LA REINA CON MIEDO

Respaldo del trono de Tutankamón. Anjsesenamón y el faraón.
LAS CARTAS DE ANJESENAMÓN

A la muerte de Tutankamon en torno al año 1327 a.C. la situación del Egipto faraónico se vuelve complicada. El joven faraón con tan sólo 19 años no ha dejado sucesor y se convierte así en el último varón de la dinastía XVIII. Sustituir al faraón en un Egipto azotado por la inestabilidad no es una tarea fácil. El cisma religioso desatado unos años atrás por el faraón herético Akenatón ha sacudido los cimientos socio religiosos de la nación, las epidemias han mermado y debilitado a la población, hay quien afirma que fue la malaria la que terminó con Tutankamón, y el creciente poderío del vecino hitita pone a Egipto en una situación difícil.

La solución para dar una cierta estabilidad al reino puede pasar por casar a una princesa con la persona adecuada que permita que durante un tiempo el país recobre la normalidad que la repentina muerte del faraón sin descendencia ha roto. La elegida es Anjesenamón. La persona que mueve los hilos entre las sombras es un ambicioso general llamado Horemheb, quien aún no está preparado para tomar el poder pero que está dispuesto a todo porque éste no se escape de sus manos. 

Relive de Tutankamón y Anjesenamón. M. Neues Berlín
Los acontecimientos que siguen a la muerte y enterramiento del emperador están confusos y los investigadores no se ponen de acuerdo. Que si el faraón fue enterrado mal y con prisas en una tumba que no era la suya. Que si Horemheb se encontraba en el extranjero en una campaña militar y por ello no se hizo inmediatamente con el poder. Que si Ay era el legitimo heredero. Todo supuestos y más supuestos. Lo que sí es cierto es que casarse con una princesa de sangre era la mejor forma de legitimar el ascenso al trono, y el que estuvieras o no emparentado con ella no tenía la menor importancia. De pronto las princesas y sobre todo la reina viuda se han convertido en la carta fundamental en el juego por hacerse con el trono. Quien esté bien posicionado en la corte, tenga los apoyos necesarios, y se case con la reina viuda, no necesitará ni acostarse con ella, ni mantenerla viva mucho tiempo, sólo el necesario para legalizar el entronamiento.

Entonces se produce lo inesperado, una carta procedente de Egipto se recibe en la corte hitita del poderoso rey Suppiluliuma I, quien gobernó el imperio desde 1375 a.C. hasta 1325 a.C.

"Mi esposo ha muerto. No tengo ningún hijo varón, pero dicen que tú tienes muchos hijos varones. si me das a uno de tus hijos, se convertirá en mi esposo. Jamás escogeré a uno de mis súbditos como esposo[...] Tengo miedo." 

Puerta de los leones. Hattusa. Turquía.
La antigua reina ha reaccionado, temiendo tal vez un futuro incierto, ha decidido tomar cartas en el asunto, nunca mejor dicho, y ha buscado un aliado inesperado, el enemigo tradicional de los egipcios. Anjesenamón, pues casi todos creen que la misteriosa reina que escribe a Suppiluliuma I es ella, deja claro una cuantas cosas, primero que ha quedado viuda y es reina, segundo que no tiene hijos varones que sucedan al padre, y tercero que tiene tanto miedo que no duda en buscar auxilio en el enemigo.

Los hititas en un primer momento dudan de la veracidad de la misiva, no contestan, pero reciben más cartas de la desesperada reina, a la que siguen contestando con evasivas. Tal vez las cartas son interceptadas, pero la desesperada mujer no puede más, como refleja en otra de sus cartas

"¿Por qué dijiste que te estaba engañando en este asunto? Si hubiera tenido un hijo varón, ¿acaso te hubiera escrito acerca de mi vergüenza y la de mi país a una tierra extraña?[...]Aquel que era mi esposo ha muerto, y no tengo hijos [...] No he escrito a ningún país más, sólo me dirijo a ti. Entrégame a uno de tus hijos: será un esposo para mí y un rey para Egipto."

Ay en la ceremonia de apertura de la boca. Relieve
Anjesenamón no puede haber dejado más claros sus temores y pretensiones. Tiene miedo no sólo por ella, sino también por su país. Alguien que tiene suficiente fuerza está intentando hacerse con el poder, y es alguien de quien la princesa teme lo peor, tanto que se atreve a entregar el trono a una potencia extranjera y enemiga de su país. No se ofrece sólo en matrimonio, le propone al rey de los hititas que se haga con el gobierno de Egipto a través de la boda de la viuda real, ella misma, con uno de sus príncipes. ¿Por qué tiene tanto miedo la reina viuda? y sobre todo ¿a quién teme tanto que se arriesga a ser acusada de traición? Tal vez sospechaba que su marido había sido asesinado, tal vez pensaba que a ella le esperaba un destino parecido, además debía de temer que Egipto iba a ser gobernado por un tirano monstruoso o no hubiera intentando una maniobra tan arriesgada. Sólo podemos especular.

Por fin Suppiluliuma I reacciona y exclama atónito antes sus cortesanos que jamás le había pasado en su vida cosa igual. El rey empieza a creerse que podrá hacerse con Egipto con un simple matrimonio sin arriesgar ni un sólo soldado. El soberano decide entonces enviar a uno de sus hijos, no al primogénito y heredero, Arnuwanda, sino al cuarto hijo varón. Al fin y al cabo, debió de pensar el rey, si es una trampa la sucesión al trono hitita sigue garantizada. El príncipe Zannanza es el elegido para convertirse en consorte de Anjesenamón y ser el nuevo rey de Egipto.

Hattusa. Capital hitita. Reconstrucción basada en fotos aéreas
Pero los servicios de inteligencia de palacio tenían vigilada a la reina, sus cartas eran leídas, y posiblemente interceptadas. ¿Por qué se dejó que algunas de ellas llegaran hasta Hattusa, la capital hitita? ¿Se trataba quizás de comprometer a la reina para luego poder forzarla a hacer la voluntad de sus enemigos? De nuevo sólo podemos especular. Pero a raíz de los resultados es una hipótesis más que posible.

Zannanza nunca llega a Egipto. La expedición matrimonial hitita es interceptada en el camino y el príncipe es asesinado. Cuando la noticia llega a oídos del rey, éste declara la guerra a Egipto.

Pero ¿qué ha pasado entre tanto en Egipto? Descubiertas las intrigas de la reina, la corte dirigida por el anciano Ay, los sacerdotes de Amón que no querrán una vuelta a los tiempos de la herejía amarniana, y los militares encabezados por Horemheb, tendrán que tomar una decisión rápida, o se pueden encontrar hititizados en menos que canta un gallo. Por lo pronto hay que dotar a Egipto de un nuevo faraón de quien nadie pueda dudar, y quién mejor que Ay, alto funcionario de la corte y abuelo de la reina viuda. Todos saben que es un gobernante transitorio, pero al fin y al cabo se trata de resolver un problema inmediato. Y Horemheb ve en Ay la solución perfecta a su próximo ascenso al trono. Sin hijos, el nuevo faraón ya entradito en años difícilmente va a engendrarlos en un futuro, y en el caso improbable de que algo así sucediera, pues...

Horemheb. Museo de Viena
Ay era un alto funcionario de la corte de Tutankamón, además de ser el padre de Nefertiti, la esposa del faraón hereje, Akenatón. De esta manera el cortesano ha ocupado una alta posición en la corte durante los últimos reinados, padre y suegro del faraón, y abuelo de los hijos de Akenatón con Nefertiti, entre los que se contaba la princesa Anjesenamón. A la muerte de Tutaankamón es el candidato idóneo para ocupar el trono por su línea de parentesco, y por su edad que le hace poco peligroso para otros candidatos. Horemheb, el más importante general de Egipto se encuentra fuera de la capital cuando muere el faraón, y no puede o no quiere impedir el ascenso al trono de Ay. El propio Ay decide despejar cualquier duda sobre sus derechos  dinásticos casándose con...¡su propia nieta! Efectivamente el nuevo esposo de la asustada princesa es nada menos que su abuelo.

El matrimonio entre nieta y abuelo no debe escandalizar ni asustar a nadie, y menos a la princesa. Los matrimonios entre parientes en el Egipto faraónico eran bastante frecuentes. Al tener el faraón varias esposas y concubinas, los distintos hijos nacidos de las diferentes madres podían acabar en unos matrimonios entre iguales con lo cual se conservaba la sagrada sangre del divino faraón. De esta forma es difícil que Anjesamón se asustara por su matrimonio con su abuelo, que además seguramente éste ni siquiera tenía intención de consumar. Pero su nueva posición se volvía muy peligrosa. Era la hija de un faraón que había socavado los cimientos religiosos de Egipto, y todo lo que olía a la herejía amarniana era odiado por los sacerdotes de Amón que no tolerarían una vuelta atrás. Si por un casual llegaba a tener un hijo con su abuelo, los posibles candidatos a suceder a Ay sobre todo Horemheb no dudarían en terminar con ella y con su hijo antes de dejar que ejerciera una regencia de un faraón niño, o sustituyera al heredero como había sucedido con Hatshepsut. La nobleza, el clero, el ejército no iban a tolerar un nuevo faraón mujer, y además muerto Ay volvería a convertirse en un elemento peligroso, puesto que el ambicioso general Horemheb se había casado con una hija de Ay, y por tanto el faraón se había convertido en su suegro, y de nuevo un matrimonio legitimaba al futuro heredero.

Anjesamón dando flores a Tutankamón. Cajita.
¿Era de extrañar que Anjesamón escribiera pidiendo ayuda a los hititas? Yo creo que no. La Reina viuda debió de ver como las intrigas de unos y otros iban despejando el camino hacia el trono, la muerte de Akenatón, de su sucesor el misterioso Semenkhkare, y finalmente de su esposo Tutankamón, debió de poner a la reina "la mosca detrás de la oreja", y de ahí su carta pidiendo la intervención de la potencia extranjera, la única con poder suficiente para desmantelar el nido de conspiradores y traidores que habían llevado a Egipto a un estado de caos. Casada con el príncipe hitita se garantizaba el apoyo de Suppiluliuma para frenar a Horemheb, y restaurar el antiguo esplendor de su nación aunque fuera a costa de ponerse bajo la sombra del imperio rival.

Pero su trama salió mal. Debía de estar vigilada, y terminó de nuevo casada contra su voluntad, convertida de nuevo en reina de Egipto, y suponemos que encerrada e incomunicada en palacio. Anjesamón había cumplido su función trasmitiendo el derecho al trono por matrimonio, pero ahora no era necesaria, y además era una traidora manifiesta. Ay no gobierna Egipto más de 4 años, y allá por el 1323 a.C. muere sucediéndole, esta vez sí, su yerno Horemheb. Antes un posible candidato al trono, Najtmin, para unos hijo de Ay, para otros un alto funcionario, o un antiguo general de Tutankamón, es eliminado.

¿Qué pasó con la reina y su aliados hititas? Anjesamón desaparece de la historia, y luego de su matrimonio con Ay no se vuelve a mencionar su nombre. Posiblemente vivió el resto de su vida recluida hasta que murió o fue eliminada por Horemheb. Actualmente se cree que su cuerpo descansa en el Valle de los Reyes en la llamada tumba KV21 A. En cuanto a sus aliados, el rey Suppilulima y los hititas, por paradojas del destino murieron en cierto modo a causa de las cartas de la reina. Cuando el rey Suppiluliuma I declaró la guerra a Egipto no podía imaginar que los prisioneros que se capturaron durante la campaña traerían consigo la peste, y que esta enfermedad acabaría con su vida y con la de su heredero Arnuwanda II. 

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