DUELO DE PLUMAS

Retratos de Quevedo y Góngora 
QUEVEDO  CONTRA GÓNGORA

La más famosa rivalidad de la literatura española fue sin duda la que enfrentó a dos genios del Siglo de Oro, Francisco de Quevedo y Luis de Gongora. Hoy trataremos de dilucidar el cómo y el porqué de esta rivalidad que degeneró en un auténtico odio que traspasó los límites de una simple envidia profesional.

Luis de Góngora. Grabado
Luis de Gongora nació en Córdoba en 1561 y estudió en Salamanca y tomó ordenes menores en 1575 convirtiéndose en canónigo de la catedral cordobesa. Su papel de religioso nunca se lo tomó demasiado en serio, y pronto comenzó a componer sonetos y romances satíricos que le dieron buena fama de poeta, aunque mala de religioso. Charlatán, jugador, aficionado a los toros, de carácter alegre, y aficionado al lujo, cuando le llegó la fama se asentó en la corte de Madrid en 1617 hasta que la tuvo que abandonar en 1626 arruinado para regresar a Córdoba donde murió en 1627. Pero para entonces se había convertido en una figura importante de la literatura española, máximo exponente de una corriente denominada culteranismo, llena de metáforas y alegorías, con un alto contenido intelectual cuya comprensión no estaba al alcance de todos.

En el otro lado de este peculiar ring literario se encontraba su antítesis o como en cualquier enfrentamiento que se precie su némesis, Francisco de Quevedo.

Francisco de Quevedo nació en Madrid en 1580, aunque hijo de hidalgos su cojera, sus pies deformes y su grave miopía, le volvieron un niño solitario. La inteligencia del joven Francisco le valió un puesto en el Colegio de los Jesuitas, y luego poder estudiar teología en la Universidad de Alcalá. Su destreza con el lenguaje, demostrada en sus poemas satíricos, le fue convirtiendo en una de las figuras más importantes de la corriente literaria conocida como conceptismo, que busca siempre la agudeza, el ingenio, trasmitir en pocas palabras el máximo significado. Sus duras críticas al poder le valieron en más de una ocasión problemas con la ley, exilio, detenciones, y problemas varios hasta que ya mayor y cansado renuncia a volver a la corte y muere en 1645 en su retiro. 

Monumento a Góngora. Salamanca.
Tenemos a los dos contendientes listos, y aparte de su diferente concepción de la literatura nada parece indicar que ambos escritores tuvieran razones para un enfrentamiento o un odio como el que algunos escritores han querido rastrear en sus poemas. Gongora es mayor que Quevedo, cuando éste publica su primer poema el andaluz ya lleva años cosechando éxitos, y no tendría porque prestarle atención a un jovenzuelo advenedizo, y eso es lo que alegan algunos investigadores para negar una verdadera rivalidad entre ambos. Pero si existió ¿cuál fue el origen del odio y hasta donde llegó?

Parece que todo empezó cuando la corte se trasladó a Valladolid, y con ella don Luis de Góngora, poeta en auge en la corte del momento. Góngora compuso e hizo circular unas coplillas satíricas criticando la suciedad del río Esgueva a su paso por Valladolid, que se había convertido en el estercolero y evacuadero de la Corte: "¿Que lleva el señor Esgueva?/ Yo os diré lo que lleva/ Lleva, no patos reales/ Ni otro pájaro marino,/ sino el noble palomino/ Nacido en nobles pañales.../ Lleva, sin tener su orilla/ Árbol ni verde ni fresco/ Fruta que es toda de cuesco, / Y, de madura, amarilla." Evidentemente la copla iba destinada a hacer reír a los cortesanos y no pretendía nada más, pero el bueno de Don Luis no podía imaginar lo que iba a despertar. Es el año 1603 y el duelo de plumas acaba de comenzar.

Francisco de Quevedo. Grabado
Y es que un jovenzuelo con ganas de destacar y hacerse un nombre entre los literatos de la corte, quiso contestar a la copla del conceptista con una propia. Se trataba de Francisco de Quevedo, y bajo el seudónimo de Miguel de Musa parodia el estilo de Góngora y contesta a su copla sobre el río, y no precisamente en términos muy agradables, vamos que le acusa de sólo ser capaz de hacer poesía de mierda: "Tenéis un ingenio bravo, / hacéis cosas peregrinas,/ vuestras coplas son divinas;/ sino que dice un dotor/ que vuestras letras, señor,/ se han convertido en letrinas.../ Son tan sucias de mirar/ las coplas que dais por ricas,/ que las dan en las boticas/ para hacer vomitar". Si el uno hacia chistes con la porquería que llevaba el río, ahora el otro le contesta que más sucias y vomitivas son sus poesías. Un ataque que un joven poeta desconocido de poco más de 20 años dedica a toda una figura ya consagrada que pasa de los 40. Posiblemente Quevedo es un busca famas que quiere utilizar el prestigio de un poeta ya consagrado y cuyo estilo él desprecia para llamar la atención.

La postura más razonable de Góngora posiblemente hubiera sido ignorar al atrevido, seguir a lo suyo, y no dedicarle ni un segundo al advenedizo. Pero en esta época poetas y literatos viven del mecenazgo de los poderosos sean el rey o los nobles, demostrar el ingenio y la valía no es sólo una cuestión de estilo, es casi supervivencia. Además Quevedo se ha alineado con los enemigos de la corriente culterana, Lope de Vega y los conceptistas. El cruce de insultos poéticos ha comenzado y las descalificaciones ya no cesarán. "Musa que sopla y no inspira/ y sabe que es lo traidor/ poner los dedos mejor/ en mi bolsa que en su lira," es la contestación de un Góngora que acusa a Quevedo de intentar crecer a su sombra ya que por sí mismo no tiene valor como poeta. El otro le llama de todo menos guapo: "éste, en quien hoy los pedos son sirenas..." El rival le acusa poco menos de ser un patán inculto que no conoce el griego, lengua clásica imprescindible para los poetas de la época, arremete contra sus defectos físicos, la cojera, y su afición a la bebida llamándolo "Quebebo" y adorador y peregrino de "San Trago". Y Quevedo ataca con una de las acusaciones más duras de la época, el supuesto origen judío de Góngora, algo que lo convertiría en "cristiano nuevo" y por tanto como mínimo intentando colocarlo en una posición social digamos que difícil. "Yo te untaré mis obras con tocino/ porque no me las muerdas Gongorilla,/ perro de los ingenios de Castilla,/ docto en pullas cual mozo de camino; / apenas hombre, sacerdote indino,/ que aprendiste sin cristus la cartilla;/ chocarrero de Córdoba y Sevilla,/ y en la Corte bufón a lo divino./ ¿Por qué censuras tú la lengua griega,/ siendo sólo rabí de la judía,/ cosa que tu nariz aún no lo niega?/ No escribas versos más, por vida mía;/ aunque aquesto de escribas se te pega/ por tener de sayón la rebeldía".

Monumento a Quevedo. Madrid.
Podríamos seguir poniendo insultos réplicas y contra réplicas, aunque no todos los estudiosos están de acuerdo en si realmente todos los versos son de ellos, y van destinados a zaherirse mutuamente, o es sólo una cuestión de juego de ingenios entre corrientes contrapuestas. Sin embargo las leyendas urbanas afirmaban que cuando la Corte volvió a Madrid, los enfrentamientos entre los dos poetas continuaron, y que incluso cuando se cruzaban por la calle se insultaban.

En 1617 Góngora es nombrado capellán real, ya en Madrid intenta conseguir beneficios y prebendas para sus familiares, para ello debe desembolsar dinero. El juego, los gastos caros, y el dinero que adelanta para conseguir favores, le van mermando los recursos. Se traslada a vivir al barrio de las huertas, pues ha perdido su casa. El poeta alquila un piso, en la que hoy, ironías de la vida es la calle Quevedo, piso que según él "en tamaño es dedal, y en el precio, plata"(Éste no conocía la burbuja inmobiliaria).

Sello de España que refleja el enfrentamiento de los poetas.
Quevedo que ha estado en Italia y que ha vuelto con algo de dinero en el bolsillo, se entera de que su querido enemigo vive en un inmueble que pertenece casualmente a un noble amigo suyo. Francisco de Quevedo compra el piso donde vive Luis de Gongora, y conociendo su afición a las cartas y su poca fortuna con ellas, espera la ocasión en que el culterano no pueda pagar el alquiler. Y esto como era de esperar ocurre, el invierno de 1625. Quevedo denuncia a Góngora y las autoridades desalojan a al envejecido y acabado poeta, que se ve en la calle en pleno invierno y sin recursos. Las malas lenguas afirman que el mismo Quevedo asistió al desahucio riéndose del rival y haciendo bromas a su costa, afirmando que tendría que desinfectar y desgongorizar la vivienda quemando unos versos de Garcilaso de la Vega en una especie de exorcismo literario.

Góngora, como ya hemos comentado, volvió a su tierra natal, arruinado económica y físicamente, con una arteriosclerosis que le provocaba perdida de memoria y una incapacidad de sujetar ni siquiera la pluma. Tras vender sus objetos personales y bienes, Don Luis muere en una extrema pobreza en 1627.

Hornacina con los restos de Góngora. Córdoba
Para muchos el enfrentamiento entre los dos escritores tenía mucho que ver con la disparidad de orígenes y sobre todo de caracteres: Góngora egoísta, cruel, interesado, mujeriego, jugador e individualista; Quevedo un hombre más recto, hasta cierto punto religioso y que por ello no soporta que el otro usara la religión para su medro personal, antisemita, pero también más crítico con la sociedad de su época y que lleva mal a alguien que alaba a los poderosos por propio beneficio. Dos hombres condenados a no entenderse.

Ni siquiera en la tumba respetó Quevedo su memoria o cejó en su inquina hacia el poeta rival, y le dedicó un poema a modo de epitafio satírico en donde insistió a sus críticas al muerto, es el titulado "Este que, en negra tumba, rodeado", que remata con un par de versos demoledores: "Fuese con Satanás, culto y pelado: /¡ mirad si Satanás es desdichado!"

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