestido de muchos colores, fueron seducidos 130 niños nacidos en Hamelín y se perdieron en el lugar del calvario, cerca de las colinas."

El flautista de Hamelín. Chris Rawlins.
El hecho de que historias y cuentos similares se relataban en distintas poblaciones del norte de Europa nos lleva a pensar que lo de Hamelín no fue un hecho aislado, lo que no le quita interés o misterio al caso Hamelín, y aún estremece que un documento fechado en 1384 recordara la desaparición hacía 100 años de los niños o hijos del pueblo (pues eso significaba kinder).

En la ciudad existía una calle la "Bungelosen strasse" o "calle sin el sonido de los tambores" donde era obligatorio cesar de tocar música a su paso por ella, y orquestas, pasacalles, y diversos músicos debían de para de tocar cuando circulaban por ella para retomar sus sinfonías una vez atravesada. Algo que se realizaba en memoria de los niños desaparecidos.

Curiosamente en la actualidad la ciudad de Hamelín explota la historia del cuento popularizado por los Hermanos Grimm, y desde festivales, a tiendas especializadas, pasando por museos, o la famosa casa de las ratas, construida mucho después pero popular por la famosa inscripción, son lugares de atracción turística. Incluso un carrillón se abre en la casa de las bodas  y a horas determinadas vemos salir la figura del flautista para marcar las horas. Cualquier visitante extranjero puede comprar souvenirs relacionados con el flautista de Hamelín, pero muy pocos seguramente sabrán la tragedia que oculta el cuento.

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