RICO Y CORRUPTO

M.L.Craso. Gliptoteca de Copenhagen.
MARCO LICINIO CRASO Y SUS NEGOCIOS

Marco Licinio era el tercer hijo de un importante senador, Publio Craso. Nació en el año 115 a.C. y se convertiría en uno de los hombres más poderosos de Roma, en el más rico de la ciudad, y posiblemente también en el más sinvergüenza. Craso representará como nadie como la política, la riqueza y la corrupción en demasiadas ocasiones van cogidas de la mano, y no es un invento de nuestros atribulados tiempos.

Marco Licinio Craso. M Louvre.
Su padre y sus hermanos se vieron envueltos en la Guerra Social y en los enfrentamientos entre las facciones de Mario y Sila. Muerto su progenitor y su hermano mayor en la guerra, y represaliado el segundo en las proscripciones de Mario, Marco, como único superviviente masculino de la familia, decidió ponerse a salvo en las posesiones que tenían en Hispania. En el año 85 a.C. desde la Hispania Ulterior levantó un ejército que puso al servicio del enemigo de su enemigo, es decir de Sila, y la jugada le salió bien, porque a la larga Sila se hizo con el poder, y no dudó en recompensar a quien le había apoyado y luchado por él en la batalla de Puerta Colina (82 a.C.).

Por supuesto, vencedor Sila, de las primeras cosas que hace al tomar Roma es crear sus propias listas de proscripciones. ¿Y en qué consistían estas? Pues cuelgas en el foro una lista con aquellos individuos que te molestan, y éstos ya se pueden dar por condenados sin juicio y sin apelación, quienes los capturen y te los entreguen, no necesariamente vivos suele bastar con su cabeza, recibirán una suculenta recompensa muy fácil de pagar ya que los bienes del proscripto pasan al estado, o lo que es lo mismo al dictador de turno, que  los reparte alegremente entre sus amigos.

Craso como era de esperar se va a beneficiar de su apoyo y amistad con Sila, y una parte de los bienes y riquezas de los enemigos del dictador van a pasar a sus manos. De esta manera Marco Licinio Craso se hace con una considerable fortuna, aunque bien es cierto que manchada de sangre, sin embargo Marco no le hace ascos.
Vista de una calle en Pompeya.
Pero al ambicioso de Craso no le llega el dinero acumulado gracias a las prescripciones, y como especulador hábil decidió invertir el capital con vistas a aumentarlo. Si daba dinero eso era suficiente para Craso, que había que invertir en comercio, se invertía; que se tenía que negociar con prestamos, se negociaba; que la construcción estaba en boga, se metía de lleno en el negocio inmobiliario, vamos un lobo de las finanzas que devoraba todo lo que se le cruzaba. Se llegó a decir que él mismo incluyó en las lista de Sila a alguno no por enemistad si no para hacerse con sus riquezas.  

Sin embargo su bien más preciado eran los esclavos, compraba todo tipo de esclavos: lectores, escribanos, plateros, administradores, mayordomos, arquitectos, maestros de obras, etc. Para todos tenía alguna utilidad y todos formaban un eficiente ejército a su servicio que le permitían enriquecerse más y más al tiempo que creaba a su alrededor una red de clientelismo y miedo que ya hubiera querido para sí Al Capone. Porque Craso no se limitaba a negocios más o menos limpios, y sus métodos dejaban mucho que desear.

Lupanar en Pompeya.
Para empezar también invirtió en lupanares, vamos burdeles, de los cuales más que un beneficio económico lo que sacaba era una red de información y favores importante. Además tenía un equipo de matones que podían hacer una visita a los remisos a plegarse a sus deseos. No solía implicarse directamente en los negocios para ello tenía a sus empleados, cabezas de turco, o testaferros, a los que usaba a conveniencia pero a los que no le costaba dejar atrás si la circunstancia lo pedía. Las minas de plata que compró le convirtieron en una de las fortunas más importante de la República, y por eso a la muerte de Sila era el banquero del Senado.

Le encantaba hacer favores, así era fácil que abogara en los tribunales por los acusados, o que prestara a senadores y gente importante sin intereses. Pero al final todos pagaban y de forma muy alta.

Su fama de codicioso alcanzó niveles legendarios hasta el punto que se contaba una curiosa anécdota sobre él. En una ocasión fue llevado a los tribunales acusado por un tal Plotina de haber mantenido relaciones con una virgen vestal, Licina, a cuya casa acudía con cierta frecuencia. Se presentó el caso bajo la grave acusación de haber corrompido a una virgen vestal, y él alegó en su defensa que lo único que le interesaba de la muchacha era su rica propiedad que pretendía adquirir a bajo precio, y que por eso le hacía la corte a la ingenua, y por supuesto el jurado le creyó, y salió absuelto. Y por supuesto Marco Craso siguió visitando a la vestal hasta que consiguió hacerse con la propiedad. Y es que el negocio inmobiliario era una de las debilidades de nuestro avispado empresario.

Craso saquea el templo de Jerusalén. 1743. G.B.Pittoni
Después de las prescripciones había sido necesario repoblar el Senado con nuevos miembros que querían lucir y vivir como los antiguos miembros, de manera que Craso haciendo de agencia inmobiliaria les vendió lujosas casas a precios también de lujo, las mismas casas que él había conseguido a bajo precio de los senadores ejecutados por Sila. Entonces se dio cuenta de que en las casas y el terreno estaba realmente el negocio, ni comercio, ni prostitutas, ni plata, nada como comprar terrenos a precio de risa y vender casas a precios prohibitivos (Que levante la mano al que le suene esto). Como además el hombre no era tonto (sin escrúpulos sí, tonto, no) observó que su ciudad era un caos urbanístico, casas de madera, mal construidas, apiñadas unas encima de otras, y entonces se le encendió una idea: Comprar casas, tirarlas, y volverlas a levantar con su ejército de esclavos, para volver a venderlas a un precio elevado. Pero para ello necesitaba propietarios dispuestos a vender, pues las viviendas conseguidas por las proscripciones como era lógico se acababan. Algunos vendieron de buen grado, otros fueron convencidos de todas las formas imaginables, pero aún así había unos cuantos recalcitrantes que se negaban a que la ciudad fuera por entero del codicioso Craso. Fue entonces cuando a Marco Licinio Craso se le ocurrió la gran idea: hacerse con el cuerpo de bomberos de Roma.

Muerte de Craso. s. XVI. L. Blondel M. Groeninge de Brujas 
Los bomberos antes de la reforma realizada por Augusto eran un grupo de esclavos que situados en lugares estratégicos de la ciudad tenían como misión vigilar la aparición de humo en cualquier barrio, y luego dar la alarma para acudir a la zona de incendio armados con cubos de agua con que sofocarlo. Craso consiguió gracias a sus influencias que le cedieran el servicio contra incendios, y entonces los bomberos de la ciudad pasaron a estar a sus ordenes, y eran sus esclavos los encargados de apagar los fuegos. ¿Qué conseguía el ambicioso Craso con esto? Pues toda una jugada maestra. Se declaraba un incendio, sus representantes acudían a la zona y con ellos los bomberos a sus ordenes, entonces ofrecían un precio de compra al propietario del inmueble en llamas y a los de los edificios colindantes y en peligro de incendiarse, por supuesto era un precio a la baja. Si el propietario viendo arder su casa accedía, allí mismo se cerra el trato, y los bomberos procedían a apagar el fuego. Por el contrario el dueño del edificio en llamas se negaba a vender, entonces el encargado de negociar la compra comenzaba a bajar la oferta, y los bomberos se cruzaban de brazos sin hacer el más mínimo intento de controlar el incendio, como era de esperar los dueños de las casas lindantes se ponían nerviosos, vendían al precio que fuera o presionaban al dueño de la vivienda en llamas, y el atribulado propietario o vendía o quedaba dueño de un solar arrasado, lleno de carbones humeantes, y expuesto a las iras de sus vecinos que veían como el fuego se propagaba a sus edificios por la testarudez del otro. En un caso u otro Craso siempre ganaba, y unos o el otro acababan por vender a precios de risa, y si además cuando revendía los solares alguien quería edificar, adivinad quién les ofrecía una preparadísima cuadrilla de esclavos expertos en construcción. 

Pesaje de la cabeza de Craso. grabado s. XVIII M. Marcola
Marco Licinio Craso se convirtió en el hombre más rico de toda la historia de la República de Roma, además y como correspondía a alguien de su clase comenzó una carrera política que le llevó a lo más alto. Uno de los hombres a quién prestó dinero era un tal Julio César, que desde entonces quedó ligado al rico Craso, y que con él y Pompeyo decidieron repartirse el poder en una extraña alianza política conocida como el triunvirato. Con más dinero que nadie, siendo uno de los tres hombres más poderosos de su tiempo, ¿qué podía frenar a Craso? Sus ansias de gloria.

En el año 55 a.C. quizás queriendo emular las glorias y victorias de sus dos compañeros en el poder, César y Pompeyo, armó y dirigió un ejército contra los partos. Cruzó el río Eufrates para poner fin a las correrías de los enemigos y se enfrentó a ellos en la batalla de Carras el mes de junio del año 53 a.C. La derrota fue aplastante. Primero cayó su hijo Plubio, y luego él mismo fue capturado y llevado a presencia del general enemigo, que según algunas historias le dio un final digno de tan avaricioso personaje, le introdujo oro fundido por la garganta. Finalmente la cabeza y la mano derecha del triunviro acabó decorando la mesa del rey parto. 

2 comentarios:

  1. Que artículo tan bueno!!! He encontrado tu página por casualidad. No conocía a este personaje; pero cualquier parecido con la actualidad es pura coincidencia… Jajaja

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    1. Gracias. Pues sí, nuestros políticos actuales son un modelo de comportamiento y de honradez, y de ninguna manera se les ocurrirían semejantes cosas.

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