CABEZA DE LEÓN VERSUS PELUCÓN

LA GUERRA DEL HIERRO


Título Original: La guerra del ferro


Año: 1983


Duración: 90 min.


País: Italia, Francia


Director: Umberto Lenzi


Reparto: Sam Pasco, Elvire Audray, George Eastman, Pamela Field, Jacques Herlin.


Un grupo de hombres prehistóricos sale en busca de caza para alimentar a la tribu. Los temblores de tierra y las erupciones han alejado a los animales más pequeños que han ido abandonando la zona, y sólo quedan los búfalos, pero los hombres con sus armas de piedra no se atreven a atacarlos. Afortunadamente la partida de exploración ha encontrado una piara de jabalís. Mientras en la cueva el jefe cree llegado el momento de ceder su liderazgo, y dos son los candidatos: Ela y Vood.

La película relatará el enfrentamiento entre dos hombres pertenecientes a un clan primitivo que reaccionan de diferente forma cuando se produce el descubrimiento fortuito del hierro. Mientras uno se apropia del mineral para fabricar armas y dominar al resto de las tribus, el otro intenta parar las matanzas de su oponente y terminar con la guerra que ha traído el metal. El film es una cinta de serie B del genero aventuras prehistóricas, y con dicha calificación tampoco es que podamos esperarnos gran cosa.

Sin embargo el planteamiento inicial, incluso el cartel promocional se ve atractivo. Con los antecedentes en 1981 de la magnífica "En busca del fuego" y la entretenida cinta de aventuras "Conan el bárbaro" (1982), por no hablar de los clásicos de aventuras donde fornidos cavernícolas y hermosas mujeres de esplendidos atributos se enfrentaban a bestias prehistóricas, "La guerra del fuego" tenía todas las bazas para atraer al incauto público. El salto de la Edad de piedra a la de los metales, poco o nada tratado en el cine, podía ser un aliciente para los aficionados al cine ambientado en épocas pretéritas. Pero la película del irregular Umberto Lenzi, muy aficionado a plagiar y mezclar conceptos para realizar films de carácter alimenticio, ofrece un batiburrillo de ideas mezcladas sin ton ni son que la convierten en un producto bochornoso hasta para los animales que participaron en su producción.

El guión, y sin entrar en demasiados detalles para quienes vayan a verla, va degenerando a medida que transcurre la película y el espectador va pasando de una actitud condescendiente con la escasez de recursos a una de franca hostilidad hacia la sarta de memeces que desfilan ante nuestros ojos. Que una sociedad de cazadores paleolíticos pase de golpe y porrazo a la Edad del hierro no es lo más grave. Los errores y disparates suelen ser lo habitual en las películas de la Prehistoria así que a menos que estemos viendo un documental el sufrido espectador los tolera bastante bien, pero es que la historia no se sustenta, y arranca con unos paisajes áridos semi desérticos y se nos habla de la hambruna que padecen  para luego mostrarnos paisajes boscosos, lagos, poblados neolíticos frente a la caverna de los protagonistas, praderas llenas de tranquilos búfalos que el director se empeña en mostrarnos cada poco tiempo para compensar el que rodaran algunas escenas en un parque nacional de Dakota del Sur, etc. Una vez que los malvados se han hecho con el hierro, ambos morenos y con mala leche, en lugar de cazar y paliar el hambre, se dedican a masacrar a los vecinos; mientras la pareja de buenos, que son rubios y bondadosos, pululean de un lado para otro, eso si insistiendo en que veamos los búfalos, sin acabar de decidirse muy bien si acabar con el "malo" o irse a la peluquería.

En el apartado técnico sus perpetradores deben de haberse cambiado el nombre para que no los reconozcan. Los efectos casi inexistentes se limitan a unos elefantes de juguete de esos que se les da cuerda y mueven la cabecita, y que el "experto" coloca un poco alejados de la cámara para que de la sensación de que se encuentran en la lejanía. La peluquería y maquillaje es de óscar, pues el protagonista luce un pelucón que para sí lo quisiera Nicolas Cage o el mismo Chistopher Lambert de "Druidas", y no se nota nada donde se le une con la frente (si es que se ve hasta la raya). El apartado publicitario es el que funciona mejor: si os fijáis en el cartel un impresionante guerrero rubio que porta una indumentaria leonina blande un hacha mientras pterodactilos vuelan sobre él y una hermosa rubia contempla como masacra a un smilodón. ¿Lo véis? ¿Sí? Pues no es el rubio quien lleva la piel leonina si no el malo de la pelí; en toda la película no esgrimen una hacha ni para cortar árboles, los pterodáctilos, smilodones, o animales similares no aparecen ni de refilón (¿he dicho que aparecen búfalos?), pero serán cosas del presupuesto que sólo daba para jabalís, además es de lo poco que se agradece del film que no recurra a monstruos antediluvianos. La rubia estar está, pero mejor que se hubiera quedado en casa. En vestuario tampoco es que se lo trabajen mucho, aunque claro estamos en la prehistoria y tampoco van a vestir de Giorgio Armani, cuatro taparrabos, un par de pieles, y si a la mala de turno (morena ella) se le sale un pezón, pues nada, mejor, en la siguiente escena se le recoloca y arreando.  

La música es directamente sacada de algún spaguetti western, y le pega a la película como un piojo a un calvo. Suponemos que no había dinero para contratar a un compositor, o no le pagaron al que tenían, y éste echó mano a alguna cancioncilla sacada de las películas de Terence Hill y Bud Spencer.
  
Sobre las actuaciones hay que destacar la magnífica labor realizada por el protagonista Sam Pasco (más bien Sam Fiasco) que pone todo su empeño en lucir musculatura, y cuando se despista y saca barriga alguien le avisa y vuelve a lucir tableta, y en mantener el pelucón en el sitio, así su extensa carrera cinematográfica avaló su buen hacer en pantalla (fue su primera, última, y única película, ¡gracias a Dios!). El resto del elenco está porque hacer una película con solo el musculitos de turno no era plan, pero tampoco es que se hagan notar mucho, excepto la rubia maciza, representante de las bondades de los rubios y de aspecto ario, y los dos malos, la malvada morena y el cabeza de león también moreno, ambos de aspecto mediterráneo, y por tanto fieles representantes de la maldad en estado puro (¡Pero leches si la película es italo-francesa!).

Guión pésimo, realización patética, interpretación nula, ambientación penosa, dan como resultado una de esas simpáticas películas de serie Z, que se pueden ver en compañía de amigotes con la mesa repleta de alimentos poco nutritivos y bebidas espirituosas, o lo que es lo mismo gusanitos, palomitas, bolsas de patatas fritas (llamadas papas en algunos lugares), pelotazos, y por supuesto cervezas o refrescos azucarados. Os garantizo que la película da para múltiples comentarios jocosos. Os dejo el trailer para que vayáis abriendo boca.
  

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